La fabada asturiana es uno de los platos más emblemáticos de Asturias; y aunque se prepara en todo el territorio español y cada quien tiene una forma particular de prepararla, lo cierto es que, hacerla perfecta y sumamente divina tiene su truco; y así como hay trucos para hacerla divina, también hay errores que se repiten en muchos lugares y que definitivamente llegan a arruinarla.
Conoce cuáles son estos errores y evita cometerlos para que puedas disfrutar de todo su sabor y calidad en cada bocado.
La fabada, un plato que representa la identidad de una región

No hay hogar asturiano en el que no se consuma la fabada con total devoción; este plato, cuya preparación se hace desde tiempos más allá de los años 1900, y cuya receta original ha sobrevivido a pesar del pasar de los años y la modernidad, es todo un símbolo gastronómico.
Los ingredientes que se utilizan en la preparación de la tradicional fabada, son los mejores de Asturias, y reúnen los sabores del huerto y la matanza; simbolizando lo que por generaciones ha sido la base de la alimentación de sus ciudadanos.
Uno de los ingredientes más emblemáticos, es sin lugar a dudas las fabes de la Granja, las cuales son una selección de leguminosas que con los años han llegado a la total perfección; dándole de hecho su denominación de origen como garantía absoluta de su calidad.
Cuáles son los errores más comunes que arruinan la fabada

Son muchos los errores que se pueden cometer a la hora de preparar un plato tradicional y en el caso de la fabada, no hay excepciones. Eso sí, hay algunos que son muy comunes; y que precisamente por eso, es necesario conocer para evitarlos.
Desde la incorrecta elección de los ingredientes, hasta la forma de preparación y consumo, hay detalles que, ante el más mínimo descuido, pueden arruinar el plato irremediablemente.
Iniciemos por lo más auténtico: las fabes

Tal como te he comentado, las fabes son el símbolo de la fabada; y es que, un asturiano se ofendería si le dices alubias a sus exquisitas leguminosas.
Las fabes de la Granja, tienen identificación geográfica asturiana y precisamente esto las hace ser las auténticas para preparar la fabada. Estas se caracterizan por ser grandes, suaves, mantecosas, blancas y perfectas; al punto de, básicamente, derretirse en tu boca.
Por supuesto, si vives en alguna otra región, es posible que no consigas las fabes de la Granja… En ese caso, evita escoger unas alubias pequeñas o rechonchas, y busca las más grandes, limpias y blancas que puedas encontrar.
No elegir bien los ingredientes

No solo de fabes se compone la fabada; y aunque en sí, llevan parte importante de la calidad del resultado, no son las únicas sobre las cuales recae el sabor y éxito del plato.
El tradicional compango no puede faltar en este plato; y por desgracia, muchas veces se cae en la tentación de comprar diferentes embutidos para añadir a la fabada, alejándose por completo de los auténticos.
Evita errores añadiendo solamente las carnes que se pueden agregar: chorizos, morcillas, panceta y lacón de cerdo blanco saladas. Si puedes encontrarlos de producción artesanal, mucho mejor.
Olvidar la importancia de los remojos

Un error muy común es olvidar remojar tanto las fabes como el lacón y la panceta salada. En el caso de las fabes, estás, debes ponerlas en un bol desde la noche anterior y cubrirlas por completo con una cantidad generosa de agua, escurrirlas el día de la preparación y luego proceder a su cocción junto al compango. (puedes también cocinarlas en la misma agua del remojo).
En cuanto al lacón y la panceta salada, estos ingredientes también requieren ser remojados desde la noche anterior en un recipiente diferente al de las fabes; y hacerlo es completamente necesario, ya que de lo contrario, el caldo quedaría excesivamente salado.
Hay quienes prefieren usar estos ingredientes frescos y así se saltan el paso de tener que desalar; no obstante, esto saltaría la preparación de un plato realmente tradicional y le privaría del rico gusto que por generaciones ha sido sello de distinción.
Cortar las carnes

Este es un error muy frecuente y pasa por el apuro y la creencia de que se tendrá lista más rápido la fabada o que se le dará más sabor a la fabes.
Lo cierto es que no se deben picar. Todos los ingredientes del compango van enteros; de esta manera se garantiza un caldo más limpio y se reduce el riesgo de que estos ingredientes se desintegren o deshagan ante las tantas horas de cocción, lo cual dejaría excesivamente sucio el caldo.
No asustar las fabes

La cocción debe comenzar con fuego alto y cuando comienza a hervir, es cuando se debe bajar a fuego medio. Se debe estar atento a la cocción de las fabes, pero sin llegar a atosigar a las mismas.
Lo que sí es un gran error, es no asustar las fabes. Este procedimiento es necesario si se quiere un buen resultado. Sobre las fabes siempre debe haber unos dos dedos de agua que le sobrepasen y cuando este nivel comience a bajar, se debe añadir agua fría para asustar las leguminosas.
Añadir esa pequeña cantidad de agua fría, contribuye a que queden perfectas, evita que se deshagan y que también resulten muy secas.
Remover constantemente la fabada

Hay un error que se comete de manera frecuente cuando se prepara una fabada o cuando se cocinan leguminosas normalmente; y este consiste en remover las mismas constantemente.
La manera correcta de remover las leguminosas, debe ser tomando la olla por las asas y meneando con suavidad, pues, cuando se meten cucharas y se remueven, estas se rompen y deshacen.
Las fabes de la fabada deben lucir enteras, mantecosas, ricas, suaves e intactas; por lo tanto, nunca metas utensilios para removerlas, ya que esto las destrozaría.
No controlar el nivel de sal

Este es un punto de cuidado; y es que, el mayor error que se comete no solo son la fabada, sino al cocinar cualquier plato, es añadir una cantidad de sal excesiva.
Si se te va la mano con la cantidad de sal añadida, no solo arruinas el sabor de la fabada, sino que la harías incomible. No te descuides y recuerda que parte del compango, aun cuando ha sido desalado, tiene un poco de sal añadida.
Comerla de inmediato

La mayoría de los platos se disfrutan al instante de retirarlos del fuego; no así la fabada. Para disfrutarla más rica y con un sabor más concentrado, retírala del fuego una vez que esté lista y déjala reposar tapada por al menos una hora.
Durante este tiempo de reposo, la fabada tendrá un sabor más potente y además, los sabores terminarán más asentados. Retira las carnes y ahora sí procede a picarlas. Si lo deseas, calienta ligeramente las fabes justo antes de servir.
Para hacer una fabada deliciosamente perfecta, evita cometer alguno de los errores mencionados y terminarás disfrutando de todo el sabor de un plato tradicional y delicioso.


























































































