Aun cuando todavía se duda sobre su mayoría de edad, Lamine Yamal se ha comportado hasta ahora como un futbolista responsable y un ciudadano adulto, tan alejado de las plagas bíblicas anunciadas por los inquisidores como cumplidor con los intereses de la selección y del FC Barcelona.
El delantero ha sido igual de sensible con su club que con la federación si se tiene en cuenta el parte médico emitido después de la última lesión sufrida en el partido contra el Celta.
No podrá jugar con el equipo azulgrana en las últimas jornadas de Liga, después de dejar al equipo líder con una diferencia a favor de nueve puntos, y estará disponible para la Copa del Mundo en la que su presencia es indispensable en este próximo Mundial.
Lamine Yamal, la garantía del Barça ante las dificultades
Lamine ha sido la garantía azulgrana para alcanzar la cabeza de la Liga después de la dimisión de Lewandowski, las lesiones de Raphinha y el quiero y no puedo de Pedri. El extremo actuó como el jugador más regular y también el más desequilibrante desde que Flick llegara al Camp Nou.
El compromiso con el equipo ha sido tan irreprochable como su responsabilidad, decisivo en momentos cruciales como el del miércoles, cuando forzó y transformó el penalti que dio la victoria al Barça. El 10 se dejó la pierna izquierda en un gol que sitúa a los azulgranas en una posición inmejorable para revalidar el título.

Aunque el clásico no será el mismo sin Lamine Yamal, el Barça ya sabe que se deberá aplicar colectivamente para confirmar su condición de número uno. Los azulgranas pueden acabar bien la Liga sin su 10 mientras que la selección necesita a Lamine en plena forma para aspirar al título en el Mundial.
Así se explica que no se plantee una recuperación forzada del delantero en las filas azulgranas a fin de mejorar su puesta a punto para la formación que dirige De la Fuente.
Un compromiso fuera de toda duda... para conquistar el Mundial
El vínculo de Lamine Yamal con la selección está igualmente fuera de duda desde que renunció a ser internacional por Marruecos. El 10 ha aguantado sin ningún desplante los cánticos racistas recibidos en los campos españoles y contestó con entereza a los gritos coreados en el amistoso entre España y Egipto.
Los aficionados saben que sus grandes retos son la conquista de la Champions y del Mundial. Una vez eliminados de la competición europea, sus aspiraciones se concretan en la Copa del Mundo.

El torneo se presenta como capital para la carrera de un jugador candidato a corto plazo al Balón de Oro. Una meta que ya no es una quimera si se tiene en cuenta la manera en que ha dignificado la zamarra con el 10 que tanto pesó a Ansu Fati tras asumir la carga de Leo Messi. El universo barcelonista gira hoy alrededor de Lamine de la misma manera que la selección se sabe dependiente de su talento.
Recuperación y madurez
La importancia del jugador obliga a actuar con cautela y aplicar un método conservador para asegurar su recuperación total. No conviene forzar, sino acompañar, para llegar al fin del mundo con un delantero diferencial. El proceso queda supeditado a las sensaciones de un futbolista cumplidor con las recomendaciones médicas, como ya demostró con la dolencia que amenazó su actuación en la temporada anterior. Lamine respondió con la misma madurez con la que afronta la lesión en el bíceps femoral de la pierna izquierda.
La singularidad del futbolista quedó de manifiesto cuando se rompió en el momento de marcar el gol de penalti que permitió la victoria del Barça. No hubo simulación ni engaño; el tiro fue tan seco y preciso que no admitió réplica. La zurda se quebró por la tensión del momento y la carga de partidos, ya que el jugador no administró su esfuerzo, deseoso de jugar siempre. La nobleza de Lamine demanda comprensión en su proceso de curación. No procede la preocupación, sino la confianza en quien sabe cuidar de sí mismo con solo 18 años. Nunca se escaquea.



