El reconocido escritor, periodista y sensitivo Aldo Linares nos ha ha concedido una entrevista profunda y sincera para desgranar los secretos de su tercera obra literaria, titulada "Yo, Medium". Conocido masivamente por sus impactantes apariciones en el programa de prime time Cuarto Milenio y por su labor con el Grupo Hepta, Linares se aleja por completo de los tópicos del esoterismo comercial para ofrecer una visión ligada al sentido común, la humildad y la investigación científica.
A lo largo de una extensa conversación repleta de testimonios sorprendentes, el autor defiende que su capacidad no responde a ningún misticismo elitista, sino a un proceso biológico que comparte el mismo espacio con las leyes de la física que aún no alcanzamos a comprender de manera tangible.
Para entender el trasfondo de "Yo, Medium", es necesario viajar a las raíces de su autor. Nacido en Arequipa, Perú, una ciudad que él mismo describe como una combinación andaluza y vasca impregnada de un realismo mágico indescriptible, Linares se formó en Ciencias de la Información y ejerció durante muchos años como periodista musical, fuertemente vinculado a eventos como el Festival Internacional de Benicàssim (FIB). Sin embargo, bajo su faceta pública como cronista cultural latía una realidad paralela que lo acompañaba desde los seis años de edad.
Al ser hijo único, el descubrimiento de sus capacidades sensitivas estuvo marcado inicialmente por el aislamiento y el miedo, una sensación constante de vulnerabilidad ante la falta de privacidad mental y el temor racional a estar sufriendo algún tipo de trastorno psicológico.
Lejos de considerarse un elegido o un gurú, el periodista define la mediumnidad real como un proceso psicobiológico puro y duro. Según explica el propio autor, su cuerpo y su cerebro actúan como un receptor capaz de captar paquetes de información de la realidad externa para luego traducirlos a través de los sentidos físicos tradicionales.
Para ilustrar esta conexión con lo invisible, Linares recurre al ejemplo del aire, un elemento vital que nadie puede ver pero cuya existencia es irrefutable, o a los propios pensamientos humanos, que son completamente reales a pesar de no ser objetos tangibles. Su labor no consiste en sentar cátedra ni en convencer a los escépticos, sino en plasmar un registro histórico y social de cómo se experimentan estos fenómenos desde la normalidad cotidiana de una persona común que también plancha, limpia la casa, ve partidos de fútbol o disfruta de dibujos animados en la televisión.
La ciencia frente a la experiencia paranormal
Uno de los aspectos más vanguardistas que se abordan en torno a su figura y que sirve de base para el libro es el respaldo que la investigación tecnológica ofrece a sus procesos perceptivos. Frente a la cerrazón de quienes rechazan cualquier manifestación que escape a la lógica convencional, Linares destaca que "la propia ciencia me está haciendo investigaciones".
El sensitivo revela que se ha sometido voluntariamente a pruebas médicas complejas: "se me han hecho tags, resonancias magnéticas hace muy poco, unas investigaciones de gente de la Universidad de Comillas con neurólogos y gente de un organismo muy potente de este país, y deducen, sacan conclusiones a través de máquinas que las máquinas no se sugestionan; quiere decir que habrá algo. Estas investigaciones han demostrado cambios biológicos medibles en su actividad cerebral durante sus percepciones.
El autor insiste en que las variaciones en sus percepciones dependen directamente de su propia biología, la cual se ve afectada por el cansancio, el estado de ánimo o el estrés, igual que le ocurre a cualquier ser humano. Por este motivo, el periodista se muestra sumamente crítico con las corrientes del misterio que garantizan resultados o que pretenden cobrar grandes sumas de dinero a cambio de cursos para convertirse en médiums.
Linares aconseja que la gente "dude mucho de toda esa gente que sabe todo en el misterio, que te dice que tú vienes de tal planeta, que tus maestros se llaman así, que tu espíritu guía se llama así... me parece una soberana tontería todo esto ¿por qué? porque nadie lo sabe y quien diga que sabe todo eso, miente". El autor defiende que la verdadera espiritualidad debe ser horizontal y honesta, fundamentada en la prudencia de admitir que en el misterio nunca se sabe nada con absoluta certeza.
Una noche de aislamiento en Santa María de Melque
Entre las experiencias personales que dan cuerpo a las páginas de su nueva obra literaria, el escritor destaca una investigación realizada completamente en solitario en la provincia de Toledo, un lugar que considera mágico. Con el apoyo del ayuntamiento local y el jefe de conservación del yacimiento, Linares obtuvo el permiso para quedarse a dormir solo en Santa María de Melque, una antiquísima iglesia visigoda rodeada por kilómetros de campo baldío y excavaciones arqueológicas en curso.
A pesar de las advertencias de los científicos del CSIC que trabajaban en la zona, quienes se negaban rotundamente a pernoctar allí debido a experiencias previas, el sensitivo decidió afrontar el reto equipado únicamente con su mochila, un cuaderno de campo y su ordenador personal.
