La figura central del programa 'La noche de Aimar' de LaSexta ha sido una artista sobradamente conocida por todos. A sus 61 años, Belén Rueda se ha sentado frente a las cámaras de LaSexta para repasar su carrera profesional, pero también para abordar el capítulo más devastador de su plano personal. Con gran entereza, la intérprete habló sobre la dolorosa pérdida de su pequeña niña, quien falleció cuando apenas tenía once meses de edad.
La visión de Belén Rueda sobre la fragilidad de nuestra existencia

Durante su entrevista en el programa 'La noche de Aimar', Belén Rueda quiso compartir con la audiencia su particular visión sobre la mortalidad, una reflexión nacida directamente de los golpes que ha recibido.
Explicó que la sociedad suele mirar hacia el final de los días con puro terror, pero ella ha aprendido a sacar una lectura distinta. “Con distancia podemos pensar en la muerte de una manera en la que se le da una connotación muy negativa. Pero depende. Si tú sabes que tu vida es finita, a lo mejor la vives de otra manera. Y vivirla de otra manera no quiere decir vivirla con ansiedad”, aseguró.
Para entender la magnitud de esta mentalidad, debes saber que los infortunios llamaron a su puerta casi de manera consecutiva. La actriz no solo tuvo que despedirse de su bebé, sino que poco después sufrió la partida prematura de sus progenitores. Sobre esta acumulación de malas noticias, confesó: “siendo muy joven, con 32 años, perdí a mi hija, luego también familiarmente mis papás desaparecieron demasiado pronto. Y hay un momento en el que dices ‘ya, ya no me toca más’. Parece que de repente la vida se enreda y se enreda en modo mal”.
El dilema de estancarse en el dolor o seguir adelante

Al llegar a este punto de la entrevista, Belén Rueda puso sobre la mesa las dos únicas opciones reales que te quedan cuando la tragedia arrasa con tu rutina diaria. Puedes dejarte consumir por la rabia permanente o buscar un enfoque productivo para canalizar semejante dolor. “Está o el estar enfadado con la vida todo el tiempo, o intentar descubrir hacia dónde puedes dirigir eso para tener curiosidad por otras cosas. Y otras cosas no quiere decir otro mundo. Yo creo que los que no están viven en nosotros”, reflexionó.
Para evitar cualquier malentendido sobre este último comentario, aclaró rápidamente que no se refería a nada místico ni fuera de la lógica humana, sino al poder de la memoria. “No de una forma sobrenatural. Es nuestro recuerdo el que transforma. Si tú tienes un recuerdo cada uno lo vive diferente, pero creo que de alguna manera viven en nosotros y la muerte nos ayuda a entender también que tenemos que aprovechar el momento”, sentenció.
La contundente respuesta frente a la idea de perdonar al destino
Uno de los instantes más tensos y a la vez más puros de la noche ocurrió cuando Aimar Bretos, poniéndose en la piel de cualquier espectador, le admitió que a él le resultaría prácticamente imposible perdonarle a la vida el haberle arrebatado a una niña tan pequeña. La réplica de Belén Rueda demostró una madurez envidiable a la hora de ubicar su propio sufrimiento dentro de un contexto mucho más amplio.
“Perdonar… Si yo pudiera traerla, no dudaría ni un segundo. Pero no la puedo traer. Con lo cual, te buscas de alguna manera alguna razón para poder entender por qué la vida es así. Y luego, si te paras, vivimos en un país en el que tenemos una democracia, estamos seguros de momento… Si viajas y ves la situación en otros lugares, te tiras más hacia la suerte que tienes. Pero eso no significa que estés olvidando a esa persona”, argumentó.
El refugio de la memoria y los mecanismos de defensa de Belén Rueda
Lejos de enterrar el tema, la invitada subrayó que mantener vivo el recuerdo es una herramienta fundamental para su propio bienestar diario. Si te preguntas cómo integra esa ausencia en su día a día, ella misma te da la respuesta: “Ella está conmigo en mi recuerdo y en un momento dado no puedes hablar de ello y luego es conveniente porque ha sido y es muy importante en mi vida. Entre otras cosas, para recordarme que estoy viva”.
El periodista quiso ir un paso más allá e indagó sobre la duración temporal de esa fase de duelo tan aguda. Fue entonces cuando Belén Rueda desveló un curioso rasgo de su personalidad, un mecanismo mental que le permite no hundirse en la desesperanza.
“Tengo una mala costumbre, no sé si es buena, que quizás me hace tener un poco este carácter de esperanza activa. Tiendo a olvidar los momentos malos, que no es un momento concreto, sino una situación tremenda. A veces hablando con mis hermanos me recuerdan momentos que he olvidado. No a ella, situaciones de desesperación, de injusticia con la vida”, explicó al público de La Sexta.




