La controversia llega directamente desde el plató del programa televisivo ‘¡De Viernes!’, donde Almudena Mateos, la actual encargada del mantenimiento y vigilancia de la propiedad de Isabel Pantoja, ha decidido romper su silencio sobre un caso gravísimo.
La trabajadora arrastra una situación límite tras acumular más de nueve meses sin percibir su salario correspondiente, un contexto de precariedad que la ha impulsado a sentarse frente a las cámaras. Durante su intervención televisiva, la empleada relató un episodio de extrema tensión, un altercado que ella misma define sin miramientos como un asalto organizado y protagonizado por Kiko Rivera y su actual pareja sentimental, Lola García.
El inicio de la pesadilla y la incursión de Kiko Rivera

Todo comenzó con una tarea de mantenimiento rutinaria que terminó convirtiéndose en una auténtica escena de terror para la trabajadora y su familia. La guardesa había salido de las instalaciones para realizar unas gestiones logísticas básicas de seguridad. Tal y como explicó en su testimonio, el objetivo era reforzar los accesos principales de la finca andaluza.
La sorpresa mayúscula llegó a su retorno. “Me voy para Medina a comprar unos candados para asegurar esa puerta. Cuando regreso, encuentro que han roto el candado de la cancela de la entrada y se me descompone el cuerpo”, confesó Almudena en el plató. Al acceder al interior con su propio vehículo, la tensión se elevó al desconocer por completo a qué clase de intrusión se estaba enfrentando. La precaución fue su primera reacción defensiva: “Yo no sabía quién había arriba, y le digo a mi hija que empiece a grabar”.
Antes de identificar la presencia de Kiko Rivera en el lugar, la trabajadora se topó de frente con un escenario intimidante. “Primero veo a cinco hombres que no conozco de nada en el patio”, detalló. Segundos después, la figura del hijo de la tonadillera emergió en escena acompañado de Lola García.
El violento cara a cara de Kiko Rivera en el patio central

La llegada de los propietarios no apaciguó los ánimos, sino que encendió una mecha de hostilidad inmediata. El ambiente en la finca se volvió irrespirable. La empleada describió una sucesión de gritos, faltas de respeto y un enfrentamiento verbal que escalaba por segundos. Lejos de intentar dialogar como es debido, la actitud de los visitantes fue completamente altiva y desafiante. “Estamos hablando de gente sin educación, sin valores. La gente empieza a gritar, a insultar”, denunció.
La confrontación se produjo cuando Almudena intentó ejercer su autoridad legal como responsable de la vigilancia, recordando a los presentes que forzar cerraduras constituye una falta grave, más aún cuando existen pleitos judiciales vigentes sobre la propiedad. Al exigir explicaciones, la reacción de Kiko Rivera fue desproporcionada. “Se pone agresivo cuando le digo que ninguna persona que está en juicio entra en su casa forzando y partiendo cerraduras”, aseveró.
Para justificar su irrupción, el hermano de Isa Pantoja decidió realizar una llamada telefónica a su tío Agustín. La intención era que tanto él como su madre corroboraran ante la trabajadora que se encontraba en su legítima casa y no estaba cometiendo ninguna clase de delito. Sin embargo, mientras la guardesa atendía esta comunicación telefónica, la situación en el patio se descontroló peligrosamente involucrando a su propia hija.
La polémica actitud de Lola García frente a la guardesa

Lola García recibió durísimas palabras por parte de la encargada de la finca, quien la señaló como una figura clave en la escalada de la violencia verbal. Las descripciones sobre su comportamiento dejan una imagen muy cuestionable de la joven. “Se pusieron agresivos. Lola es una provocadora y barriobajera, parecía que llevaba toda la vida con Kiko”, sentenció Almudena.
La participación activa de la pareja del DJ en la disputa fue descrita como una provocación constante, diseñada para alterar los nervios de las personas que allí residen y trabajan. Lejos de mantener un perfil bajo o mediador, optó por la confrontación y la intimidación tecnológica. “Fue un trato muy desagradable. Ella me graba a mí, graba a mi hija y está todo el tiempo intentando empezar una discusión”, relató la empleada.
La empleada presenció una escena inaceptable que la obligó a intervenir físicamente. “Yo escucho voces y veo a Lola, Kiko y tres trabajadores rodeando a mi hija, levantándole las manos en la cara, a voces”, narró. Tras colgar el teléfono para defender a su familia, el choque se tornó extremadamente personal. “Kiko se me queda a dos centímetros de mi cara. Me vio desprotegida. Era muy fácil enfrentarse a mí”, rememoró.
El objetivo del asalto de Kiko Rivera y los graves saqueos

Más allá del dantesco espectáculo de gritos y amenazas, la visita tenía un propósito material muy definido. Según los datos aportados en la exclusiva, Kiko Rivera acudió con el mandato expreso de su madre y su tío para retirar diversos bienes de alto valor del interior del recinto. Aunque el inventario completo no trascendió, las cámaras de seguridad y los testigos presenciales confirmaron la salida de camiones pesados cargados con patrimonio familiar.
Entre los enseres sustraídos, la trabajadora pudo identificar elementos de lujo bastante peculiares. “Se llevaron un Bugatti descapotable blanco y calesas de caballos”, especificó. Las consecuencias de la acción de Kiko Rivera no tardaron en manifestarse en los días posteriores. La vulneración de las cerraduras perimetrales rompió el hermetismo de la finca. “Desde que han abierto las puertas de Cantora y que ya se puede acceder, ha habido saqueos”, advirtió.
El último tramo de la entrevista reveló la información más alarmante a nivel jurídico y policial de toda la noche. A pesar de los abusos laborales y el maltrato personal recibido por parte de Kiko Rivera y sus acompañantes, Almudena quiso dejar constancia de un intento genuino por salvaguardar los intereses legales de la tonadillera frente a los recientes robos perpetrados en las instalaciones. “Hasta hace poco he puesto un mensaje para proteger a la señora Isabel Pantoja. Y te digo el porqué. Porque olvidaron o dejaron allí cuatro escopetas, dos de ellas de caza. Si esas escopetas estaban a nombre de Isabel y han caído en manos malintencionadas, debe poner una denuncia”, concluyó.



