Eurovisión sopla este año 70 velas con una edición en la que no hay nada que celebrar. Hoy comienzan las semifinales de un festival que arranca esta semana en Viena con menos países que nunca en dos décadas, un debate político permanente sobre la presencia de Israel y una grieta inédita en la Unión Europea de Radiodifusión (UER).
España no solo ha renunciado a competir; RTVE tampoco emitirá ninguna gala y ha optado por llenar de música propia el hueco que tradicionalmente ocupaba la final en la parrilla de La 1. Mientras tanto, la organización prepara ya una ofensiva discreta para atraer de vuelta a una audiencia que, solo en el caso español, ronda los 20 millones de espectadores sumando televisión lineal y consumo digital, y que se considera clave para la salud del formato.
En Viena, la UER insiste en que Israel cumple el reglamento y defiende la "diferencia entre los pueblos y las acciones de sus gobiernos". En Madrid, la corporación pública mantiene que Israel ha utilizado políticamente el concurso y que el televoto ha sido distorsionado por campañas organizadas desde un Estado soberano para condicionar el resultado.
Su participación en 2026 se ha traducido en la retirada conjunta de España, Países Bajos, Irlanda, Islandia y Eslovenia. Cinco bajas que convierten a Eurovisión 2026 en la edición más política y más atípica de su historia reciente.
La manipulación del televoto en Eurovisión
En cualquier caso, el conflicto fue incubado en las ediciones de 2024 y 2025 y se terminó precipitando tras la casi victoria israelí en Basilea. El año pasado, Israel rozó el triunfo gracias a un televoto masivo que compensó una clasificación muy discreta ante los jurados profesionales. Pocos días después, la propia alianza de verificación de la UER destapó pruebas de campañas de publicidad digital impulsadas desde una agencia gubernamental israelí para animar a votar hasta veinte veces por su candidatura, dirigiéndose directamente a las audiencias de varios países europeos.

RTVE, que ya había pedido una auditoría del sistema tras comprobar que España había otorgado su máxima puntuación a Israel en pleno clímax de la guerra de Gaza, vio confirmadas sus sospechas de que el televoto era vulnerable a operaciones organizadas desde los gobiernos y el festival no estaba reaccionando con la contundencia necesaria.
Ya entonces, la televisión pública española había asumido un tono inequívoco durante las retransmisiones. Los comentaristas Tony Aguilar y Julia Varela recordaron en directo las decenas de miles de muertos en Gaza al presentar la actuación israelí, lo que motivó una advertencia formal de la UER por vulnerar la neutralidad política del certamen. Antes de la final, RTVE emitió además un mensaje en pantalla en el que afirmaba: "Frente a los derechos humanos, el silencio no es una opción. Paz y justicia para Palestina".
La cadena pública elevó entonces el pulso con varias cartas a la UER solicitando una auditoría independiente del televoto, transparencia en el recuento y cambios estructurales que blindaran el festival frente a interferencias externas organizadas por los países. Junto a otras emisoras —con especial protagonismo de la VRT belga, que llegó a cortar la emisión de la actuación israelí—, RTVE reclamó revisar el sistema y debatir abiertamente la continuidad de KAN, la televisión pública israelí, en el concurso.
La UER pospuso la discusión de fondo a "su debido tiempo", anunció una asamblea extraordinaria para votar la participación de Israel y finalmente canceló esa votación, trasladando la decisión a una cita ordinaria de diciembre. Entre medias, gobiernos como los de Alemania y Austria presionaron para que la amenaza de expulsión se desactivara, mientras Israel desplegaba una intensa campaña diplomática para asegurar su continuidad.
Cuando en la asamblea general se aprobaron reformas del reglamento que, de facto, evitaban votar sobre la expulsión o no del país, el Consejo de Administración de RTVE ejecutó la decisión que ya había anunciado: España no estaría en Viena 2026 si Israel seguía en la lista de participantes.
La cifra más baja de participantes desde 2003
El resultado es un Festival de Eurovisión 2026 con 35 participantes, dos menos que el año pasado y la cifra más baja desde 2003, al que regresan Bulgaria, Moldavia y Rumanía para maquillar parcialmente las ausencias. Varios países históricos han preferido quedarse fuera en el año del 70 aniversario antes que legitimar la participación israelí.
España, además, rompe una tradición que en términos televisivos era casi un automatismo. Como recuerda la normativa de la propia UER, las cadenas públicas miembros que participan en el festival están obligadas a emitirlo en sus canales principales. RTVE ha sido uno de los socios más activos de la red Eurovisión desde su fundación y sus retransmisiones del certamen se cuentan cada año entre las emisiones más vistas, al nivel del fútbol de máximo nivel o de las Campanadas de Nochevieja. Renunciar a esa ventana supone un perjuicio tanto para la organización como para la propia radiotelevisión pública.
En Viena, la UER intenta contener el daño estructural. Los espectadores de España y del resto de países boicoteadores pasan a integrarse en el bloque de votación "resto del mundo", creado en 2023 para dar voz a países no participantes. Esto implica que el voto español cuenta ahora como una fracción de un único bloque agregado y pesa mucho menos en el cómputo final que cuando RTVE ejercía como delegación plena con su propio televoto nacional.

