Lo que empezó como una broma privada entre escritores pulp es ahora un libro de 648 páginas que se vende en librerías. Duomo Ediciones ha publicado este verano una nueva edición del Necronomicón, el grimorio maldito que H.P. Lovecraft inventó para darle empaque a sus criaturas cósmicas y que, un siglo después, sigue generando sectas reales, broncas entre ocultistas neoyorquinos y, ahora, un objeto de culto tangible.
El volumen recopila, ni más ni menos, que todas las menciones al libro maldito desperdigadas por la obra lovecraftiana. No es una novela: es un mapa de todas las veces que el escritor de Providence decidió citar, con estudiada despreocupación, un texto que nunca tuvo intención de escribir.
El atlas del libro que nunca escribió Lovecraft
La edición, a cargo del italiano Giuseppe Lippi, ordena el material en tres bloques —el sueño, el mito y el terror— y va ilustrada por Greta Grendel. Lippi firma un prólogo en el que sienta al Necronomicón junto a otros libros imposibles de la literatura, como el Quijote de Pierre Menard que imaginó Borges o El Rey de Amarillo de Chambers. Un club de libros fantasma con más fans que muchos best-sellers reales.
Las ilustraciones de Grendel son una mezcla de manuscrito antiguo y cómic gótico, y le dan al volumen una presencia física inquietante. Pasar las páginas tiene algo de ritual, aunque sepas que todo es ficción.
Lovecraft nombró el Necronomicón por primera vez en 1922 en El sabueso aunque un año antes ya había citado a su supuesto autor, el árabe Abdul Alhazred. En 1927 escribió una cronología apócrifa que situaba el original en Yemen en el siglo VIII, con traducción al griego hacia el 950. Todo mentira, como él mismo admitió en una carta: «Nunca existió ningún Abdul Alhazred ni Necronomicón: yo inventé esos nombres». Pero a nadie pareció importarle.
El autor nunca ocultó la verdad, pero el mito ya estaba fuera de control antes de que él terminara de escribir sus cuentos.
El libro ficticio se coló en relatos como La llamada de Cthulhu, El horror de Dunwich o En las montañas de la locura, siempre con el mismo efecto: quien lo leía terminaba mal. Esa consistencia narrativa, mezclada con la afición de Lovecraft por citar tratados de magia reales —como los de John Dee—, acabó por convencer a más de uno de que el libro existía de verdad.
Cuando la ficción se volvió un negocio (y una secta)
El salto definitivo llegó en 1977 con el llamado Necronomicón de Simon, un pastiche de mitología sumeria salpicado de nombres lovecraftianos. Lo publicó Herman Slater, dueño de una tienda esotérica de Nueva York, harto de explicar a sus clientes que el libro de sus pesadillas no existía. La autoría se atribuye al escritor Peter Levenda bajo seudónimo, y hasta William S. Burroughs escribió un texto de acompañamiento pidiendo que «se revelen los secretos de los siglos». Ni él se resistió.
A esa altura ya había quien se tomaba la invención en serio. El mago ceremonial Kenneth Grant, secretario de Aleister Crowley, sostenía que Lovecraft había sintonizado sin saberlo con cultos ocultistas reales de Nueva Inglaterra, y que los dioses primigenios no eran símbolos sino fuerzas a las que un iniciado podía invocar. Entre los mitólogos del horror cósmico y los ocultistas de trastienda se montó un cisma digno de novela.
El cine y los cómics hicieron el resto: Sam Raimi convirtió el Necronomicón Ex Mortis en el motor de la saga Evil Dead, y Alan Moore le dedicó doce números de Providence a reconstruir su origen. Cada nueva vuelca de tuerca avivó la leyenda en vez de apagarla.
Por qué un libro falso nos sigue fascinando más que muchos reales
Hay algo profundamente humano en la necesidad de que los libros malditos existan. Lovecraft creó el Necronomicón para dar verosimilitud a un universo de pánico cósmico, y la cultura ha respondido fabricando ediciones físicas, tratados pseudoesotéricos y hasta sectas. Porque un dios monstruoso que duerme bajo el mar puede ser una metáfora, pero un libro de tapas negras con páginas amarillentas es algo que puedes oler y pesar con las manos.
La nueva edición de Duomo juega limpio: no pretende ser un grimorio auténtico, sino una brújula para perderse en la geografía inventada de Lovecraft. Y aun así, uno no puede evitar un escalofrío cuando pasa las páginas. Quizás sea el diseño cuidado de Grendel. Quizás la erudición de Lippi. O quizás, solo quizás, todo esto esconda algo que incluso Lovecraft desconocía. Como él mismo escribió: «That is not dead which can eternal lie, and with strange aeons even death may die».
El volumen puede encontrarse ya en librerías; la entrada de Wikipedia del Necronomicón amplía la leyenda para los que quieran un chute extra de contexto.
El resumen para vagos (TL;DR)
- 🎯 ¿Qué ha pasado? Duomo Ediciones ha publicado un Necronomicón de 648 páginas que recopila todas las menciones al libro en la obra de Lovecraft.
- 🔥 ¿Por qué importa? Demuestra cómo una broma de 1922 se ha convertido en un fetiche cultural que todavía genera libros reales y debates entre ocultistas.
- 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? Afecta al bolsillo si quieres un artefacto de culto; al espíritu, solo si te saltas las advertencias.

