Hay fiestas que merecen un monumento y otras que merecen ser borradas de la hemeroteca. La verbena que el Centro Gallego de Vitoria organizó en julio de 2023 para la Festividad de Santiago pertenece al segundo grupo, y no por culpa de los organizadores, sino porque la orquesta contratada, 'Ciudad de Vigo', demostró con creces que su nombre no era ninguna garantía. Los músicos desafinaban, los cantantes no se sabían las letras y el camión-escenario parecía recién salido de un desguace. Ahora, un juez ha decidido que no hace falta pagar por un espectáculo que no cumplió ni con las expectativas de un aficionado al karaoke.
Un contrato de 14.000 euros que terminó en juzgado
El centro gallego llevaba cuatro décadas contratando al mismo representante para las fiestas. Para 2023, este les recomendó a la orquesta Ciudad de Vigo, que exigió un adelanto del 50% de los casi 14.000 euros pactados para dos días de actuación. Nunca antes les habían pedido ese pago por adelantado, y pronto entendieron por qué: los músicos que aparecieron no eran los de la foto promocional —salvo uno—, las coreografías brillaban por su ausencia y los cantantes tuvieron que sacar el móvil para leer las letras porque no se las sabían.
El resultado fue un festival de desafines, acoples y micrófonos que funcionaban a ratos. La vestimenta de algunos componentes tampoco ayudaba a disimular que aquello parecía un ensayo improvisado en lugar de un espectáculo profesional. El público empezó a marcharse y el Centro Gallego perdió las ventas de consumiciones y productos que esperaban. Aun así, intentaron renegociar la deuda, pero la orquesta se negó y llevó el caso a los tribunales.
El juez, un crítico musical improvisado
La justicia, en cambio, no tuvo piedad. La sentencia de la Audiencia Provincial de Álava —que confirma una resolución previa de primera instancia— reconoce “numerosas irregularidades e incumplimientos de un mínimo razonable, apreciable por cualquier oyente medio”. Vamos, lo que cualquier persona con dos oídos habría notado a los cinco minutos. La presidenta del centro, Mónica Calvo, lo resumió con crudeza: “Yo creo que ni se conocían entre ellos; no se sabían la letra de las canciones que tenían que mirar en sus móviles y desafinaban cantando; fue terrible”.
A eso se suma que el camión-escenario llegó con retraso y en un estado tan penoso que la propia denuncia hablaba de un vehículo “para el desguace”. El centro aportó vídeos, fotos y testimonios que convencieron al juez de que la orquesta incumplió el contrato de forma flagrante. Además, pese a que se contrató un grupo con un camión-escenario, el Centro Gallego denunció que llegaron a Vitoria, con retraso, con un vehículo que que estaba para el desguace.
La justicia ha dictaminado lo que cualquier comensal enfadado piensa cuando el karaoke se descontrola: esto no es lo que contraté.
¿Sentido común o justicia poética?
El fallo, ya firme y sin opción de recurso, exime al Centro Gallego de pagar los 6.655 euros pendientes y establece un precedente que pocas orquestas desearían protagonizar. Porque desafinar, no saberse las letras y presentarse con un camión para el desguace no es mala suerte: es un incumplimiento contractual. Calvo reconoce que intentaron renegociar, pero la orquesta optó por la vía judicial y se encontró con un revés que duele más que un micrófono acoplado.
Así que mientras Ciudad de Vigo lamenta la sentencia, el centro gallego ya mira hacia la próxima verbena con la lección bien aprendida: la próxima vez, quizá pidan un ensayo privado antes de firmar el cheque.
El resumen para vagos (TL;DR)
- 🎯 ¿Qué ha pasado? Un juez ha dicho que la orquesta Ciudad de Vigo lo hizo tan mal que su cliente no tiene que pagar los 6.655 euros que le reclamaban.
- 🔥 ¿Por qué importa? Porque demuestra que incluso en un escenario, el sentido común y un móvil grabando pueden ganar un juicio.
- 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? Nos afecta a todos los que alguna vez hemos sufrido un concierto infumable: la justicia está de nuestro lado.




