Los castillos han despertado, desde hace siglos, la imaginación y la nostalgia de los más románticos. ¿Qué historias y aventuras habrán conocido sus vetustos muros de piedra? Es por ello que estas construcciones medievales han inspirado todo tipo de leyendas, mitos y obras de ficción. Teniendo en cuenta la gran cantidad de ellos que hay en España, no resulta de extrañar.
Algunos de los castillos y fortalezas de nuestro país, pese a su antigüedad, continúan resultando impresionantes. El castillo de Anguix, en Guadalajara, lo demuestra con creces.
Vigilante del río Tajo

Como suele ocurrir, la ubicación del castillo de Anguix no es fruto de la casualidad, ni mucho menos. La fortaleza se levanta majestuosa sobre una peña, desde la cual puede vigilar los alrededores y tener una visión perfecta del río Tajo. Actualmente el castillo se halla sobre el embalse de Bolarque.
La zona, por su parte, pertenece al municipal de Sayatón, situado en la provincia de Guadalajara.
Un entorno de lujo

Está claro que el castillo de Anguix tiene atractivos más que suficientes para despertar el interés de cualquier apasionado de la historia medieval. Pese a todos los años que carga a sus espaldas, la construcción sigue narrando parte de la historia de España: se trata de una característica obra de origen militar con elementos propios del siglo XIV.
Pero incluso así, uno de los mayores encantos de visitar el castillo de Anguix es, sin duda, echar un vistazo a sus alrededores, que parecen sacados de una mismísima leyenda medieval. Un enclave capaz de hacer viajar en el tiempo a quien se moleste en acercarse hasta allí.
La belleza del “Torrejón”

Torrejón es el nombre que habitualmente ha recibido el castillo de Anguix a lo largo de su historia. El motivo para este apodo es obvio: la fortaleza cuenta con unos llamativos torreones de forma circular. No obstante, su lugar más llamativo sigue siendo la torre del homenaje situado en su lado sur.
Hay que tener en cuenta, eso sí, que el estado actual del castillo dista mucho de ser el que tenía originalmente, debido a su avanzado estado de deterioro, propio de los años y la falta de reformas.
Las ruinas del pasado

De hecho, ese es uno de los motivos por el que el castillo de Anguix no suele aparecer entre los lugares más emblemáticos de Guadalajara, a pesar de los fantásticos paisajes que hay a su alrededor. El castillo está en ruinas, a diferencia de otros emplazamientos con los que la historia y el tiempo han sido más benévolos.
Su altura original era de en torno a los diez metros de alto, aunque dada su ubicación en lo alto de una peña, esta podía parecer mayor a ojos de los que visitaran el lugar.
En manos privadas

En los últimos tiempos, el castillo de Anguix ha pertenecido a manos privadas, por lo que las visitas al mismo y a la propia finca en la que se sitúa han estado restringidas, ya que han dependido de los dueños. Es diferente a cuando se trata de monumentos o edificaciones propiedad de los ayuntamientos o los gobiernos regionales.
Por ese motivo, en los alrededores del castillo de Anguix no se ha fomentado especialmente el turismo, propiamente dicho.
Una historia intensa

Para remontarse a los orígenes del castillo de Anguix, en cualquier caso, es necesario regresar al siglo XII. Aunque existen datos de que ya existía una fortaleza previa a él con anterioridad, fue entonces cuando se constata la construcción del fortín. Fue Martín Ordóñez quien mandó hacerlo tras recibir de manos del rey Alfonso VIII de Castilla estas tierras a orillas del tajo.
De esta manera, el monarca pretendía encargar a Ordóñez la defensa del lugar, de alto valor estratégico, de posibles invasiones. Corría el año 1170, según relatan los libros de historia de España.
Siglos convulsos

Tras la muerte de Martín Ordóñez el castillo pasó a ser propiedad de su viuda, como solía ser tradición. Pero esta, sin saber muy bien qué hacer con él, decidió en última instancia cederlo a la Orden de Calatrava.
Se trata de una orden de carácter militar y religioso fundada en Castilla allá por el año 1158. Desde entonces, sus miembros, que nacieron con el objetivo de defender la villa de Calatrava, tal y como indica su nombre, han dedicado su vida a la defensa de la tradición católica y la corona.
Cambio de época

Pero la historia del castillo de Anguix siguió adelante, y no tardó en cambiar de manos de nuevo. Ya entrado el siglo XIV pasó de ser propiedad de Alfonso XI de Castilla a formar parte de la villa de Huete. Años después, no obstante, la fortaleza volvería a la corona de Castilla al convertirse en propiedad del rey Enrique IV.
Pero tampoco este la poseyó mucho tiempo, puesto que poco tiempo después este se la vendió al aristócrata Íñigo López de Mendoza y Quiñones. Fue más o menos en aquella época cuando se llevó a cabo la principal reconstrucción del castillo, después de que este sufriera numerosos daños a consecuencia de la Guerra de Sucesión Castellana.
Últimos años

Resulta complicado, incluso para los expertos, seguir la historia del castillo de Anguix durante el último par de siglos, puesto que este ha pasado de unos propietarios a otros con frecuencia.
Estas operaciones incluyeron a vecinos del os alrededores, que nunca han demostrado un interés real por rehabilitar de alguna manera el castillo.
En la lista roja

Ya hemos comentado en este artículo que el castillo de Anguix está en unas condiciones ruinosas. Tanto es así, que la asociación Hispania Nostra, cuyo objetivo pasa por defender y fomentar el Patrimonio Cultural y Natural español, ha incluido a la fortaleza en su lista roja.
¿Y qué quiere decir esta exactamente? Pues sencillo, que el monumento corre serio peligro de terminar por destruirse del todo o, directamente, desaparecer. Desde luego, sería una pena, por hermoso que continuara siendo el paisaje de los alrededores, no sería lo mismo sin la mirada silencio de la fortaleza, desde lo alto.













































































































































































































