Las tardes de verano en Madrid suelen ser soporíferas. Gente, calor, más gente, más calor y pocas ganas de nada, y menos aún de pasear por una ciudad que, a pesar de todo, está hecha para pasear y perderse por sus calles. Perderse por el centro menos transitado y esquivar terrazas atestadas. Uno de esos lugares para perderse es la Corredera Baja de San Pablo, esa calle que en verano te da sombra, tiene algún bar para pasar las horas, un restaurante libanés interesante y de batalla, y la Iglesia de San Antonio de los Alemanes con su "Capilla Sixtina". Pero, sobre todo, está el Lara, con sus 150 años de historia y sus fantasmas amistosos, como el de la mítica Lola Membrives, que desde el más allá vigila alegre el funcionamiento de este pedacito de historia madrileña entre Malasaña y la Gran Vía.
Y de fantasmas vamos a hablar tras esta "chapa" de nostalgia del paraíso perdido madrileño en verano. Para eso, aviso que hablaremos del autor teatral José Warlett y de uno de sus actores fetiche, Miguel de Miguel. Advierto que, si van a verlos en su última obra, vayan sin esquemas preconcebidos (si es que no los conocen) y olviden la seriedad y la ortodoxia. Porque en el viejo Lara encontrarán descaro, frescura, risas, acidez, ironía y un sinfín de sensaciones en una auténtica montaña rusa teatral.
En este contexto, les cuento que el Teatro Lara de Madrid ha vuelto a apostar por la comedia una vez más con “Por mis muertos”, una propuesta escénica que combina misterio, vodevil y humor ácido en una función de ritmo trepidante. La obra, escrita y dirigida por el citado José Warletta, se representa en la emblemática Sala Cándido Lara, en la grande, desde el pasado 4 de junio hasta finales de julio. Y según comentan desde la dirección del propio Teatro, se presenta como una de las apuestas más destacadas de la cartelera estival de la capital. La producción reúne sobre el escenario a intérpretes como Goizalde Núñez, Miguel de Miguel, David Tortosa, Cristina Irala, Julio Bellido y Eva Rodríguez.
La historia parte de una premisa tan sencilla como sugerente. En un elegante salón ambientado en los años veinte, una extravagante vidente francesa convoca a varios personajes para participar en una sesión de espiritismo supuestamente organizada por mandato del más allá. Lo que parece una velada sobrenatural destinada a contactar con los muertos se transforma rápidamente en una explosiva reunión plagada de secretos, reproches, mentiras y situaciones inesperadas.
Lejos de buscar el terror convencional, la obra utiliza el universo de los fantasmas como una excusa perfecta para construir una comedia coral en la que los conflictos humanos ocupan el centro de la escena. El resultado es un espectáculo que juega constantemente con las expectativas del público, alternando momentos de suspense con situaciones absurdas y diálogos cargados de ironía.

Una comedia de precisión entre la carcajada y la intriga
Uno de los principales atractivos de “Por mis muertos” es su capacidad para mezclar géneros. La propuesta combina elementos propios del vodevil clásico con recursos del teatro de misterio, todo ello envuelto en un humor irreverente que se ha convertido en una de las señas de identidad de Warletta. Según la información facilitada por la producción, la obra está construida sobre un mecanismo teatral de precisión basado en giros constantes y personajes llevados al límite. Los que fuimos testigos del estreno damos fé.
La ambientación de los años veinte aporta además un atractivo visual adicional. El elegante salón donde transcurre la acción funciona como un espacio cerrado en el que afloran tensiones, rivalidades y verdades ocultas. La sesión espiritista se convierte así en el detonante de una cadena de acontecimientos que mantiene la atención del espectador durante los 90 minutos de duración del espectáculo.
El montaje se apoya también en un reparto experimentado capaz de sostener el ritmo frenético que exige la función. La combinación de personajes excéntricos y situaciones disparatadas permite que la obra encuentre un equilibrio eficaz entre la comedia física, el enredo verbal y la intriga narrativa. En este extremo hay que destacar el buen encaje del elenco con una sublime Goizalde Núñez y una sorpresa para el que escribe Cristina Irala, una de las piezas que dan ritmo a la obra con una interpretación llena de desparpajo. Nombre apuntado para las siguientes en las que actúe.

El regreso de Warletta al Teatro Lara
Con “Por mis muertos”, José Warletta vuelve a demostrar su habilidad para conectar con el público a través de historias que combinan entretenimiento y dinamismo. El dramaturgo sevillano ha construido una sólida trayectoria gracias a títulos como “Santas y Perversas”, “Última Planta” o “Los Tacones de Papá”, obras representadas en distintos países y caracterizadas por un humor fresco y desenfadado.
Esta representación refuerza además la estrecha relación entre el creador y el Teatro Lara, uno de los espacios escénicos con mayor tradición de Madrid. El mítico teatro madrileño continúa apostando por producciones comerciales de calidad que buscan atraer a públicos diversos sin renunciar a la creatividad y la innovación escénica.
“Por mis muertos” se presenta como una de las comedias más llamativas de la temporada. Con fantasmas que apenas asustan, personajes incapaces de guardar secretos y un humor que no concede tregua, la obra ofrece una experiencia teatral diseñada para provocar risas y mantener la intriga hasta el último minuto. Una propuesta ideal para quienes buscan disfrutar del teatro desde la diversión y el ingenio.



