Si has visto los titulares de los últimos meses y te has preocupado por una supuesta epidemia del ‘gas de la risa’ entre adolescentes, respira hondo. El primer estudio en profundidad financiado por el Ministerio de Sanidad, elaborado por la consultora Episteme Social, deja un dato demoledor: solo un 1,7% de los jóvenes de 14 a 18 años ha probado alguna vez el óxido nitroso (el famoso gas de la risa, usado en repostería y como anestésico). La cifra choca frontalmente con la imagen que ha vendido buena parte de la prensa.
La prevalencia (el porcentaje de la población que lo ha consumido) es todavía menor en adultos: un 1,1% alguna vez en la vida y un 0,2% en el último año. Para que te hagas una idea, la cocaína tiene una prevalencia del 13,3% a lo largo de la vida, según los mismos registros del Ministerio. El óxido nitroso no es ni de lejos la nueva droga de masas que algunos intentan pintar.
Lo que sí es cierto es que su visibilidad ha crecido: globos que se inflan y desinflan en parques, festivales o alguna discoteca, y un eco mediático desproporcionado. La realidad es que el consumo se concentra de forma muy concreta en zonas turísticas del Mediterráneo, como Barcelona, Baleares o la costa valenciana, y entre jóvenes que a menudo ni siquiera pisan locales de ocio convencionales. “Vemos que ha habido más impacto en zonas mediterráneas”, explica Nico Piñeiro, autor principal del informe, que apunta a la llegada de turistas desde países donde el fenómeno sí ha sido más intenso.
El dato que tumba la histeria mediática
El estudio sitúa al óxido nitroso como la droga con mayor prevalencia dentro de las nuevas sustancias psicoactivas (drogas de diseño que han aparecido en los últimos años) entre adolescentes, pero con ese 1,7% está a años luz de lo que se ha transmitido. La investigación aclara que históricamente no se registraba de forma diferenciada, lo que ha podido alimentar el ruido, pero el dato objetivo es claramente residual.
Los contextos de uso son casi siempre compartidos, al aire libre y muy ligados al ocio entre iguales, no a un consumo problemático en solitario. Esto contribuye a que la percepción de riesgo sea baja: los efectos inmediatos son breves y leves (mareo, descoordinación), y pocos jóvenes relacionan la sustancia con los daños neurológicos graves que sólo aparecen con consumos intensivos y frecuentes. De hecho, el Instituto Guttmann de Barcelona ha reportado seis ingresos por secuelas neurológicas graves ligadas al gas entre 2020 y 2025.
El alarmismo mediático convierte un consumo puntual en una supuesta epidemia, y eso no ayuda ni a los jóvenes ni a la prevención.
Por qué se ve tanto si casi nadie lo consume
El fenómeno se ha hecho visible en en los últimos años en grandes núcleos turísticos, donde confluyen jóvenes locales y visitantes de países como Francia, Reino Unido o Países Bajos, donde el óxido nitroso sí tuvo un verdadero auge. Los investigadores lo describen como una “fase de implantación incipiente” en España, lejos de las dinámicas consolidadas de esos países.
“No es la primera vez que la prensa magnifica algún tema relacionado con las drogas”, insiste Piñeiro, recordando lo que ya pasó con el fentanilo o la burundanga. El informe recomienda explícitamente evitar el alarmismo: una campaña de pánico solo daría más visibilidad a una sustancia que, a día de hoy, sigue siendo residual.

Lo que sí preocupa: la percepción del riesgo está desajustada
Más que la cantidad de consumidores, lo que inquieta a los expertos es que la mayoría de los jóvenes que la prueban desconocen por completo los riesgos reales de un consumo repetido. Los efectos agudos son leves, pero los consumos frecuentes pueden provocar complicaciones neurológicas con secuelas duraderas que apenas han trascendido en las conversaciones informales.
El estudio reclama estrategias proporcionadas: reforzar la monitorización, mejorar la coordinación entre servicios sanitarios y educativos, y centrar la prevención en los contextos donde ya existe consumo real, sin estigmatizar ni alarmar. Un enfoque que, por ahora, la mayoría de las instituciones no ha adoptado porque el ruido mediático iba por delante de los datos.
En definitiva, tienes más papeletas de que el riesgo se gestione mal por exceso de titulares que por una oleada real de consumo. Y mientras tanto, los pocos casos que necesitan atención neurológica temprana pueden quedar diluidos entre la alarma y la inacción.
En resumen (para tu bolsillo y tu salud mental)
- 🧠 ¿Qué dice el estudio? Solo un 1,7% de los adolescentes ha probado el óxido nitroso, muy lejos de la imagen de 'epidemia' que han creado los medios.
- 👥 ¿A quién afecta exactamente? El consumo real se concentra en zonas turísticas del Mediterráneo y en perfiles de ocio juvenil muy concretos, no entre la población general.
- ✅ ¿Qué puedes hacer al respecto? Contrastar los datos oficiales antes de dejarte llevar por el pánico y, si eres educador o padre, hablar del fenómeno con las cifras reales en lugar de alimentar el mito.




