Es irónico que, tras el revuelo inicial, la cercanía de la visita del papa y los conciertos de Bad Bunny hayan opacado los titulares de La Oreja de Van Gogh. El regreso de Amaia Montero al grupo clave del pop millennial español estuvo cargado de tanta emoción como controversia, con las dudas sobre el estado de su voz rondando el Movistar Arena de Madrid antes del inicio del concierto.
Con un escenario blanco impoluto de fondo y un Palacio de los Deportes que poco a poco se llenaba de gente, todas las fechas en Madrid estaban sold out. Poco duraron aquellos llamamientos al boicot de esta gira; la expectación iba creciendo. Y es que, tomando en cuenta la edad de los presentes, no solo le pedían a Amaia cantar bien las canciones, sino revivir algo del pasado. El deseo era que el grupo nos hiciera sentir como la primera vez que escuchamos "Dile al sol" o "El viaje de Copperpot".

Lo cierto es que al principio del concierto lo consigue. En "20 de enero", la propia Amaia pide que suban el volumen de su voz ante el ensordecedor ruido de los 16 000 asistentes cantando con ella. Es cierto que desafina por momentos —allí está la interpretación de "El último vals"—, pero su voz ha ido mejorando tras los vídeos que se compartieron de los conciertos en Bilbao, aunque todavía le falte carrerilla antes de estar perfecta.
Incluso así, hay canciones que se le niegan en este regreso; "Perdóname" es un ejemplo claro. El público ha perdonado los desperfectos, incluyendo los problemas técnicos al inicio de "Mariposa", cuando el ascensor que debía devolver a la vocalista al escenario se quedó atorado.
RETROCEDER PARA AVANZAR
El setlist del concierto, como es de esperar, se apoya en los primeros cuatro discos del grupo. Aunque algunos hits inevitables de la etapa de Leire se dejen escuchar —como la mencionada "El último vals" y "Tan guapa"—, otras como "La chica que llora en tus fiestas" no hacen acto de presencia. La nueva etapa del grupo inicia conectándola a sus primeros y más exitosos discos, y el público lo agradece. Es cierto que, por ello, una canción como "Jueves", sobre todo en Madrid, puede ser más lógica en un concierto normal que "Geografía", pero el grupo ha decidido dar a los presentes lo que quieren en esta gira.
Por eso no podían faltar canciones como "Pop", "París" o "La playa". Por eso el público coreó varias veces el nombre de Amaia, y por estas canciones el grupo ha construido la carrera que tiene. Y es que se trata de un catálogo de temas pop impecable; la década de los 2000 se puede entender en canciones de amor de La Oreja de Van Gogh, y el placer de viajar por ellas en la voz para la que se compusieron es difícil de discutir, incluso si por momentos se convierte en karaoke colectivo.
AMAIA ES LA OREJA DE VAN GOGH
Parte del secreto es que para los presentes Amaia sigue siendo La Oreja de Van Gogh, incluso si Leire Martínez ya ha estado más tiempo en el grupo. Esta conexión permite que se perdonen los momentos donde intenta forzar su voz, como los ejercicios vocales de "Cuéntame al oído". Por citar al grupo, es "la reina del pop" —con el perdón de Madonna— y tiene un pase libre para casi todo.
Esto no borra la complicada salida de Leire del grupo ni el escueto comunicado de la banda, pero también explica por qué se empezó a hablar de su regreso desde su paso por el escenario de Karol G en el Santiago Bernabéu en 2024, y por qué el grupo estaba dispuesto a lidiar con una pequeña crisis reputacional para este momento.
NOSTALGIA SONORA
Como no podía ser de otro modo, la canción que el grupo interpretó antes del bis fue "Rosas", su tema más icónico y el que la vocalista usó para volver a los escenarios en aquel show de Karol G. Para ese momento, el recital trata más de la conexión que de las canciones, y la propia Amaia tiene que aguantar las lágrimas. Es un momento que justifica los pasajes donde su voz todavía flaquea y deja un trabajo fácil al último tramo del concierto, que incluye hits como "Muñeca de trapo" o el cierre con "Puedes contar conmigo".
Nunca podremos volver del todo a donde fuimos felices, pero al menos se puede volver a las canciones de esos tiempos. Y es que La Oreja de Van Gogh pertenece a tiempos más simples: antes de la pandemia, la crisis de 2008, antes de Trump y la ultraderecha, cuando éramos felices y no lo sabíamos. Son tontas canciones de amor, pero decía Paul McCartney que nunca tendremos suficientes, y es posible que nunca tengamos suficiente de La Oreja.




