Si has subido décimas en la EBAU y aún así no entras en Medicina, no es por tu nota. Es porque no hay plazas públicas. Las notas de corte han alcanzado niveles de récord, y no por casualidad. Este curso, más de un millón y medio de jóvenes compiten en un sistema que expulsa a quien no puede pagar una privada.
Indignómetro
Nivel de impacto social: 8/10. Cada año, decenas de miles de estudiantes se quedan fuera de la carrera pública que quieren porque las plazas no crecen al ritmo de la demanda. Las comunidades autónomas tienen la llave y no la giran.
La radiografía de un tapón universitario que no para de crecer
La ministra de Ciencia, Diana Morant, lo ha dicho alto y claro: «Los parlamentos autonómicos han decidido no crear plazas en sus universidades públicas y a la vez están permitiendo crear universidades privadas». La cifra asusta: En los últimos 25 años no se ha aprobado ni una sola universidad pública nueva, pero en la última década se han puesto en marcha más de 30 privadas.
Mientras tanto, la matrícula en las universidades públicas apenas ha crecido un 2%, mientras que en las privadas se ha disparado un 100%. Es decir, el cupo para estudiar sin arruinarse no se ha movido, y quien se incorpora al sistema —muchas mujeres y chavales de clase trabajadorra— se encuentra con la puerta cerrada. La subida imparable de las notas de corte no es un fenómeno natural: es un embudo que alguien ha diseñado.
Cuando Diana Morant nació, en 1980, había 800.000 universitarios. Hoy son 1.800.000. En cuatro décadas la demanda se ha multiplicado por más del doble, pero la oferta pública no ha seguido el ritmo. Si a eso le sumas que los títulos homologados a médicos extranjeros (más de 30.000) apenas alivian el déficit porque no pueden ejercer en la sanidad pública, el puzle se vuelve imposible.
Quién gana (y quién pierde) con las notas de corte por las nubes
Morant recuerda que el Gobierno endureció en octubre las reglas para crear nuevas universidades, exigiendo proyectos más solventes para evitar los conocidos como «universidades-chiringuito». Sin embargo, la ministra admite que, en la práctica, todavía no se ha frenado ninguna propuesta bajo esas reglas. «Hay 13 universidades con informe desfavorable del Ministerio y ya se han creado seis», dijo. Es decir, el filtro llega tarde.
El resultado es que una familia sin recursos para pagar matrículas de 10.000 euros al año se queda fuera de carreras con alta demanda. La nota de corte de Medicina en la pública ronda el 13 en muchas autonomías: una exigencia casi imposible que empuja a muchos a la privada. Y no es solo Medicina; carreras como Matemáticas, Física o Magisterio también ven cómo el acceso se tensa.
Cuando una carrera exige un 13 sobre 14 para entrar, el problema no es el estudiante: es la falta de inversión pública.
La universidad pública siempre fue el gran ascensor social de este país. Ahora, sin embargo, las familias que no pueden pagar 10.000 euros al año por un grado se ven forzadas a que sus hijos elijan carreras menos saturadas o se queden sin estudiar. La paradoja es brutal: mientras Alemania o Francia amplían sus cupos universitarios, aquí se apuesta por la contención y el mercado privado.
Qué pasó la última vez que se ignoró la educación pública
El atasco no es nuevo. En 2014, el PP diseñó un sistema que, en plena crisis, ralentizaba la homologación de títulos extranjeros. Aquella medida, que pretendía «proteger» el mercado laboral español, solo consiguió que miles de profesionales formados en el extranjero no pudieran ejercer. Entonces como ahora, la respuesta a la escasez de plazas fue poner puertas más altas, no abrir más aulas. El Gobierno de coalición de 2024 aprobó por fin una orden ministerial que agilizó las cosas, pero el daño ya estaba hecho.
La lección está clara: cuando se deja morir la universidad pública, las notas de corte se disparan y la brecha económica se convierte en barrera de acceso. Y lo peor es que hay dinero: el Ministerio acaba de anunciar 8.000 millones para tecnologías profundas y prepara otros 6.000 millones para el próximo presupuesto. Pero sin plazas, ese talento se quedará en la puerta del sistema. Si no hay aulas para los que quieren aprender, la inversión en ciencia nace coja.
📌 En claves: lo que debes saber
- Qué ha pasado: La ministra de Ciencia ha responsabilizado a las comunidades autónomas de la subida de las notas de corte por no crear suficientes plazas universitarias públicas, mientras proliferan las privadas.
- Por qué te importa: Cada año, miles de jóvenes se ven obligados a pagar una universidad privada o a renunciar a la carrera que desean porque la pública no absorbe la demanda.
- A quién afecta: A estudiantes de familias con rentas medias y bajas, especialmente en carreras con alta nota de corte como Medicina, y a quienes ven frustrado su futuro por un sistema que no se amplía.
- Hacia dónde vamos: El Gobierno promete más fondos y una revisión de las universidades existentes, pero sin un aumento real de plazas públicas, las notas seguirán subiendo. La pelota está en el tejado autonómico.



