El Museo Lázaro Galdiano rescata a la fotógrafa Isabel Matoses en una exposición imprescindible

El Museo Lázaro Galdiano (Madrid) recupera la figura de una pionera de la fotografía artística en España. La muestra reúne cerca de setenta obras que evidencian su apuesta por la imagen única y la manipulación del proceso fotográfico.

Hay exposiciones que iluminan trayectorias olvidadas y obligan a repensar la historia del arte. La que ahora acoge el Museo Lázaro Galdiano de Madrid, dedicada a Isabel Matoses (1933-1985), es de esas que no deberías perderte. Rescata a una fotógrafa que, en plena Transición, apostó por una forma de entender la imagen muy alejada de lo documental y más cercana a la obra única de un artesano.

Matoses no es un nombre que suene a diario. Estudió Leyes y Periodismo, pero fue en Roma donde descubrió la fotografía casi por casualidad, al inscribirse en una escuela tras ver un anuncio en un periódico. Desde entonces, su mirada se desligó de la realidad inmediata para explorar las posibilidades plásticas de cada carrete. Su muerte temprana, antes de cumplir los 55 años, y el hecho de que la fotografía artística aún no estuviera plenamente reconocida en su tiempo contribuyeron a que cayera en el olvido.

Una fotógrafa olvidada que regresa al presente

La muestra, que puede visitarse ya en el palacete del barrio de Salamanca, reúne cerca de setenta obras distribuidas en tres espacios. En la sala conocida como 'Arte invitado' se exponen sus trabajos más tempranos y formatos pequeños, con paseos por Roma y grafitis de la Universidad Autónoma que capturan las demandas de cambio social de los años setenta. La Galería del piso superior acoge los grandes formatos, donde brilla su experimentación con la polarización, el grano duro y soportes tan inusuales como el aluminio. Por último, el Pórtico alberga una selección de retratos: famosos como Adolfo Suárez, Camilo José Cela o la socialité Pitita Ridruejo conviven con imágenes familiares, todos bajo su sello personal.

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Isabel Matoses expuso por primera vez en Roma en 1971 y, un año después, en la galería Casa y Jardín de Madrid, con gran repercusión mediática. A finales de la década, saltó a la galería Sen y fundó un estudio-taller en la plaza del Alamillo, un espacio donde apenas existían lugares para aprender fotografía. Allí entró en contacto con Cristina García Rodero y tuvo como alumno a un joven Chema Madoz; aquella comunidad creativa se conoció como el Grupo Alamillo. Su labor también se extendió a la decoración, colaborando con Isabel García-Tapia.

El arte de manipular la luz: solarizaciones, soportes insólitos y la foto como artesanía

Lo que hace singular la obra de Matoses es su empeño en convertir cada imagen en una pieza irrepetible. Trabajaba en riguroso blanco y negro —frente a la moda del color, símbolo de modernidad— y aplicaba solarizaciones, sobreimpresiones, virados barridos, desenfoques y tramas. Llegó a imprimir sobre tela y aluminio, alejándose de los soportes fotográficos convencionales. Ella misma definió estas intervenciones como elaboraciones fotográficas, un término que subraya la dimensión artesanal de su proceso.

La exposición permite observar cómo un mismo motivo podía transformarse por completo según la técnica elegida. Por ejemplo, la estatua del Ángel Caído del madrileño parque del Retiro aparece en varias versiones que el visitante descubre nada más subir la escalera del museo. También trabajó a partir de obras de la colección del Lázaro, como El aquelarre de Goya, interpretándola con su particular mirada.

fotografía española

Frente a la imagen seriada, la obra única; frente a la máquina, la mirada del artesano que piensa cada paso del revelado. Matoses eligió un camino radical y, hoy, resuena con más fuerza que nunca.

Por qué merece la pena visitar esta exposición (y pensar la imagen de otro modo)

En un momento en el que el móvil nos convierte a todos en fotógrafos compulsivos, la propuesta de Matoses resulta casi contracultural. Ella no disparaba carretes con alegría; cada imagen era el resultado de un proceso lento, de decisiones sobre revelado y positivado que hacían de cada copia algo único. La fotografía, para esta madrileña, no era documento sino creación plástica pura. «A mi entender, desde el punto de vista de la expresión artística, el color pierde todo el atractivo», declaraba en 1971, provocando en una época que reivindicaba la modernidad cromática.

El rescate de esta exposición es también un acto de justicia histórica. Pocas mujeres se dedicaban a la fotografía en la España de los setenta y, cuando lo hacían, solían orientarse al documentalismo, como Joana Biarnés o Colita. Matoses se salió del carril: apostó por la subjetividad, la manipulación y la obra única, anticipándose a debates sobre la autoría y la materialidad de la imagen que hoy dominan el arte contemporáneo. Su conexión con el Grupo Alamillo y con figuras como Madoz o García Rodero demuestra, además, que fue un nodo clave de la creatividad madrileña.

Visitar esta muestra en el Lázaro Galdiano no solo permite descubrir a una artista brillante, sino también reflexionar sobre el valor de la fotografía como oficio. En tiempos de filtros digitales y estéticas efímeras, las elaboraciones fotográficas de Matoses nos devuelven la densidad del cuarto oscuro, el arte de esperar y la belleza de una imagen que no se repite. Un viaje imprescindible para quienes creen que la fotografía puede ser, ante todo, pensamiento y poesía.

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Cómo y cuándo visitarla

La exposición se encuentra en el Museo Lázaro Galdiano, en el número 122 de la calle Serrano, Madrid. Se recomienda consultar los horarios y las condiciones de acceso en la web oficial del Museo Lázaro Galdiano, ya que la institución suele ofrecer entrada gratuita los jueves por la tarde. La muestra acaba de abrir sus puertas y no tiene fecha de cierre confirmada, pero todo indica que permanecerá durante varios meses. Perfecta para una mañana de verano con tiempo para detenerse en cada imagen.

Ficha técnica

  • Título: Isabel Matoses: Elaboraciones fotográficas
  • Autor o autora: Isabel Matoses
  • Qué puedes ver: Cerca de 70 fotografías en blanco y negro, con técnicas como solarizaciones, sobreimpresiones y virados, sobre soportes como tela y aluminio, distribuidas en tres salas del museo.
  • Recinto y ciudad: Museo Lázaro Galdiano, Madrid