Si el calor del verano te pide café pero el café caliente te sobra, tengo la solución para ti: el cold brew. Esta técnica de preparar café en frío, sin calor, está conquistando a los cafeteros de medio mundo y lo mejor es que no necesitas ir a una cafetería de especialidad para disfrutarlo. Con esta receta fácil en casa, conseguirás un café concentrado, suave, nada amargo y perfecto para tomar con hielo, leche o incluso con tónica.
El cold brew no es un café con hielo al uso. Se trata de una infusión lenta de café molido en agua fría o a temperatura ambiente durante horas (normalmente entre 12 y 24). Sin prisas y sin máquinas. Al no intervenir el calor, la extracción es mucho más suave: se reduce el amargor y la acidez, y los matices del café se redondean. El resultado es un concentrado dulzón y aterciopelado que va genial en los días de calor. Se recomienda usar un café de tueste natural para notar todos los aromas.

Ingredientes
- 50 g de café molido grueso (recomendable café de tueste natural y recién molido)
- 500 ml de agua fría (mejor si es filtrada)
Cómo preparar cold brew, paso a paso
- Muele el café en grano hasta obtener una molienda gruesa (textura similar a la sal marina). Si no tienes molinillo, pide en tu cafetería de confianza que te lo muelan para prensa francesa.
- En una jarra grande o una prensa francesa, mezcla el café molido con el agua fría. Remueve suavemente para que todo el café se hidrate bien.
- Cubre el recipiente y déjalo reposar en la nevera entre 12 y 24 horas. Cuanto más tiempo, más intenso, aunque la extracción óptima suele estar alrededor de las 18 horas.
- Pasado el tiempo de infusión, filtra la mezcla. Si usas prensa, presiona el émbolo lentamente hasta que el café molido quede abajo y pásalo a una botella limpia. Si usas un tarro, puedes filtrar con un colador de tela o un filtro de papel (con paciencia).
- Pasa el concentrado a una botella con tapa y guárdalo en la nevera. Desecha los posos: si los dejas, el café seguirá infusionando y se volverá demasiado fuerte, "radiactivo", como advierte la creadora de contenido Lucía Martínez.
- ¡Listo! Ahora solo tienes que servir el cold brew sobre hielo, solo o combinado con tu leche favorita, un chorrito de vainilla o incluso con tónica para un toque cítrico.
Para beberlo, solo tienes que servir el concentrado sobre hielo. Si prefieres algo más cremoso, añade un chorrito de leche o bebida de avena; el resultado es un café con leche frío estilo cafetería pero sin complicaciones. Y si te animas con el cold brew tonic, mézclalo con tónica y una rodaja de limón: te sorprenderá el punto burbujeante y cítrico.
Trucos para que el cold brew te quede perfecto
La proporción de café y agua no es inamovible. La regla fácil es 1 parte de café por 10 de agua (50 g de café por 500 ml). Si lo notas muy fuerte, puedes rebajarlo después con más agua o leche; si te gusta más intenso, sube un poco la cantidad de café. En la redacción, tras varias pruebas, la combinación de 45 g de café y 700 ml de agua (una proporción algo más ligera) nos ha gustado para el día a día.
Usa café de especialidad o al menos un tueste natural; la molienda gruesa es clave. Si es muy fina, el resultado será demasiado amargo y difícil de filtrar. Y no tengas prisa: la infusión larga en frío es lo que marca la diferencia; un cold brew express no existe.
El concentrado se conserva perfecto en la nevera hasta una semana. Rinde mucho: con 500 ml de agua te salen varias raciones. Puedes ajustar la fuerza al servir: una parte de concentrado por una de agua o leche suele gustar a casi todo el mundo.
🍽️ La ficha de la receta
- 🍴 Plato: Cold brew casero
- 👥 Raciones: 4-6 raciones
- ⏱️ Tiempo: 12-24 horas de reposo + 5 minutos de preparación
- 📊 Dificultad: Fácil



