4 recetas con remolacha que no son ensalada: borscht fácil, hummus, asada y bizcocho

Sopa, hummus cremoso, guarnición y hasta postre con un solo vegetal. Asarla en lugar de hervirla cambia completamente el resultado. Fácil, rápido y con datos concretos.

Reconócelo, la remolacha siempre acaba igual: en la típica ensaladilla con zanahoria y maíz. Y aunque está rica, hay vida más allá de esa combinación. Después de semanas probando, te cuento las cuatro recetas que me han convencido —y no te van a dejar indiferente— para sacarle partido sin aburrirte.

El truco definitivo para que la remolacha sepa a gloria (no es hervirla)

La clave está en el horno. Asar la remolacha concentra su dulzor natural, le da una textura más firme y elimina esa sensación acuosa que a veces tiene cocida. Envuélvela en papel de aluminio con un chorrito de aceite, sal y pimienta, y deja que el horno haga su magia. En unos 45 minutos (depende del tamaño) tienes una base versátil para todo lo que viene.

Del borscht al hummus: dos formas de empezar a comer remolacha sin ensalada

Si buscas un plato caliente que impresione, el borscht ucraniano es la sopa que juega a favor de la remolacha. Combina remolacha asada, col, patata, zanahoria y cebolla en un caldo con un toque ácido de vinagre o limón. Queda un plato profundo, nada dulce, y mejora al día siguiente. Sirve con un poco de nata agria o yogur natural y eneldo fresco.

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Para el picoteo, nada más fácil que un hummus de remolacha. Procesa garbanzos cocidos, remolacha asada, tahini, zumo de limón, ajo y sal hasta obtener una crema vibrante. El color es una pasada y el sabor, ligeramente dulce, encaja de maravilla con crudités, pan de pita o dentro de un sándwich. Si algún día te sobra, aguanta bien en la nevera un par de días. La receta completa la tienes en portales como Mejor con Salud, pero te aseguro que con estas bases te sale a la primera.

La guarnición asada y el bizcocho que no saben a verdura

La propia remolacha asada puede convertirse en un acompañamiento ideal. Una vez tierna, córtala en gajos, mézclala con boniato asado o con queso de cabra y nueces, y tienes un plato de esos que apetece repetir. Queda tan bien que hasta los que no son fans de la remolacha repiten. Además, si asas varias de una vez, te organizas las comidas de la semana con muy poco esfuerzo.

Y llegamos al postre. El bizcocho de remolacha y cacao es el hermano húmedo del brownie. Trituras remolacha cocida o asada y la mezclas con cacao en polvo, harina, huevos y aceite suave. El resultado es un pastel denso, de color oscuro, en el que la remolacha solo aporta humedad y un punto vegetal que ni se nota. Perfecto para dejar con la boca abierta a quien piense que la verdura solo va en platos salados.

Por qué este tubérculo ha pasado de ignorado a trending topic

En España la remolacha siempre ha sido un clásico de las conservas y las ensaladas, pero desde hace un par de años se ha colado en cartas de restaurantes y en vídeos virales de recetas. Tiene sentido: es barata, dura semanas en la nevera y, con la técnica adecuada, se convierte en un comodín tanto dulce como salado. Si quieres contexto histórico, la entrada de Wikipedia sobre el borscht muestra cómo este plato lleva siglos siendo un básico en Europa del Este. Algo bueno tendrá.

Mi recomendación es que empieces por el hummus o por el bizcocho: son las recetas que más sorprenden y las que menos trabajo dan. Si terminas enganchado, luego te atreves con el borscht y con las guarniciones asadas. Que no te dé pereza, de verdad.

💡 El truco del almendruco

Tiempo total: entre 10 y 60 minutos según la receta. Nivel de dificultad: fácil. Un consejo extra: asa siempre más remolachas de las que necesitas para tener la base lista para toda la semana.