Voy a soltarte un dato que me ha dejado con la boca abierta: bajo cada paso que das hay un entramado de hongos que, si lo estirásemos en línea recta, mediría mil millones de veces la distancia entre la Tierra y el Sol. No es una exageración poética, es lo que acaba de revelar el primer mapa mundial de estas redes subterráneas.
Un ‘sistema circulatorio’ oculto que mantiene vivo el planeta
Los protagonistas son los hongos micorrízicos arbusculares, unos microorganismos que viven en las raíces de más del 70% de las plantas terrestres. Suena a cosa de documental, pero funcionan exactamente como el sistema circulatorio del planeta: las plantas les mandan azúcares y grasas ricas en carbono que capturan del aire, y a cambio ellos les devuelven fósforo, nitrógeno y agua que por sí solas no alcanzarían. Lo explica Justin Stewart, investigador de la Universidad Vrije de Ámsterdam y primer autor del estudio publicado en Science, con una claridad aplastante.
Ese intercambio no es poca cosa: cada año, las plantas fijan alrededor de mil millones de toneladas de carbono y las envían al subsuelo a través de estos compañeros fúngicos. Para que te hagas una idea, esa cifra supone más o menos el 11% de nuestras emisiones anuales de CO₂. Sin esta red, el carbono se quedaría en la atmósfera y la fertilidad del suelo se desplomaría.
El primer mapa que enseña dónde vive esta colosal maraña
Hasta ahora, nadie había cartografiado la extensión real de estas redes. El equipo de la Sociedad para la Protección de Redes Subterráneas (SPUN) recopiló más de 16.000 muestras de suelo de todo el mundo y entrenó modelos de aprendizaje automático con imágenes robóticas de más de 300.000 hifas (las estructuras filamentosas de los hongos). El resultado es una visualización interactiva disponible en abierto que, por primera vez, muestra la densidad micorrízica en cada rincón del planeta.
¿Dónde se concentran? Sorpresa: no en los bosques frondosos, sino en los pastizales. Alrededor del 40% de la biomasa de estos hongos está en las praderas inundadas de Sudán del Sur, los Everglades de Florida o la meseta tibetana. El propio Stewart lo resume así: podría haber hasta 10 metros de red micorrízica en una sola cucharadita de tierra.
La mala noticia es que esos pastizales, precisamente los más ricos en vida subterránea, se están transformando en tierras de cultivo cuatro veces más rápido que los bosques. Y cuando la agricultura a gran escala los sustituye, la densidad de la red se reduce hasta un 50%. Menos red significa menos capacidad para almacenar carbono, reciclar nutrientes y aguantar sequías.
En una sola cucharadita de tierra pueden esconderse hasta 10 metros de red micorrízica. Dicho así, la escala se entiende mejor.
Por qué esto te toca de lleno (y no es una charla para biólogos)
Los mapas han confirmado algo que el mismo grupo ya había advertido en un estudio anterior en Nature: hasta el 90% de los puntos calientes de biodiversidad fúngica están desprotegidos. Esto significa que los sistemas de conservación actuales ignoran lo que pasa bajo tierra, y si seguimos así perderemos una pieza clave del ciclo del carbono y de la fertilidad de los suelos que nutren los cultivos. Los datos ya están a disposición de gobiernos y responsables de conservación para que empiecen a mirar hacia abajo.
Así que la próxima vez que pises el césped, piensa que estás caminando sobre una autopista viva de 110 mil billones de kilómetros. No hace falta ser científico para entender que protegerla es tan urgente como proteger un bosque.
🧠 Para soltarlo en la cena
La red fúngica subterránea mide 110 mil billones de kilómetros.




