El juicio contra Sam Altman destapa los entresijos de OpenAI tras tres semanas de testimonios

El juicio de Musk contra Altman ha forzado a la empresa más opaca de Silicon Valley a mostrar sus tripas. Mensajes nocturnos, diarios íntimos y una red de intereses millonarios dibujan una OpenAI muy distinta a la que vende su comunicación oficial.

OpenAI ha conseguido algo que parecía imposible: hacer que un juicio de 150.000 millones de dólares sea más entretenido que la última temporada de Silicon Valley. Durante tres semanas, el tribunal federal de Oakland no solo ha enfrentado a Elon Musk y Sam Altman en un duelo de egos milmillonarios — ha sido la llave que ha abierto la caja negra de la empresa más hermética del ecosistema tech.

La noche en la que OpenAI casi implosiona (y nadie sabía por qué)

El episodio estrella no ocurrió en el estrado, sino en una cadena de mensajes nocturnos durante The Blip, aquel fin de semana de noviembre de 2023 en el que el consejo fulminó a Altman como CEO. A las 2:30 de la madrugada, Altman le preguntaba a Mira Murati, su CTO, si las cosas iban bien o mal. La respuesta de Murati fue un hachazo: esto va por muy mal camino, Sam, esto es muy grave. Minutos después, le informaba de que el sustituto ya estaba elegido: el tío random de Twitch, en referencia a Emmett Shear. Ese mismo día, Murati firmó la carta de los empleados pidiendo la vuelta de Altman.

Lo que vino después en la deposición dejó a medio tribunal con la ceja levantada. Murati, que había alimentado al consejo con quejas sobre Altman antes del despido, se convertía horas más tarde en su principal defensora pública. Sutskever, cofundador, había redactado un memorando de 52 páginas donde acusaba a Altman de mostrar un patrón consistente de mentir, socavar a sus ejecutivos y enfrentarlos entre sí.

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Amateur city y el diario de los miles de millones

Satya Nadella, CEO de Microsoft y principal inversor de OpenAI con más de 13.000 millones aportados, definió desde el estrado lo que vio aquellos días: amateur city. No le dieron una explicación concreta de por qué despedían a Altman. Su mayor preocupación, dijo, era que los empleados se fueran en masa. Así que ofreció a Altman un puesto en Microsoft, con invitación abierta para todo el equipo. Altman reconoció que estuvo a punto de aceptar: habría ganado un montón de dinero y tenido una vida mucho más fácil.

Mientras tanto, el diario personal de Greg Brockman, cofundador, ha sido otra de las joyas del juicio. En sus páginas, Brockman anotaba lo bonito que sería ganar miles de millones. Un detalle que contrasta con la narrativa oficial de OpenAI como laboratorio idealista guiado por la misión de beneficiar a la humanidad.

Cosas que pasan en 2026.

El mapa del dinero: 4.000 millones en participaciones y un acuerdo energético

El juicio también ha desnudado el entramado de intereses personales de Altman. Bajo interrogatorio, reconoció participaciones por más de 2.000 millones de dólares en empresas como Helion Energy, Cerebras — que acaba de salir a bolsa —, Reddit o Stripe. Su tercio en Helion, firma de la que se acaba de desvincular como presidente, está valorado en 1.650 millones. Y aquí viene lo jugoso: OpenAI tiene firmado con Helion un acuerdo marco para futuros suministros de energía. Forbes ha recalculado su patrimonio en más de 4.000 millones tras estas revelaciones.

Brockman, que según Musk no invirtió ni un centavo, aparece ahora con una participación de 30.000 millones. El dato, sencillamente, se sale de cualquier escala humana.

Aquí empieza lo interesante.

Las dos OpenAIs que no pueden coexistir por más tiempo

No es la primera vez que una empresa tecnológica vende una historia de idealismo mientras por dentro se cocina un drama de poder. Lo vimos con Uber bajo Travis Kalanick, con WeWork y su fundador mesiánico, y en cierto modo con Theranos — aunque en este caso la tecnología es real y funciona. Pero el patrón se repite: la grieta entre el relato exterior y las tripas de la organización acaba por reventar en el momento más inoportuno.

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OpenAI lleva años proyectando la imagen de un laboratorio guiado por la misión. Los documentos del juicio muestran otra cosa: una empresa donde la cofundadora le dice al CEO que está acabado y horas después firma la carta pidiendo su regreso. Donde el presidente escribe en su diario que sería bonito ganar miles de millones. Y donde el inversor de referencia, viendo el caos desde fuera, llama amateur city a sus órganos de gobierno.

El daño reputacional ya está hecho, gane quien gane el veredicto. La pregunta no es si Altman o Musk se llevarán los 150.000 millones en juego. La pregunta real es si alguien podrá volver a tomarse en serio la narrativa oficial de OpenAI después de haber visto los documentos. El jurado decidirá la semana que viene. Los papeles ya no se pueden archivar.

Hype-O-Meter

Nivel de hype: 7,5/10. Las revelaciones son jugosas — mensajes a las 2:30 AM, diarios íntimos, Nadella llamando amateur city al consejo — pero el impacto real sobre el producto que usamos a diario es limitado. ChatGPT sigue funcionando igual de bien (o de mal, según el día). El culebrón es de primera, pero no cambia nada en tu pantalla.

El resumen para vagos (TL;DR)

  • 🎯 ¿Qué ha pasado? Tres semanas de juicio han sacado a la luz los mensajes, traiciones y caos interno de OpenAI.
  • 🔥 ¿Por qué importa? La empresa más hermética del ecosistema tech ya no puede esconder sus grietas de gobierno corporativo.
  • 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? ChatGPT no va a dejar de funcionar, pero la narrativa del laboratorio idealista se ha roto para siempre.