Reconócelo: seguro que conoces a alguien con Parkinson. Es una de esas enfermedades que nos tocan de cerca y que, aunque los fármacos actuales ayudan, con el tiempo pierden efecto y los temblores, la rigidez y la lentitud vuelven a apoderarse del día a día. Casi 160.000 personas en España conviven con ella y cada año se diagnostican unos 10.000 nuevos casos. Por eso, lo que acaba de publicar un equipo de la Universidad de Lund (Suecia) en Nature Medicine es un soplo de esperanza como hacía años que no se respiraba en neurología.
No es una cura, pero casi: qué han conseguido exactamente
El ensayo, llamado STEM-PD, reclutó a ocho personas con Parkinson en fase moderada. Les inyectaron en el cerebro, mediante cirugía estereotáxica, un preparado de células progenitoras dopaminérgicas, es decir, células madre embrionarias humanas 'educadas' para convertirse en neuronas productoras de dopamina. Dos de los participantes recibieron una dosis más baja y los otros seis una más alta, para ir probando la seguridad. Y lo que pasó después es de esas cosas que te dejan con la boca abierta.
A los seis y doce meses, las imágenes de tomografía por emisión de positrones (PET) confirmaron que los injertos habían sobrevivido en seis de los siete participantes que completaron el seguimiento. Y no solo estaban vivos: las células empezaban a funcionar como auténticas fábricas de dopamina, la sustancia que el cerebro de una persona con Parkinson deja de producir. Tanto es así que esos seis pacientes pudieron reducir sustancialmente la medicación dopaminérgica que tomaban a diario para controlar los síntomas. El paciente que falleció lo hizo por una infección pulmonar no relacionada con el trasplante, algo que los investigadores descartan como efecto secundario del tratamiento celular.
¿Estamos ante la cura del Parkinson? La respuesta no es tan sencilla
Aquí toca bajar las revoluciones. Los propios autores del ensayo —liderados por la catedrática Malin Parmar y el investigador Roger Barker— insisten en que los resultados, aunque prometedores, son aún preliminares. Han demostrado que el procedimiento es seguro y que las células sobreviven, pero no pueden afirmar todavía que los pacientes hayan mejorado clínicamente de forma significativa. Durante el primer año, los participantes se mantuvieron estables, sin grandes cambios en las escalas de movimiento. Es decir, el 'milagro' de andar sin temblores o levantarse sin rigidez no se produjo de golpe.
Sin embargo, que no se viera una mejora brusca era, en cierto modo, esperable. El Parkinson es una enfermedad de progreso lento, y las neuronas trasplantadas necesitan meses, incluso años, para madurar, establecer conexiones y empezar a ejercer un efecto funcional. Lo importante ahora es que no hubo efectos adversos graves ligados a las células trasplantadas. Nadie sufrió rechazo ni movimientos involuntarios incontrolables, algo que sí ocurría con los antiguos trasplantes fetales. Los pacientes se mantuvieron estables, que ya es un triunfo en estos primeros pasos.
El verdadero hito es que las células madre se transformaron en las neuronas que el cerebro necesita y empezaron a producir dopamina.
Cuatro décadas de empeño: de los trasplantes fetales a este ensayo histórico
Lo de Lund no ha salido de la nada. Hace unos 40 años, los investigadores de esta misma universidad ya empezaron a trasplantar neuronas dopaminérgicas obtenidas de fetos a personas con Parkinson. Aquello funcionó a medias: algunos pacientes mejoraron, pero las complicaciones éticas y la necesidad de tejido fetal de varios embriones por intervención hacían el método inasumible. Sin embargo, sentó las bases para que hoy, con las técnicas de reprogramación celular, se pueda hacer lo mismo con células madre cultivadas en laboratorio, evitando los problemas del pasado.
Ahora el equipo continuará el seguimiento a largo plazo para comprobar si los beneficios clínicos aparecen conforme las nuevas neuronas maduren y se integren en los circuitos cerebrales. El sueño es que, en un futuro no tan lejano, una única intervención quirúrgica pueda restaurar la capacidad del cerebro de producir dopamina de por vida, liberando a los pacientes de la montaña rusa de la medicación oral. Puede que aún falten años de ensayos, pero lo que se ha conseguido ya no tiene marcha atrás: el cerebro se puede reparar.
🧠 Para soltarlo en la cena
Células madre transformadas en neuronas producen dopamina en cerebros parkinsonianos.



