Tu cesta de la compra subirá por los 280 millones en sobrecostes por la guerra en Irán

El sobrecoste diario para el campo español asciende a 2,8 millones de euros, y los fertilizantes se han disparado hasta un 59%. El sector avisa de que la tensión en los precios puede trasladarse a los supermercados si no se extienden las ayudas.

Si has notado que la compra semanal ya te cuesta un 40% más que antes de la pandemia, prepárate para que apriete otro poco. La guerra en Irán ya ha metido 280 millones de euros en sobrecostes al campo español y ese agujero empieza a asomar en los lineales del súper.

Lo explica con números la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG, la principal organización agraria del país). Su secretario general, Andrés Góngora, cifra en 2,8 millones de euros diarios el sobrecoste que está asumiendo el sector, una factura que en solo 100 días suma esos 280 millones y que amenaza con tensionar los precios cuando las familias ya llegan muy justas a fin de mes.

El panorama recuerda demasiado a lo que pasó en 2022, cuando la invasión de Ucrania disparó la energía, los carburantes y los fertilizantes. Aquel año los alimentos se encarecieron más de un 15% y la cesta de la compra sufrió el mayor episodio inflacionista desde que el INE (Instituto Nacional de Estadística) empezó a medirlo. Ahora el detonante es otro, pero la mecánica es calcada.

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Ahora, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) cifra la subida de los fertilizantes entre un 39% y un 59% durante estos 100 días de conflicto. Producir un kilo de tomates o un litro de leche cuesta muchísimo más que hace tres meses, y los agricultores avisan de que ese incremento acabará en el ticket de compra.

A eso se suma el gasóleo agrícola —el combustible que mueve tractores y cosechadoras—, cuyo precio se ha disparado entre un 40% y un 50%. Con semejante tarifazo energético y de abonos, la cuenta no sale. Y ya veníamos arrastrando una losa: los alimentos se han encarecido casi un 40% desde la pandemia, según los datos del INE.

El sector teme que, si el conflicto en Oriente Medio no amaina este verano, en otoño tendrá problemas de liquidez para sembrar los cultivos de invierno. Traducido: menos producción y, de nuevo, más precios.

El campo español sangra 2,8 millones al día y los fertilizantes han subido casi un 60%: no es una crisis pasajera ni un susto puntual.

Lo que se juega en los supermercados: del gasóleo al abono

Cuando los fertilizantes y el gasóleo suben así, el coste de producir lechugas, tomates o piensos para el ganado se va a las nubes. En 2022 los consumos intermedios del campo aumentaron un 29,9% en un solo año, con subidas del 62% en fertilizantes energía y lubricantes, lo que hundió la renta agraria real un 8,7%. Cada vez que se repite esa espiral, los lineales del súper la devuelven en forma de euros de más.

Y aquí entra la cuenta atrás de las ayudas. Las medidas anticrisis para los carburantes profesionales —el descuento de 20 céntimos por litro de gasóleo agrícola y pesquero— están vigentes hasta el 30 de junio. Después, desaparecen si el Gobierno no las prorroga. Las organizaciones agrarias insisten en que es “prematuro” retirarlas mientras sigan las turbulencias en los mercados energéticos y de materias primas.

Menos mal que la Comisión Europea acaba de aprobar un plan de 500 millones de euros en subvenciones directas para compensar el alza de los fertilizantes, en vigor hasta el 31 de diciembre. Permite ayudas de 22 euros por hectárea de secano y de 55 euros por hectárea de regadío, con un límite de 300 hectáreas por beneficiario. Pero el sector avisa: si el conflicto dura más de la cuenta, ese colchón se puede quedar corto y la tensión de costes volverá a trasladarse al consumidor.

La mochila que cargan los jóvenes con sueldos ajustados

Visto lo visto, el consumidor joven es quien menos margen tiene para absorber otra vuelta de tuerca. En 2022, cuando los precios de los alimentos se dispararon, la tasa de esfuerzo para la cesta básica se comió buena parte de los sueldos de entrada, esos que ya estaban castigados por el alquiler y la precariedad. Ahora, con el IPC todavía caliente —el Gobierno mantiene el pulso con los sectores en una ronda de reuniones para decidir si prolonga o jubila las medidas—, la historia se repite con un guion parecido.

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La presidenta del Banco Central Europeo (BCE, la autoridad monetaria de la zona euro), Christine Lagarde, reconoció en marzo que los daños sobre la producción de energía derivados del conflicto “ya son demasiado importantes” y que su normalización no llegará “en cuestión de meses”. Eso significa que los fertilizantes y los carburantes seguirán caros más tiempo del que quisiéramos. Para un mileurista que ya dedica buena parte de su nómina a llenar la nevera, cualquier décima extra de inflación en alimentos es un mordisco directo a lo poco que le sobra para ocio o ahorro.

En la práctica, la subida que se avecina afecta sobre todo a los productos frescos (verduras, fruta, carne y pescado), justo los que más pesan en las dietas de los jóvenes que intentan comer sano sin arruinarse. Si las ayudas al campo se quedan cortas, ese incremento llegará al ticket del súper justo cuando el otoño apriete y el gasóleo de calefacción también se encarezca. Un combo que ya hemos vivido y que dejó a muchos hogares en modo supervivencia.

En resumen (para tu bolsillo y tu salud mental)

  • 💸 ¿Qué está pasando? La guerra en Irán encarece fertilizantes y gasóleo agrícola, y eso se traduce en una subida de los alimentos frescos que sentirás al pasar por caja.
  • 👥 ¿A quién afecta exactamente? A todos los que hacemos la compra, pero golpea más a los jóvenes con sueldos ajustados, que destinan un porcentaje mayor de sus ingresos a la alimentación.
  • ¿Qué puedes hacer al respecto? Vigila las fechas: el 30 de junio se decide si siguen las ayudas al gasóleo; si se retiran, los precios pueden tensarse aún más. No hay un trámite directo para el consumidor, pero el dato sirve para planificar gastos.