Camina fuera del agua y resiste 4 días en tierra: el pez invasor que ya alarma a 8 estados de EE. UU.

Un pez asiático capaz de sobrevivir varios días fuera del agua se ha instalado en cuencas de Estados Unidos y no deja de expandirse. Te explicamos cómo lo reconoce, por qué asusta a los expertos y si España tiene motivos para vigilarlo.

Un pez con aspecto de serpiente y pulmones propios ha puesto en alerta a los gestores ambientales de Estados Unidos. Se llama pez cabeza de serpiente del norte y su gran ventaja evolutiva —respirar aire atmosférico— le permite hacer algo que ningún pez de agua dulce nativo consigue: desplazarse por tierra firme durante varios días para buscar otra masa de agua.

No es una leyenda de pescadores ni una exageración de titular. Un informe reciente del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) documentó en enero de 2026 una nueva población reproductora en la cuenca del río Saint Francis, en Missouri, sumándose a los focos ya detectados en otros siete estados del país.

Un pez que desafía las reglas del agua dulce

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El secreto de este pez está en un órgano que no tiene la mayoría de sus parientes: una cámara suprabranquial situada justo detrás de las agallas. Gracias a ella puede tomar oxígeno directamente del aire, algo excepcional entre los peces de agua dulce que viven en Norteamérica.

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Esa adaptación nació en su hábitat de origen —arrozales y humedales de Asia con muy poco oxígeno disuelto— y ahora se convierte en una ventaja feroz fuera de su ecosistema natural. Mientras su piel se mantenga húmeda, puede sobrevivir varios días sin sumergirse, lo que multiplica sus posibilidades de colonizar nuevos cursos de agua sin ayuda humana.

De Maryland a ocho estados: así se ha expandido

El pez cabeza de serpiente del norte, cuyo nombre científico es Channa argus, fue detectado por primera vez en Estados Unidos en 2002, en un estanque de Crofton, Maryland. Aquel hallazgo, que parecía un caso aislado, resultó ser el inicio de una expansión silenciosa que hoy afecta a estados como Nueva York, Pensilvania, Nueva Jersey, Arkansas y Missouri.

La hipótesis que manejan los biólogos es que el pez llegó al medio natural a través de liberaciones accidentales o intencionadas vinculadas al comercio de acuarios o de pescado vivo, una práctica habitual antes de que Estados Unidos prohibiera su venta en 2002. Desde entonces, cada nueva detección obliga a las autoridades locales a activar protocolos de vigilancia.

Por qué un solo pez preocupa tanto a los biólogos

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No es solo su capacidad de moverse por tierra lo que lo convierte en una amenaza. Se trata de un depredador voraz con una dieta extraordinariamente amplia: peces pequeños, cangrejos, ranas, larvas de libélula y, en su fase adulta, incluso pequeños reptiles, mamíferos o aves. En un ecosistema que no ha coevolucionado con él, ese apetito indiscriminado desplaza con facilidad a las especies autóctonas.

A esto se suma una reproducción muy eficaz. La especie puede madurar en apenas dos o tres años y las hembras producen puestas de decenas de miles de huevos, que ambos progenitores protegen durante semanas. Esa vigilancia parental, poco común entre peces, dispara la tasa de supervivencia de las crías y acelera la propagación de la especie por cuencas enteras.

Cómo distinguirlo (y qué hacer si te lo encuentras)

A simple vista, el pez cabeza de serpiente se puede confundir con el bowfin, una especie nativa de Norteamérica de aspecto similar. Pero hay detalles que lo delatan: su aleta anal es mucho más larga y, a diferencia del bowfin, no presenta una mancha oscura en la base de la cola. Su cuerpo alargado y cilíndrico, junto a la cabeza aplanada que le da nombre, completan un aspecto que recuerda más a un reptil que a un pez convencional.

Las autoridades estadounidenses son tajantes con quienes lo capturan por accidente: nunca debe devolverse al agua. La recomendación oficial en estados como Missouri o Maryland es sacrificarlo de inmediato y congelarlo, además de fotografiarlo y reportarlo a los organismos de conservación correspondientes.

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  • Aleta anal muy larga, sin mancha oscura en la cola
  • Cabeza plana y alargada, similar a una serpiente
  • Puede superar el metro de longitud y los 7 kilos de peso
  • Nunca se debe liberar vivo si se captura por error

¿Puede llegar a España? Lo que dice la normativa

La pregunta es lógica para cualquier lector español, y la respuesta tiene matices. El género Channa ya figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, regulado por el Real Decreto 630/2013, precisamente porque su introducción representa un riesgo reconocido para la biodiversidad ibérica si llegara a liberarse.

El escenario más probable de entrada no sería una invasión espontánea, sino un escape o liberación desde el comercio de acuariofilia, tal y como ocurrió en Estados Unidos hace dos décadas. Por eso los técnicos insisten en un mensaje sencillo: ningún ejemplar exótico debería soltarse jamás en ríos, embalses o charcas, por inofensivo que parezca a simple vista.

Lo que viene: vigilancia ciudadana como primera línea de defensa

La buena noticia, si puede llamarse así, es que la erradicación total de una especie tan bien adaptada rara vez es el objetivo real de los gestores ambientales. El foco está en la contención: limitar su expansión antes de que colonice cuencas conectadas con sistemas más grandes, como el Alto Mississippi, donde el riesgo de propagación se dispara.

Ahí es donde entra el papel del ciudadano de a pie. Pescadores y vecinos de zonas fluviales se han convertido en los primeros vigías frente a esta especie, gracias a aplicaciones de reporte y campañas de identificación impulsadas por administraciones locales. Un modelo de vigilancia compartida que, con matices, empieza a replicarse en Europa para otras especies invasoras que ya rondan nuestras costas y ríos.