La manipulación de Israel en Eurovisión 2026: el New York Times revela presión y voto masivo

The New York Times expone la operación de propaganda israelí para manipular el televoto y evitar la expulsión. Cinco países se ausentan este año y la UER ha tenido que enviar una advertencia a última hora. El festival llega roto a la semifinal de esta noche.

El festival de la canción más visto del planeta ya no va de música. Va de geopolítica, de voto inflado y de una operación de soft power perfectamente engrasada. Lo que muchos sospechaban desde hace años lo ha confirmado este lunes The New York Times en una investigación que deja a la UER con el culo al aire: Israel ha convertido Eurovisión en una máquina de propaganda con la connivencia —o la impotencia— de sus organizadores.

El diario ha entrevistado a más de 50 personas y ha revisado documentos internos de la Unión Europea de Radiodifusión. La conclusión es tan simple como demoledora: desde el inicio de la guerra de Gaza, el Gobierno de Netanyahu ha usado el festival para lavar su imagen internacional. Campañas segmentadas de publicidad, presiones diplomáticas a embajadas y televisiones públicas, y una maquinaria de movilización del voto que apelaba a la diáspora y a grupos afines. Todo vale con tal de que el televoto europeo engrose los marcadores israelíes mientras en Gaza se cuentan muertos por decenas de miles.

Vota 20 veces: así se infló el televoto en 2025

El precedente ya fue un escándalo. Yuval Raphael, la representante israelí del año pasado y superviviente del ataque de Hamás al festival Nova, obtuvo 297 de sus 357 puntos gracias al voto popular. En España, Suecia, Bélgica o Reino Unido la colocaron en lo más alto pese al fuerte rechazo social a la ofensiva militar israelí. La campaña hasbara —el aparato de propaganda estatal— se activó a pleno rendimiento con mensajes que pedían sin pudor: "¡Vota 20 veces!". Organizaciones como StandWithUs difundieron las consignas, y el propio Netanyahu publicaba tuits animando a votar mientras anunciaba nuevas operaciones sobre Gaza.

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Detrás de la estrategia aparece el nombre de David Saranga, jefe de diplomacia digital del Ministerio de Asuntos Exteriores israelí, quien ya había reconocido en medios locales la implicación directa de las embajadas en la movilización del voto. El Times añade ahora un dato escalofriante: en algunos países, bastaban "unos cientos de personas votando repetidamente para alterar el resultado". La UER, por su parte, evitó abrir una investigación formal pese a las reclamaciones internas de, al menos, cinco televisiones públicas.

La UER, entre la amenaza del boicot y el miedo a enfadar a Israel

Las actas citadas por el periódico estadounidense muestran una organización acobardada. En lugar de someter a votación la continuidad de Israel, la directiva planteó una reforma técnica del televoto —reducir el número máximo de votos por espectador y limitar las campañas "desproporcionadas"— que, de facto, mantenía a Israel dentro del concurso sin obligar a nadie a pronunciarse. "Puede parecer bastante extraño", admitió la presidenta Delphine Ernotte Cunci, defendiendo que era "la solución más democrática posible".

La medida no ha evitado el cisma. Este año, España, Irlanda, Países Bajos, Eslovenia e Islandia se han plantado y no participan. El boicot ya es un hecho histórico que amenaza la marca Eurovisión y deja al certamen con una cicatriz difícil de disimular.

El vídeo de Bettan que ha encendido la última mecha

Como si no hubiera pasado nada, Israel repite el manual. En los días previos a la semifinal, el representante Noam Bettan difundió vídeos en varios idiomas —incluido el español— animando a concentrar los diez votos permitidos por dispositivo únicamente en su candidatura. La UER ha tenido que exigir la retirada inmediata de las piezas por vulnerar las nuevas reglas, pero la advertencia llega tarde y sin consecuencias reales. Esta noche, Bettan defenderá "Michelle" en el Wiener Stadthalle de Viena y, salvo sorpresa mayúscula, pasará a la final del sábado.

La fractura del festival va más allá de la polémica puntual. Eurovisión ya no puede fingir que la política no existe. Lo que Israel ha hecho estos dos años sienta un precedente peligroso: si se premia la manipulación organizada, cualquier país con agenda puede replicar la fórmula. La UER ha demostrado que prefiere esquivar el conflicto antes que defender la integridad del concurso. El aplauso del sábado, gane quien gane, no será unánime. Será un estruendo diplomático en diferido.

El chisme en 3 claves (TL;DR)

  • 👀 ¿Quiénes son los protagonistas? Israel y la UER, con el Gobierno de Netanyahu usando Eurovisión como arma de propaganda y un festival que mira hacia otro lado.
  • 🔥 ¿Cuál es el drama? Campañas de voto masivo, presiones diplomáticas y una investigación del New York Times que lo documenta todo con pelos y señales.
  • 📲 ¿Por qué todo internet habla de esto? Cinco países han boicoteado el festival, la UER ha tenido que avisar a la tele israelí por sus vídeos tramposos y esta noche Israel actúa en la semifinal como si nada.