Mentiras publicitarias hay en todos lados y uno cae constantemente en el subconsciente colectivo de las masas. No es nada nuevo que las diferencias entre lo que esperas y lo que obtienes, es abismal. Es más, el nido del engaño del marketing se encuentra en Internet. ¿Qué otro sitio para mentir mejor sino?
Dentro de la caja, en la imagen destacada o demás, siempre se verá como algo que debe resultar muy fantástico. Sin embargo, una vez que puedes verlo u obtenerlo, es una total farsa. Sin mayores preámbulos, vamos a repasarte ejemplos diarios de lo que te puedes encontrar.
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Chocolate a medias

Cuando uno anda por la calle, resulta normal el antojo de querer hacerse con un chocolate. ¿Con arándanos? Resulta muchísimo mejor. La interrogante está en las proporciones o cantidades a la hora de consumirlo. Para algunos eso queda atrás el tema de dichos determinantes, los cuales hacen al producto en sí.
Ahora bien, imagínate que, en realidad, lo estás comprando para alguien en especial. La persona que reciba tal robo con el producto, pensará que se trata, de seguro, alguna broma en particular. El que quedará mal serás tú mismo, víctima de las mentiras publicitarias.
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Una planta de pocos frutos

Imagínate gastar muchísimo dinero para poder hacerte con tu propia planta. Al momento de adquirir el paquete que consideras correcto, no resulta ser así finalmente. Con el paso del tiempo, te encuentras con esto, un simple fruto entre montones que se debían. Una total estafa desmedida.
Podría decirse tranquilamente que puede haber mala praxis propia de uno, pero está a la vista que resulta un acto de imposibilidad. Una clara especificidad acerca de lo que enfrenta la realidad contra la expectativa. El engaño está a la orden del día, sin embargo somos nosotros los que caemos en ello y terminamos comprando por imagen de las mentiras publicitarias.
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El rey de las mentiras publicitarias

¿Qué pensarías si vas a comprar un suplemento de proteínas y cuenta con el faltante vital? Eso le sucedió a esta persona que se fue a comprar un complemento de calcio. Sin embargo, el problema suscitó al instante, porque le faltaba justamente calcio. Eso puede catalogarse como un engaño bastante importante.
De este modo, queda bastante clarificado que sería imposible visualizar el beneficio propio, ya que no cuenta con su ‘ingrediente X’. No se puede hacer nada de foco, el agua corre por todos lados cuando hay que fijarse en ello. Es imprescindible no ver el engaño que se está dando con esta ejemplificación.
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Te deben el relleno

En los postres resulta demasiado normal que el engaño sea total. En todo momento, los rellenos de los postres se vuelve habitué el engaño constante. Dicho sea de paso a la persona que se compró un simple alfajor, con relleno a cuotas. ¿Te imaginas estar masticando y mordiendo hasta hacerte con la sorpresa que nunca llega?
Resulta habitual que uno camine por la calle o esté paseando, cuando de repente, se te antoja un alfajor. Aunque, este para nada cuenta con su ingrediente especial y que lo hace único. Si bien el envoltorio enmarca que lo tiene, es un hecho que, a prueba plena y fáctica, le hace bastante falta.
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Sin relleno

La fotografía te hace apetecerlo, visualizas ese relleno y lo comienzas a saboreas, por ende decides adquirirlo. Luego, esperas a la noche para disfrutar ese bello relleno que ya te imaginas. A su vez, te sabes con hambre, pero entiendes que tan solo tienes que recalentarlo. Sin embargo, todo se va al suelo, por que para nada tiene relleno, ni siquiera uno equivocado, porque no hay absolutamente nada.
Esta persona se fue a comprar unas rellenas, sin embargo se quedó con las ganas de saber cuál era ese delicioso relleno que se mostraba en imagen. No hay oportunidad alguna de sacarse las ganas, porque no lo hay. La sorpresa de haber pegado el mordisco y tan solo degustar el aire con el que estaban repletas.
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La farsa de la comida

Si de víctimas hay que referirse, esa es la comida rápida por la que uno paga para ahorrarse algo de tiempo con la preparación y póstuma preparación. Uno espera que, ya de no ser totalmente igual, se parezca en un cierto sentido. La cosa se vuelve muchísimo peor si, además de presentarse diferente, pareciera algo que no se puede ni digerir.
Ni siquiera el tamaño de la pizzeta pudo equipararse, a lo que el gusto hasta se le haya sumado a la lista de quejas. Pensándolo bien, uno podría hasta dudar de la fecha de vencimiento a causa del aspecto general. De no creer, aunque así lo es el mundo de las mentiras publicitarias.
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La magia de los helados

Uno siempre elige los helados por la imagen de marketing, pero la magia suscita que no hay para nada algo similar. La sorpresa de llegar a comprarlo y, luego, decantar en que no es para nada lo esperabas, pareciera su fin. Aunque, es ya sabido que las formas no son para nada similares.
Discrepante fue dicha situación de esta persona, para quién el disgusto terminó siendo doble. Como consecuencia de que ni en gusto terminó visualizándose como tal, en forma, colores y cantidad. Un combo que le habrá dejado hasta las ganas de probarlo, le hizo hasta perder todo el apetito.
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Con los niños no hay que meterse

Cuando se le miente a un niño, eso sí que es sumamente doloroso, ya que son los más esperanzados. Son los primeros que juzgan o se sorprenden que las cosas no sean tal cual se muestra en el envase. Sin filtros, pueden pasar de ser los más agradecidos y felices, a ser los más tristes por no obtener lo que piden.
Vaya sea la expresión tal de la niña en la fotografía, con desilusión extrema a causa de que ni ella misma puede entrar en la pileta. Con esfuerzo, quizás los pies pueden hacerse un poco de espacio. La discrepancia entre la imagen y la realidad es absurda, no puede creerse para nada.
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¿Quizás serán invisibles?

Una cosa es el envase que te mienta y darte por aludido al momento de tener que abrirlo y que no resulte así. Por otro costado, es doloroso que la falta de respeto se note a la vista misma. De un lado, la publicidad que enmarca un contexto muy diferente a lo mostrado en el paquete mismo. A la vista de las personas, una de las tantas mentiras publicitarias.
Esta persona fue a comprar unos panes con pasas y ni bien toma el que se encuentra a la vista, denota algo raro entre el plotter de la promoción y lo que tiene en sus manos. ¿La realidad es sumamente engañosa o se tratan de pasas no perceptibles a la vista?
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De seguro está mal inflado

Entre tanta injusticia quizás haya algo de gracia, a consecuencia de lo mal fabricado que está o de falta grave en ingeniería. No existen muchos modos de poder llegar a inflar un simple globo. Por ende, es increíble la falta de ética.
Compras los globos para el cumpleaños de tu hijo, preparas las cosas y, al momento de querer hacer el decorado… te sucede lo mismo que al de la fotografía. Pareciera un broma tal, aunque resulta ser la pura y cruda realidad. Te han engañado una vez más los agentes de publicidad.