El misterio del "Duende de Zaragoza": la voz invisible que salía de una hornilla y movilizó a científicos y la policía en 1934

En el otoño de 1934, una voz sin cuerpo empezó a hablar desde la hornilla de una cocina en Zaragoza, insultando a los vecinos, conversando con la policía y matando de miedo a una médium. Noventa años después, nadie ha podido explicar qué ocurrió en el número 2 de la calle Gascón de Gotor.

En la madrugada del 27 de septiembre de 1934, unas carcajadas estridentes y sin origen aparente despertaron a los vecinos del número 2 de la calle Gascón de Gotor, en Zaragoza. No había nadie en el pasillo. No había nadie en la escalera. Lo que comenzó como un sobresalto sin explicación se convirtió, en pocas semanas, en el caso paranormal más seguido de la España de entreguerras. Un episodio que llegó a las páginas del Times de Londres y que hoy sigue sin respuesta oficial.

El 15 de noviembre siguiente, la sirvienta Pascuala Alcocer se dispuso a encender el fogón cuando una voz masculina y cavernosa pronunció su nombre desde el interior de la hornilla. Alcocer huyó aterrada. Su señora la siguió. Y cuando los vecinos acudieron a comprobar si era una broma, la voz seguía ahí, respondiendo preguntas, insultando y amenazando. Zaragoza acababa de conocer a su "duende".

El "duende de la hornilla" pone a Zaragoza patas arriba

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En pocas semanas, el número 2 de la calle Gascón de Gotor se convirtió en epicentro del pánico colectivo en Zaragoza. La muchedumbre se agolpaba frente al edificio a diario, alterando el orden público. Los periódicos nacionales cubrían cada nuevo suceso con detalle y los corresponsales extranjeros empezaron a interesarse por lo que ocurría en la capital aragonesa.

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El fenómeno tenía un protagonista involuntario: un niño de cuatro años llamado Arturo Grijalba, que al parecer mantenía conversaciones con la voz a través del fogón, jugando con ella a las adivinanzas. La policía, desesperada por obtener alguna pista, llegó a colocar al pequeño frente a la hornilla esperando provocar una respuesta del "duende", sin medir los riesgos de aquella maniobra.

Zaragoza llama a la policía, los jueces y los científicos

En Zaragoza no faltaron intentos de hallar una explicación racional, y el caso del Poltergeist de la hornilla movilizó a prácticamente todas las instituciones. Entre el 20 y el 23 de noviembre, agentes del Cuerpo de Vigilancia realizaron varios registros en el piso y en los inmuebles colindantes: no encontraron nada. Un arquitecto y varios obreros levantaron el tejado y revisaron cada rincón de la vivienda. Tampoco hallaron mecanismo alguno.

El juez del Juzgado Municipal nº 3, Luis Fernando Oliván, investigó el asunto por su cuenta y redactó un informe final en el que reconocía que las experiencias realizadas demostraban "un fenómeno psíquico que solo se produce en determinadas circunstancias". Bajo ningún punto de vista científico se pudo encontrar a persona responsable de la falta, por lo que las actuaciones fueron archivadas sin culpable.

La voz amenaza, una médium muere y el misterio se cierra en falso

La noche del 28 de noviembre la voz reapareció en un tono notablemente más siniestro: "¡Ya estoy aquí, cobardes! ¡Voy a matar a todos los habitantes de esta maldita casa!". La policía fue avisada de inmediato y el comisario ordenó que dos guardias quedaran de vigilancia permanente en el edificio. El Times de Londres publicó la noticia el 27 de noviembre de 1934, proyectando el caso a la esfera internacional.

El 2 de diciembre, la médium Asunción Jiménez Álvarez falleció mientras intentaba entrar en trance para contactar con el "duende". Su muerte, atribuida al terror del trance, añadió una capa oscura al asunto. El 3 de diciembre la voz se manifestó por última vez ante varios inspectores y guardias de seguridad, lanzó su amenaza de siempre y desapareció para no volver jamás.

Las teorías que intentaron explicar lo inexplicable

A lo largo de los años, diversas hipótesis han intentado dar sentido al caso sin lograrlo del todo.

La teoría de la ventriloquía

La principal sospechosa fue desde el principio la sirvienta Pascuala Alcocer. El segundo expediente forense la señalaba como posible responsable de la voz. Sin embargo, la voz continuó manifestándose cuando Pascuala no estaba en el edificio, e incluso cuando este se encontraba completamente desalojado, lo que dejó esa hipótesis en el aire.

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La teoría de las ondas y la acústica

Algunos investigadores apuntaron a que la estructura metálica de la hornilla podía actuar como caja de resonancia de voces procedentes de otro piso o del exterior, amplificándolas y distorsionándolas. La geometría del edificio y la conductividad del metal podían crear el efecto de una voz surgida de la nada. Nunca se probó de forma concluyente.

Un caso que nunca cerró del todo y que Zaragoza no ha olvidado

  • El edificio original fue derruido posteriormente y en su lugar se levantó uno nuevo conocido popularmente como "Edificio Duende".
  • La conversación entre un agente y la voz quedó transcrita en documentos oficiales: "¿Quién eres?" / "No soy hombre."
  • El Times de Londres fue el primer medio internacional en cubrir el caso, el 27 de noviembre de 1934.
  • La sirvienta Pascuala Alcocer fue desterrada a su ciudad natal por orden judicial, sin que se pudiera probar su culpabilidad.

Zaragoza sigue siendo hoy destino de rutas de misterio que incluyen el lugar donde ocurrieron los hechos. El caso del duende de la hornilla ha sido retomado por documentalistas, pódcasts y programas de televisión en múltiples ocasiones, y cada nueva generación lo redescubre con la misma mezcla de escepticismo y fascinación.

El duende de Zaragoza, noventa años después: qué nos dice hoy

La parapsicología contemporánea clasifica este tipo de sucesos dentro de los fenómenos poltergeist más complejos, caracterizados precisamente por la presencia de voces articuladas, interacción con testigos y ausencia de explicación mecánica verificable. Lo que hace al caso de Zaragoza especialmente valioso para los investigadores es la cantidad de testigos cualificados: policías, jueces, periodistas y científicos que lo documentaron con los recursos de la época.

Lo que permanece, más allá de las teorías, es la imagen de una ciudad entera paralizada por una voz sin cuerpo durante casi tres meses. En una España de 1934 convulsa y al borde de la guerra, el duende de la hornilla funcionó también como espejo de una sociedad que buscaba certezas y solo encontraba preguntas. Ese espejo, noventa años después, sigue sin nublarse.