Las groserías son como un desahogo espiritual. Cuando las dices, sientes que algo se libera. De repente ves a tu hermana que no te devolvió la camisa que le prestaste ayer y le dices una de las tuyas o bajas del carro y derramas el café sobre la ropa y ahí va un montón de tacos, porque a diferencia de México, en España tacos son palabras malsonantes mientras que en el país azteca es una comida y de las más típicas.
Abuelos y padres siempre nos aconsejaron que no dijéramos malas palabras debido a que denota marginalidad y poco cerebro, pero la ciencia se encargó de darnos una patada en el estómago, nuevamente, y decirnos que "noooo señorita, si dices groserías es porque eres inteligente", ¿puedes creer eso?, las pruebas a continuación.
¿Cómo es la cosa?, ¿los tacos?

Lo que se dirá a continuación no es una excusa para poder decir groserías solo una verdad que fue demostrada a través de un estudio. Los jóvenes de cada hogar en el mundo que están leyendo este artículo deben estar anotando todos los detalles en una agenda para usarlos como arma de defensa cuando los padres les digan que no pronuncien tacos, ¡lo logré!, deben estar diciendo!
Una de las teorías que maneja el común denominador es que las groserías se dicen porque el hablante carece de un vocabulario enriquecido, en pocas palabras, no es muy inteligente y opta por esos recursos debido a que el cerebro no da para más. Puede que en algunos casos se aplique, pero no pueden ser consideradas sinónimas, ya verán por qué.
Lo que dice un estudio sobre los tacos

Un estudio realizado por psicólogos de la Universidad de Massachusetts demostró que una persona que dice tacos no necesariamente carece de inteligencia sino todo lo contrario. Veamos en qué consistió el análisis. Resulta que reunieron a un grupo de personas que le dieron 60 segundos para recitar palabras malsonantes y de las misma forma suministraron la misma cantidad de tiempo para palabras relacionadas a la comida y animales.
Los científicos manifiestan que la inteligencia verbal debe medirse por la fluidez al hablar más que por el contenido en sí. Esto nos llevaría a pensar que si la apreciación de que las personas que dicen tacos no son inteligentes es cierta, entonces tuvieron que haber recitado menos palabras en el tiempo establecido, sigamos leyendo.
Conclusión del estudio

Lo que sucedió en el estudio fue todo lo contrario a lo que nuestra mente puede decirnos. Resulta que las personas propensas a decir tacos pudieron organizar y recitar más rápidamente las palabras que no eran groseras. lo que mostraba una conexión innegable entre las habilidad de decir groserías con una capacidad más grande de asociar vocabulario.
Disculpen padres por este estudio, pero véanlo por el lado positivo, si observas que tu hijo es una metralleta imparables para decir tacos, ya sabrás que tiene un don especial. Cuidado con aquella amiga que no se cansa de advertirte que tu hijo está influenciando al de ella con sus palabrotas, quizás es porque está naciendo el próximo conductor de televisión.
Otras investigaciones sobre los tacos

Richard Stephens, psicólogo y autor de Black Sheep, indicó que decir groserías, posiblemente, involucra otra parte del cerebro que el resto del vocabulario y hace que el mensaje sea más persuasivo y efectivo. Cuando hablamos generalmente de activa la corteza y el hemisferio izquierdo.
Una explicación que sustentaría lo anteriormente dicho es que existen personas afásicas, afectadas por algún trastorno del habla que tienen la capacidad de cantar o decir groserías de manera fluida. Los expertos creen que los tacos pueden venir de una parte del hemisferio izquierdo vieja y rudimentaria. A continuación algunos beneficios de decir groserías:
Aumenta la efectividad del lenguaje

Se expresó en palabras dichas con antelación que las groserías podían mejorar la efectividad en el lenguaje. Esta aseveración la extrajeron de un estudio realizado en el 2014 en la cual se analizaron las reacciones a entradas de blog por un político ficticio en el cual las que contenían groserías mejoraban la impresión que los lectores tenían de la fuente, aunque no interfiriera en la decisión final del candidato.
Otro dato interesante es que los individuos tienden a decir más groserías cuando escriben de manera online. Se estima que un 64% más que en el vocabulario habitual. Fue comprobado a través de un estudio exploratorio por la red social Twitter.
Incrementa la tolerancia al dolor

Las groserías están estrechamente ligadas a las emociones. Cuando las decimos podemos tener un nivel de ira alto o todo lo contrario, gozar de felicidad. También logró comprobarse por el piscológo Richard Stephens que decir groserías incrementa la tolerancia al dolor. El especialista y su equipo pusieron a un grupo de estudiantes a sostener un cubo de agua helada y los que más soportaron fueron los que dijeron palabras malsonantes.
Hasta este punto, es increíble que un acto reprimido por nuestros padres trajera tantos beneficios. Ahora puedes estar tranquilo al momento de aceptar un reto, ya sabes que diciendo unas cuantas palabritas malsonantes pudieras ganar.
Libera tensión

En Nueva Zelanda se realizó un estudio a los trabajadores de una fábrica de jabón. Determinaron que dentro de la interacción empleaban tacos, pero el lenguaje no lo aplicaban con los colegas de otros departamentos. Los expertos llegaron a la conclusión que las groserías se usan como una forma de liberar tensión, de mejorar el equipo de trabajo y generar más confianza.
Un atributo que hay que medir es que en cada país las groserías no son diferentes y por ende su efecto es distinto. Se cree que en Japón no hay groserías, pero ellos cuentan con insultos relacionados con perder la dignidad que son más delicados que cualquier taco que pudiera haber en España.
Recomendación

Es importante dejar claro que aunque tengamos todo el permiso científico para decir groserías hay que evaluar nuestro contexto social. Desde hace años atrás, se tiene la mala idea que una persona que dice palabrotas es alguien que no tiene educación y que pertenece a una clase social baja. Analiza, tu entorno y de esta forma tomar la decisión de pronunciarlas o no.





























