Carlos Santana es, posiblemente, el artista perfecto para las Noches del Botánico. Su figura y sus canciones están grabadas en la cultura pop, y es, junto a Eric Clapton, Jimmy Hendrix y Jimmy Page, uno de los 4 nombres que bien podrían presentarse como el mejor guitarrista de la historia del rock. Es además una figura que se beneficia de un entorno relativamente íntimo, tan íntimo como puede serlo un escenario donde entran algo más de 3000 personas, donde se puede ver lo que sus manos hacen en la guitarra.
Pero además el guitarrista tiene dos etapas clave en su carrera. Por un lado, fue una de las figuras clave en la experimentación del rock de la segunda mitad de los 60, con discos como su debut homónimo y 'Abraxas', sumados a su paso por el mítico festival de Woodstock, que lo han hecho una leyenda. Al mismo tiempo fue el nombre clave que trazó el puente entre el pop comercial y rock clásico en los 99, con 'Supernatural' un disco donde se permite colaborar con figuras clave de la época como Maná, Rob Thomas de Matchbox 20 y Miss Lauryn Hill.
Son dos etapas que marcan cada uno de sus conciertos. Con una marca evidente en la cultura pop tanto de los Baby Boomers como de la Generación X, afortunadamente para el guitarrista su sonido es tan identificable que las dos etapas son fáciles de reconciliar. Desde que tomó la tarima con una 'Soul Sacrifice' que le permite tanto reconectar con Woodstock como demostrar el talento de la banda que lo acompaña en cada gira, el artista, cuya edad lo obliga a sentarse por algunos momentos del concierto, deja ver que tiene la confianza en su figura como para dejar que la banda tome protagonismo en varios momentos del concierto.
SOLOS DE GUITARRA Y MOTIVOS PARA BAILAR
Lo cierto es que parte de la magia del concierto es que Santana ha dedicado esta gira a sus canciones más bailables. La salsa, los tambores africanos e incluso la música ranchera mexicana son parte de la paleta músical del artista. Canciones como su versión de 'Black Magic Woman' de Fleetwood Mac, 'Evil Ways' y, por supuesto, su versión en clave de rock de 'Oye como va' originalmente de 'Tito Puente'. La ametralladora de éxitos del primer tramo del concierto culminó con 'María María' y 'Foo Foo', con un público que coreó la letra pero también los riffs y solos de guitarra.

De allí el guitarrista se toma un descanso y deja que Benny Rietveld y Cindy Blackman Santana, su baterista y pareja sentimental hace más de 10 años, brillen en un largo solo. Son solo dos ejemplos de cómo se rodea el guitarrista. La presencia de Tommy Anthony, guitarrista de estudio y parte de la banda desde 2005, Marc Quiñones, percusionista mítico de la Allman Brothers Band y de Rubén Blades que ha acompañado al grupo en esta gira, y las voces de Andy Vargas y Ray Greene ayudan a elevar uno de los catálogos de canciones más complicados de la historia del rock.
Es evidente al escuchar en vivo temas como 'Corazón Espinado', 'Me Retiro' o incluso un clásico como 'Samba Pa' Ti'. Al mismo tiempo, para los fanáticos más antiguos del artista, la decisión de enfocarse en sus canciones más bailables lo obliga a dejar por fuera algunas de sus composiciones más importantes. Canciones como 'Europa' no consiguen un espacio en este setlist, pero es fácil olvidarlo al escuchar versiones impecables de '(Da Le) Yaleo' o 'Smooth.
SANTANA Y LOS MITOS DEL ROCK
Hay algo especialmente mágico en ver a Carlos Santana en tarima poco tiempo después de despedir a una figura como Ozzy Osbourne. Es cierto que el fundador del heavy metal no tiene demasiado en común con uno de los creadores del sonido del jazz rock y del rock latino. Al mismo tiempo, en un momento en el que cada vez quedan menos sobrevivientes vivos entre los fundadores del rock, es especial descubrir que uno de ellos mantiene su sonido intacto.
Ver a una figura mítica que estuvo presente en un festival como Woodstock es también ver uno de los últimos latigazos del sueño del rock n roll sobrevivir más de medio siglo. Sigue siendo vital verlo en vivo para entender su talento real, y verlo mientras es posible es todo un privilegio.




