Cortes de luz en Granada en plena ola de calor: dos décadas de protestas y un problema sin resolver

Los apagones en el Distrito Norte se repiten cada verano desde hace casi veinte años. Muchas familias pagan sus facturas pero se quedan sin electricidad durante horas, con temperaturas interiores de 33 grados. Las personas electrodependientes ven directamente amenazada su vida.

Los cortes de luz en Granada no son una sorpresa de este verano. El Distrito Norte lleva casi veinte años sufriendo apagones cada vez que el calor aprieta o el frío arrecia. Lo que pasó el pasado 21 de julio, con una protesta en el corazón turístico del Albaicín, es la enésima vuelta de un bucle que las administraciones y Endesa no consiguen —o no quieren— romper. Las familias afectadas pagan sus recibos, pero se quedan sin ventilador, sin nevera que conserve la comida y, en los casos más graves, sin respirador.

Los datos de esta última ola de calor son elocuentes: cortes de hasta 48 horas en Casería de Montijo y apagones de entre siete y doce horas en calles como Rey Badis o La Paz. Dentro de las viviendas el termómetro marca 33 grados, muy lejos de los 22-24 que la propia compañía eléctrica recomienda para un ambiente saludable. La plataforma vecinal, que lleva dieciocho años organizada, denuncia que esto no es un fallo esporádico sino una vulneración sistemática del derecho a un servicio esencial.

Cuando la luz no es un lujo: la factura al día y el respirador apagado

Una de las claves que más frustración genera entre los vecinos es que muchas familias están al corriente de pago. “No venimos a pedir caridad; venimos a exigir justicia”, resumió Celia del Castillo, portavoz de la plataforma, durante la lectura del manifiesto en castellano e inglés. Tener el contrato en regla y, aun así, pasarse la noche a oscuras es el síntoma más claro de que el problema no está en la morosidad, sino en una red de distribución que no da abasto y en la falta de inversión.

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Pero lo que convierte los apagones en una emergencia de verdad son las personas electrodependientes (aquellas que necesitan aparatos eléctricos para sobrevivir, como un concentrador de oxígeno). El pasado verano, según relató la plataforma, una vecina con dependencia respiratoria se quedó sin luz durante toda la noche. Cuando sus familiares avisaron a Endesa, la respuesta fue “que si hay electrodependientes, que vayamos a Urgencias”. Derivar a un hospital a alguien porque su casa se ha vuelto inhabitable es, para los afectados, una muestra de abandono institucional que no debería repetirse.

Pobreza energética: el verano que no se sobrevive con un ventilador

El término pobreza energética (la incapacidad de un hogar para mantener una temperatura adecuada o pagar los suministros básicos de energía) suele aparecer en invierno, pero los veranos cada vez más largos y calurosos la han vuelto un problema estival de primera magnitud. En Granada, la falta de luz impide refrigerar las viviendas, conservar medicamentos, teletrabajar o estudiar. Las noches tropicales, con mínimas por encima de 25 grados, se vuelven insoportables sin un ventilador.

La situación no es exclusiva de Granada. En Almería, el barrio de Pescadería-La Chanca acumula once años de apagones, y en Sevilla los vecinos de Barrios Hartos relatan cortes de hasta 20 horas en zonas como el Polígono San Pablo. Sin embargo, como denuncian los colectivos, la respuesta institucional cambia según el código postal: “cuando los cortes llegaron al centro de Almería, la alcaldesa dio un golpe en la mesa y desaparecieron”, recuerda una portavoz de la plataforma sevillana.

Mantener el frigorífico encendido, la medicación en frío y el respirador funcionando no es un lujo. Es un derecho que se cobra todos los meses en la factura.

pobreza energética

Celia del Castillo fue clara en el manifiesto: “Detrás de cada corte de luz hay un riesgo real para la vida”. Y no exagera. Una persona que depende de un respirador no puede esperar a que la avería se repare al día siguiente. La pregunta que sobrevuela todas las protestas es por qué, tras dos décadas, Endesa no ha renovado los transformadores ni el cableado que convertirían el suministro en algo fiable.

¿Qué ha pasado otros veranos y por qué esta vez puede ser distinto?

El patrón se repite: cada verano, cortes masivos; cada otoño, promesas de renovación de equipos; y al año siguiente, el mismo calvario. En 2022, las movilizaciones lograron que se instalaran nuevos transformadores en algunas zonas de Sevilla, y esos barrios hoy resisten mejor las olas de calor. En Granada, sin embargo, la inversión sigue sin llegar a donde más falta hace.

Las administraciones tampoco están libres de responsabilidad. El Ayuntamiento, la Junta de Andalucía y el Gobierno central conocen el problema, pero las soluciones llegan con cuentagotas. La plataforma recuerda que en 2024 el consistorio sevillano aprobó un plan de emergencia con refugios climáticos y grupos electrógenos que aún no se ha materializado. En Granada, la sensación es la misma: se habla mucho y se actúa poco.

Para la portavoz de la plataforma, la única vía que ha funcionado es la presión vecinal. “Hasta que no haya luz en cada hogar, no vamos a parar”, advirtió. Y la experiencia de otros barrios demuestra que cuando la calle se organiza, la compañía mueve ficha.

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En resumen (para tu bolsillo y tu salud mental)

  • 💸 ¿Qué ha cambiado? Los cortes de luz en el Distrito Norte de Granada se han repetido durante la ola de calor con apagones de hasta 48 horas, afectando a miles de familias que pagan sus facturas.
  • 👥 ¿A quién afecta exactamente? A los vecinos del Distrito Norte, en especial a las personas electrodependientes y a los hogares que no pueden mantener una temperatura segura sin electricidad.
  • ¿Qué puedes hacer al respecto? La plataforma invita a unirse a las protestas y a presionar a las administraciones locales y a Endesa para que realicen las inversiones que garanticen un suministro estable.