Falta menos de un mes para que las luces del escenario principal de Viena se enciendan, pero el ambiente está lejos de ser festivo. La 70ª edición del certamen musical europeo, Eurovisión, atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia institucional.
Un nutrido grupo compuesto por más de 1.100 profesionales del arte, la música y la cultura ha decidido dar un paso al frente para frenar lo que consideran un lavado de imagen inaceptable. Figuras ampliamente reconocidas como Brian Eno, Massive Attack, Macklemore, Sigur Rós, Nadine Shah, Mogwai, Hot Chip, la combativa banda Kneecap y la representante española Blanca Paloma encabezan un frente común que busca boicotear el evento.
La exigencia del sector es tajante. Piden la exclusión inmediata de la cadena pública KAN y de la delegación israelí de la competencia. A través de la plataforma No music for genocide y con el respaldo de la Palestinian Campaign for the Academic & Cultural Boycott of Israel, este frente artístico ha publicado una extensa carta abierta dirigida a la cúpula de la Unión Europea de Radiodifusión (UER). El principal motivo que impulsa esta movilización masiva es evitar tajantemente “que Eurovisión se utilice para encubrir y normalizar el genocidio”.
El documento oficial expone una realidad cruda que choca frontalmente con el tono festivo del programa televisivo. “Este mayo, se espera que millones de personas sintonicen el 70º Festival de Eurovisión. Por tercer año consecutivo, verán a Israel en el escenario a pesar del genocidio que sigue cometiendo en Gaza, mientras que Rusia permanece vetada por su invasión ilegal de Ucrania.”, detalla el escrito.
El sector cultural se planta contra Eurovisión y la doble moral

Los profesionales firmantes apuntan directamente a la gestión de los directivos europeos, reclamando una coherencia indispensable ante situaciones geopolíticas de extrema gravedad. En el manifiesto destacan su responsabilidad ciudadana: “Como músicos y trabajadores culturales, muchos de nosotros residentes en el área de influencia de la Unión Europea de Radiodifusión (UER), rechazamos que Eurovisión se utilice para encubrir y normalizar el genocidio, el bloqueo y la brutal ocupación militar israelí contra los palestinos.”
Los artistas insisten en que existe un trato de favor innegable. “Las hipócritas respuestas de la UER a los crímenes de Rusia e Israel han disipado cualquier ilusión sobre la supuesta 'neutralidad' de Eurovisión. En 2022, la UER declaró que la presencia de Rusia 'desprestigiaría la competición'. Sin embargo, tras más de 30 meses de genocidio en Gaza —junto con la limpieza étnica y el robo de tierras en la asediada Cisjordania— no se consideran suficientes para aplicar la misma política a Israel.”
Para forzar un cambio de rumbo definitivo antes del 16 de mayo de 2026, fecha fijada para la gran final, el colectivo hace un llamado a la movilización de todo el entorno que rodea al certamen. “Nos solidarizamos con los llamamientos palestinos a las emisoras públicas, artistas, organizadores de eventos, equipos técnicos y aficionados para que boicoteen Eurovisión hasta que la UER vete a la emisora israelí cómplice KAN.”
El desplante de las televisiones europeas y la presión política

