Cuesta imaginar a George Michael grabando un disco con Aretha Franklin y luego abandonarlo en un cajón. Pero ocurrió. Más de tres décadas después, aquellas sesiones salen por fin de las sombras gracias a 90 minutos de metraje inédito filmado por su amigo y asesor Andros Georgiou.
En 1992, atrapado en una agria disputa con Sony, Michael decidió canalizar su frustración en un proyecto tan ambicioso como generoso: dar a otras voces las canciones que él mismo había compuesto. Lo llamó Trojan Souls y quería que fueran sus héroes quienes las interpretaran. Aretha Franklin, Janet Jackson, Sade Adu, Bryan Ferry… el cartel era de esos que solo se ven en sueños de melómano.
El plan avanzó rápido. Las imágenes que acaban de ver la luz muestran a un George Michael entregado, feliz, jugando a ser productor y dejando el estrellato en pausa. Nada de sex symbol ni de pleitos legales: lo importante era el estudio, la música, la amistad. Pero la historia de Trojan Souls no la escribe el arte, sino la pérdida.
En marzo de 1993 murió Anselmo Feleppa, su pareja, por complicaciones del sida. Michael perdió el interés por la música, cerró el cuaderno y el disco más prometedor que nunca se editó quedó sepultado entre cintas. Las sesiones se convirtieron en leyenda, alimentada por filtraciones y clips sueltos que llevaban años circulando por YouTube y TikTok.
Ahora es Georgiou quien da el golpe en la mesa. Harto de ver cómo terceros monetizaban aquellos fragmentos, ha decidido liberar él mismo el material bruto. «Pensé que estos fans estaban ganando dinero con mis derechos, así que dejé de luchar», declaró a The Guardian. El resultado no es ni un documental ni una película: es una ventana sin filtro al apartamento mental de un artista en su momento más lúcido.
Las cintas de Trojan Souls capturan a un George Michael en su apogeo creativo, meses antes de que la pérdida lo apagara.
Lo fascinante de esta historia no es solo lo que se ve, sino lo que nunca escucharemos con calidad oficial. Algunas tomas han ido escapándose a lo largo de los años, pero la obra completa sigue siendo un misterio. ¿Hubiera sido un disco de referencia para el pop de los 90? Probablemente. A juzgar por los retazos, la química entre Michael y sus colaboradoras tenía la elegancia de quien sabe que no necesita exhibirse a gritos.
Georgiou, con su hipérbole característica, lo define como «el disco más grande nunca hecho». Y puede que no le falte razón en espíritu, porque Trojan Souls encierra una idea preciosa que la industria musical actual ha olvidado: ceder el frente, quitarte del medio y dejar que sea la canción la que brille. El gesto de Michael era el de un compositor consagrado que, en lugar de repetir la fórmula, prefería regalar joyas a sus ídolos.
Lo que llega ahora no es el álbum, sino su eco visual. Y aun así, tiene algo de regalo inesperado. En el canal oficial de YouTube y en la web oficial del artista se puede rastrear el universo de un músico que, como estos metrajes, siempre guardó más capas de las que mostraba en público.
El disco maldito que nació de la rebeldía y murió de pena
Para entender Trojan Souls hay que imaginar un George Michael harto. El pleito con Sony, la sensación de estar atrapado en una imagen que no le representaba… todo eso se tradujo en una huida hacia delante. En vez de otro single pegajoso para la radio, propuso un disco coral que olía a club de jazz y a cómplice trasnochado. Las crónicas de la época hablan de un ambiente distendido, casi familiar, que contrasta con la tormenta legal que vivía fuera.
Las voces que pasaron por el estudio no eran comparsas: Aretha Franklin, con su autoridad natural; Janet Jackson, en plena metamorfosis hacia el icono que sería; Sade Adu, que podía hipnotizar con un susurro. Michael actuaba de anfitrión, pero también de alumno. Y eso se nota en las imágenes: hay sonrisas auténticas, no postureo de estrella.
90 minutos de metraje que Andros Georgiou ha decidido liberar
Andros Georgiou no es un extraño. Fue amigo íntimo y consejero informal de Michael durante años, y estuvo presente cámara en mano cuando todo aquello sucedía. Su decisión de publicar el vídeo ahora, a meses del décimo aniversario de la muerte del cantante, tiene algo de ajuste de cuentas con los leakers y algo de homenaje controlado.
El material no va a limpiar el nombre de nadie ni va a desvelar secretos morbosos. Es, sencillamente, un documento de trabajo lleno de magia accidental: momentos de silencio, una indicación al técnico, el arranque imperfecto de una toma que luego sería historia. Y, de fondo, la sombra de un disco que desapareció justo cuando estaba a punto de existir.
El mito de Trojan Souls y lo que pudo ser
La leyenda de Trojan Souls ha crecido con los años hasta convertirse en un what if generacional. En una época en la que la industria persigue colaboraciones por algoritmo, la espontaneidad de aquel proyecto resulta casi exótica. Michael no buscaba un número uno fácil; buscaba crear algo que le hiciera sentir vivo tras una batalla judicial que le estaba vaciando.
Las filtraciones nos han dejado pistas, pero el artefacto completo sigue siendo un fantasma. Y quizá sea mejor así: hay discos cuya mitología supera a cualquier posible realidad. Trojan Souls pertenece a ese club selecto de obras que no necesitan existir para ser importantes. Lo que tenemos ahora es la constatación de que, durante unos meses, un George Michael en estado de gracia se empeñó en hacer felices a sus ídolos. Y eso ya es bastante.
El resumen para vagos (TL;DR)
- 🎯 ¿Qué ha pasado? Tras años de filtraciones, Andros Georgiou libera 90 minutos de metraje inédito de las sesiones de Trojan Souls, el disco perdido de George Michael con Aretha Franklin, Janet Jackson y Sade Adu.
- 🔥 ¿Por qué importa? Captura a un artista en su pico creativo, meses antes de abandonarlo todo por la muerte de su pareja, y rescata un proyecto que pudo cambiar el pop de los 90.
- 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? Salvo que tengas acciones en una discográfica, afecta al corazón. Es un regalo con nostalgia, sin trampa.