"Durante la noche, la luz de la pantalla del ordenador resultó demasiado agresiva para el entorno sacro, por lo que Linares optó por encender una única vela para continuar escribiendo". Fue en ese momento de quietud cuando comenzaron a resonar unos pasos nítidos y cadenciales que provenían de la zona del antiguo osario del templo.
Al levantarse para verificar el origen del sonido con la linterna de su teléfono móvil, el autor comprobó que no había ningún animal ni elemento físico causante del ruido, y descubrió que los pasos invisibles se desplazaban en paralelo a sus propios movimientos. Tras una breve salida al patio exterior para calmar la inquietud y hablar con su pareja, el periodista regresó al interior de la iglesia, donde la atmósfera comenzó a transformarse de manera drástica.
El enigma del tiempo y la figura del altar
Para armonizar la energía del lugar, el escritor reprodujo a gran volumen una pieza de canto llano de Hildegarda de Bingen, cuyas notas gregorianas retumbaban en los muros milenarios de la edificación. Mientras se encontraba en el crucero de las naves del templo, bajo la claridad de una noche de luna llena que se filtraba por una ranura del antiguo altar, Linares presenció cómo la luz del fondo se eclipsaba ante la aparición de una densa figura masculina tridimensional.
En ese instante, el entorno experimentó un fenómeno de encapsulamiento característico de los sucesos paranormales, un silencio absoluto y pesado que parecía taponar los oídos a pesar de la música que sonaba de fondo.
Llevado por un impulso instintivo, el periodista se despojó de su camiseta, se colocó de rodillas en mitad del templo y estiró la mano hacia la presencia, experimentando un adormecimiento y un soplido frío en todo el brazo.
Esta vivencia, sumada a otras similares experimentadas en el yacimiento arqueológico de Guarrazar, ha llevado al autor a desarrollar una profunda teoría filosófica sobre nuestra propia existencia: "cada día estoy un poco más convencido de que probablemente el tiempo sea un invento que nos hemos inventado los humanos porque sabemos que vamos a morir, por eso necesitamos cuantificar todo... quizás sea la mayor explicación a nuestra caducidad física". La muerte, desde la perspectiva de Linares, deja de ser un final trágico para convertirse en una simple cortina que separa diferentes franjas de una misma realidad continua.

El legado de las maestras de la cuchara de palo
El pilar fundamental de la honestidad profesional de Aldo Linares radica en la educación recibida de su madre y de su abuela en Perú. Ambas mujeres, poseedoras de la misma sensibilidad pero dotadas de un sentido del humor ácido y un arraigado sentido común, protegieron su infancia sin revelarle abiertamente que compartían su condición, permitiendo que él mismo descubriera su camino. T
ras el fallecimiento de su madre, el periodista descubrió una serie de notas adhesivas ocultas en su armario donde ella le explicaba de manera retrospectiva los fenómenos que le habían ocurrido a los seis, trece y quince años de edad, dejándole un mensaje final que marcó su filosofía de vida de forma definitiva: "hijito, sé humilde, sé agradecido y no seas impertinente". Linares recuerda con enorme emoción que "siempre buscamos maestros con túnicas y esa cantidad de tonterías cuando a veces los tenemos en casa con la cuchara de palo".
Este aprendizaje basado en la dignidad familiar es el que aplica en sus colaboraciones con Iker Jiménez en Cuarto Milenio y en las investigaciones privadas del Grupo Hepta, donde comparte labor con figuras de la talla de Sol Blanco Soler, Piedad Cavero y la recordada Paloma Navarrete.
Linares enfatiza el estricto protocolo de asepsia que mantiene el programa de televisión, donde jamás se le facilita información previa sobre los lugares que visita, llegando a vivir situaciones de auténtica tensión estomacal y nerviosismo real, como la célebre investigación realizada junto al coronel Pedro Baños en un campo de maniobras militares en Toledo.
El miedo urbano frente a la sabiduría rural
Hacia el cierre de sus reflexiones, el autor analiza los motivos por los cuales la sociedad urbana actual tiende a esconder la muerte y a marginar a los ancianos, a diferencia del entorno rural donde el fallecimiento se integra como un proceso natural de la existencia.
Linares atribuye este fenómeno al miedo que las personas tienen de mirarse al espejo y descubrir quiénes son realmente, prefiriendo ampararse en el consumo de tecnologías, el control de titulares superficiales y el aislamiento de la naturaleza.
Los cementerios, concluye el escritor, actúan como un recordatorio de que toda jerarquía social o titulación académica se iguala al final del camino, invitando a los lectores de "Yo, Medium" y a los asistentes a sus rutas guiadas por Madrid a explorar su propio interior bajo una premisa que repite con convicción absoluta: "el mal siempre es más aparatoso porque necesita llamar la atención, necesita adhesiones... pero el amor puede muchísimo más que la muerte, muchísimo más".