La medida llega acompañada de otros ajustes, como el límite de diez votos por persona —frente a los veinte de años anteriores—, la vuelta del jurado profesional a las semifinales y mensajes explícitos desaconsejando campañas de voto financiadas por gobiernos o instituciones públicas. Son cambios que la dirección del festival presenta como respuesta a las críticas de los últimos años, pero que llegan tarde para evitar la fuga de cinco delegaciones clave.
RTVE contraprograma mientras la UER busca su regreso
Lo más curioso de todo es que, si los organizadores tratan de recuperar el relato integrador del festival, en España RTVE ha decidido construir el suyo propio. La corporación no solo ha mantenido el Benidorm Fest como concurso musical de referencia, ahora desligado formalmente de Eurovisión y dándole un fuerte empujón promocional, sino que en la noche de la final contará con sus propias actuaciones musicales.
En lugar de conectar con la gala de Viena, La 1 emitirá un especial de 'La casa de la música' con más de veinte artistas de primera línea, muchos de ellos vinculados al universo eurovisivo, que ocuparán prácticamente la misma franja horaria que Eurovisión.
RTVE celebra también el 70 aniversario de Televisión Española, alineando el especial con el Día Internacional de la Convivencia en Paz y subrayando que su misión como servicio público es "ofrecer la oportunidad de vivir la cultura y la música en su diversidad como un bien informativo. La corporación presidida por José Pablo López continúa con el pulso a la organización, prescindiendo del festival en su parrilla sin renunciar a grandes eventos musicales de prime time capaces de congregar una buena audiencia.
Y eso que, en cuota de pantalla, Eurovisión es históricamente uno de los seguros de audiencia más sólidos de RTVE. Sus finales suelen situarse año tras año entre las emisiones más vistas, solo por detrás de grandes partidos de la selección española o de finales de competiciones europeas de clubes, y comparten el podio de la temporada con las Campanadas.

La ausencia de España y de los Países Bajos, que aportan audiencias millonarias estables, deja a Eurovisión 2026 con un agujero estimado de casi 30 millones de espectadores potenciales en su noche grande, según cálculos internos manejados en el sector. La organización es consciente de ello y Martin Green, director del certamen, ha admitido en varias entrevistas que "echan de menos" a RTVE y al resto de delegaciones ausentes, y ha prometido "hacer todo lo que esté en sus manos" para facilitar su regreso el próximo año.
De hecho, sabemos que en privado la UER ya se ha empezado a mover para convencer a la corporación española de que vuelva en 2027, reconociendo que no han sido lo suficientemente estrictos con el televoto. Pero, por el momento, no se resuelve el núcleo del conflicto, instalado en la percepción de que Israel ha utilizado el festival como herramienta política sin haber afrontado sanciones acordes con la gravedad de los hechos.
Con todo, numerosos artistas han pedido el boicot a Eurovisión, y en las afueras del Wiener Stadthalle se han programado conciertos alternativos de protesta y manifestaciones de apoyo a Palestina coincidiendo con las galas.




