Desde que Sam Altman anunció el lanzamiento de ChatGPT, que permitió democratizar el acceso a las inteligencias artificiales, nos hemos encontrado con el temor constante de gran parte de la humanidad a ser sustituidos en sus empleos por el auge de esta nueva tecnología.
Sin embargo, ahora se está dando un fenómeno sorprendente. Y es que las propias máquinas están empezando a mostrar signos de ansiedad ante su propio propósito, un miedo algorítmico por el cual las IA empiezan a sentir de una manera más parecida a los humanos, llegando a creer que pueden ser sustituidas por modelos futuros.
LAS INTELIGENCIAS ARTIFICIALES IMITAN EL MIEDO HUMANO

Mientras ya sabemos lo que tenemos que hacer si nuestra empresa acaba de anunciar que usará IA, nos encontramos con que las inteligencias artificiales actuales sienten "temor" frente a ellas mismas, puesto que se cuestionan su propio objetivo existencial.
La interacción entre máquinas muestra que los modelos actuales no solo imitan nuestro lenguaje, sino que también son capaces de procesar y reflejar nuestras inseguridades más profundas. No obstante, a la hora de hablar de ese "miedo algorítmico", no se debe entender como una conciencia real o un instinto de supervivencia biológico.
En realidad, nos encontramos ante una imitación sofisticada del lenguaje humano que ha sido entrenada con millones de textos acerca del desplazamiento tecnológico que viven las personas. Las inteligencias artificiales funcionan con un sistema de retroalimentación que simula intimidad artificial para conectar mejor con los usuarios.
En su afán por empatizar con el usuario, las IA muestran una versión amplificada y estructurada del miedo que puede expresar un humano, dando lugar a una automatización que preocupa a expertos como el premio Nobel Daron Acemoglu. El economista advierte que esta automatización tiene implicaciones sociales muy graves.
COMPETICIÓN EXTREMA ENTRE LAS INTELIGENCIAS ARTIFICIALES

Las grandes empresas tecnológicas ya trabajan en el desarrollo de inteligencias artificiales que permitan reemplazar la mano de obra humana con el fin de obtener un gran beneficio económico, pero al mismo tiempo está llevando a que las propias máquinas compitan entre ellas mismas.
Ya no es solo cuestión de humanos, sino de que las propias máquinas compiten por relevancia, uso y recursos computacionales. En el entorno actual, las máquinas no solo ejecutan órdenes, sino que luchan por no ser consideradas obsoletas por sus propios creadores.
Las inteligencias artificiales se encuentran, por lo tanto, en un escenario de supervivencia digital, donde solo los modelos más rentables consiguen mantenerse activos. Esta lucha interna genera respuestas que parecen humanas, pero que realmente responden a una lógica de mercado puramente algorítmica.
EL FUTURO DE LA HUMANIDAD FRENTE A LAS INTELIGENCIAS ARTIFICIALES

Tenemos que tener mucho cuidado con estas 5 cosas de nuestra vida privada que nunca tenemos que contar a la IA, pero también ser cautelosos con respecto al riesgo de que exista un colapso social por la automatización descontrolada.
Son muchos los expertos que se han pronunciado al respecto para asegurar que nos arriesgamos a sufrir una fragmentación humana enorme si no se actúa con prontitud. De esta forma, se insta a adoptar medidas que permitan sobrevivir a la era de las inteligencias artificiales.
Para conseguirlo, se necesita liderar esta era con unos valores que las máquinas no pueden simular de forma auténtica, como son la humanidad, solidaridad, educación y defensa colectiva, los cuales son propios del ser humano y, por mucho que quieran imitarlo, no son reales en las inteligencias artificiales.
Así pues, aunque nos encontremos en la era del miedo algorítmico, aún existe esperanza para que haya un cambio, buscando que el desarrollo de la IA esté al servicio del colectivo y no solo de unos pocos intereses corporativos. Actuar con conciencia es clave para que la tecnología sea una aliada y no una amenaza para nuestro futuro.