El impacto de esta campaña ha traspasado el papel y ya tiene consecuencias tangibles en la parrilla de participantes de esta temporada. Varias naciones con fuerte tradición en el concurso han preferido salvaguardar sus principios éticos y retirarse de la competencia, un evento que tan solo el año pasado aglutinó a 166 millones de espectadores.
La coalición de artistas valora esta valentía por parte de los entes públicos. “Aplaudimos la retirada, basada en principios, de las emisoras española, irlandesa, islandesa, eslovena y neerlandesa, y de los numerosos finalistas de las selecciones nacionales que se comprometieron a no participar en Eurovisión. Al igual que los artistas se opusieron a la opresión en Sudáfrica, nos mantenemos unidos ahora.”
A través de comunicados paralelos vinculados a la campaña, los organizadores quisieron hacer extensivo este reconocimiento “a los numerosos finalistas de las preselecciones nacionales que se han comprometido a rechazar acudir a Eurovisión”.
Los músicos también denuncian que la permanencia de la delegación cuestionada no es casual, sino el resultado de maniobras políticas ejecutadas desde las altas esferas gubernamentales. “El presidente del Israel del apartheid, Isaac Herzog —mencionado en la denuncia de Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia por incitación al genocidio— ha desempeñado un papel fundamental en la presión ejercida sobre las cadenas de televisión para que no prohíban la participación de Israel en el concurso, el evento musical en directo más visto del mundo.”
Un portavoz oficial de No Music For Genocide reforzó esta idea advirtiendo sobre el uso propagandístico que se hace de la gala musical. “Personas con conciencia de todo el mundo están combatiendo la complicidad en todos los sectores para lograr una Palestina libre y un mundo más libre. Mientras muchos de nosotros en la industria nos tomamos a la ligera Eurovisión o dudamos de nuestro propio poder como agentes culturales, los dirigentes del Israel genocida hablan abiertamente del valor geopolítico del certamen”.
El drama humano silenciado tras el espectáculo televisivo

El texto publicado por los artistas no pierde de vista la dramática situación humanitaria que motivó la protesta. Cabe recordar que en septiembre de 2025, una investigación respaldada por Naciones Unidas concluyó que las acciones militares en curso constituían un genocidio, acusación que el gobierno implicado ha rechazado en todo momento.
Frente a este complejo panorama, los trabajadores del arte lanzan una interpelación a la conciencia de los telespectadores. “¿Cómo puede un artista o un fan de Eurovisión participar con la conciencia tranquila en la próxima edición del concurso en Austria, en medio de los planes estadounidenses e israelíes para establecer campos de concentración con vigilancia extrema en la 'Nueva Gaza'? Hay momentos en que el silencio pasivo no es una opción.”
La banda irlandesa Kneecap aportó su propia perspectiva para evidenciar el doble rasero de la organización europea, desmintiendo la postura apolítica del ente. “Rusia fue vetada en Eurovisión en 2022. Por tercer año consecutivo, (Israel) vuelve a ser bienvenida sobre el escenario. Eso no es neutralidad, es una decisión”.
El bloque más duro y conmovedor de la misiva relata el impacto devastador del conflicto en la infraestructura cultural y la vida cotidiana. “Nos negamos a guardar silencio cuando la violencia genocida de Israel pone banda sonora y silencia las vidas palestinas. Cuando los niños en las cárceles israelíes sufren palizas por tararear una melodía. Cuando de casi todos los escenarios, estudios, librerías y universidades de Gaza solo quedan montones de escombros, bajo los cuales los cuerpos masacrados aún esperan ser recuperados y recibir un entierro digno.”
En varias extensiones del manifiesto difundidas para la prensa internacional, los promotores inciden en este contraste macabro. Recuerdan que “Por tercer año consecutivo” el estado señalado es “ensalzado sobre el escenario pese a su genocidio continuado en Gaza, mientras Rusia sigue vetada por su invasión ilegal de Ucrania”.
Reafirman su posición indicando: “Nos negamos a guardar silencio cuando la violencia genocida de Israel pone banda sonora y, al mismo tiempo, silencia las vidas palestinas”. Y vuelven a ilustrar la tragedia subrayando: “Cuando los niños en las cárceles israelíes soportan palizas por tararear una melodía. Cuando lo único que queda de casi todos los escenarios, estudios, librerías y universidades de Gaza son montones de escombros bajo los que los cuerpos masacrados siguen esperando ser recuperados y recibir un entierro digno”.
“Como artistas, reconocemos nuestra capacidad de acción colectiva y el poder de la resistencia. Nos negamos a callar. Nos negamos a ser cómplices. Hacemos un llamamiento a otros en nuestra industria para que se unan a nosotros. Y nos solidarizamos con todos los esfuerzos basados en principios para acabar con la complicidad en todas las industrias.”
Para no dejar lugar a dudas sobre su determinación, la organización cerró su ronda de declaraciones con este mensaje inequívoco sobre el papel del arte en la sociedad contemporánea. El camino hacia Eurovisión 2026 está resultando ser el más accidentado de su historia moderna.



