Llenar el carro de la compra cuesta hoy un 46% más que en 2019, mientras que tu nómina apenas ha crecido un 17% de media. Es la brecha silenciosa del día a día: trabajas las mismas horas, pero cada vez llenas menos la nevera. Los datos del INE confirman que los alimentos se han encarecido al doble de ritmo que los salarios, y el golpe es especialmente duro para los hogares más jóvenes.
¿Cuánto ha subido realmente la cesta de la compra?
Según los últimos registros, los alimentos han subido un 46% en Euskadi desde 2019, la mayor escalada autonómica. La media nacional se queda en el 42,3%, pero en ningún caso es una cifra tranquilizadora. Para que te hagas una idea: los huevos se llevan la palma con un repunte de más del 60%, la carne de vacuno un 67,8% y las frutas un 58%. El aceite de oliva, aunque se ha moderado, sigue un 52,2% por encima.
Este encarecimiento no es puntual. La guerra de Ucrania disparó los costes de los fertilizantes y del grano para piensos, y desde entonces los precios de la cesta básica se han quedado en altas cotas, incluso cuando la energía ha bajado. Es lo que los economistas llaman 'rigidez de precios': los alimentos suben en ascensor y bajan en escalera.
El golpe más duro: por qué tu salario no alcanza ni para llenar la nevera
En el mismo periodo, el coste salarial medio en Euskadi pasó de 2.444 euros a 2.860 euros al mes. Eso es un crecimiento del 17%, menos de la mitad que la inflación alimentaria. Traducción: para mantener el mismo carro de la compra de 2019, hoy necesitarías un sueldo un 25% más alto del que tienes.
Massimo Cermelli, profesor de Economía en la Universidad de Deusto, lo resume así: «La inflación alimentaria es muy regresiva: afecta más a quien menos tiene. La vivienda preocupa, pero esto erosiona los hogares, porque lo que no se puede hacer es dejar de comer». Y añade que en Euskadi el patrón de consumo, muy ligado a alimentos frescos y de calidad, hace que el golpe sea aún mayor.
La inflación de los alimentos actúa como un impuesto silencioso sobre las rentas bajas: no puedes dejar de comer, pero cada vez compras menos.
Este fenómeno está cambiando los hábitos. Cada vez más jóvenes optan por marcas blancas, reducen las comidas fuera de casa y compran más a menudo para controlar el gasto. En la práctica, se come más barato pero también menos variado.

¿Se va a poner peor? Lo que trae la guerra de Irán a la mesa
Ahora la atención está en Oriente Próximo. María Jesús Fernández, economista sénior de Funcas, advierte de que el conflicto de Irán y el 'shock' energético «hará que posiblemente el precio de los alimentos siga al alza». El consenso de analistas apunta a que la inflación alimentaria podría rondar el 2% a lo largo del año, pero todo depende de Ormuz.
Y aunque la situación se desbloqueara, el petróleo no volverá a niveles previos a la guerra. Eso significa que los costes de transporte y producción se mantendrán altos, y la cesta no bajará. El panorama pinta difícil para los jóvenes que ya tienen que elegir entre pagar el alquiler o llenar la nevera.
La buena noticia —o la menos mala— es que las subidas de la electricidad y los combustibles han sido más contenidas (12,8% y 18,4% desde 2019, respectivamente), lo que ha evitado una tormenta perfecta. Pero la comida, que es lo que más pesa en el gasto diario de las rentas bajas, sigue comiéndose cualquier mejora salarial.
En resumen (para tu bolsillo y tu salud mental)
- 💸 ¿Qué ha cambiado? La cesta de la compra es un 46% más cara que en 2019, mientras los salarios solo han subido un 17%.
- 👥 ¿A quién afecta exactamente? A todos los hogares, pero sobre todo a los jóvenes con rentas bajas o precarias, que dedican más porcentaje de su sueldo a alimentos.
- ✅ ¿Qué puedes hacer al respecto? Revisar el plan de gasto, priorizar alimentos de temporada y estar atento a las previsiones sobre el conflicto de Irán, porque podría subir aún más el ticket.



