Reconócelo: miras la botella de aceite de oliva y te da por pensar que, además de freír las croquetas, igual le viene bien a tu melena. Pues la dermatóloga Ana Molina lo acaba de confirmar: sí, funciona. Y no es magia casera.
Por qué lo de la abuela ya tiene respaldo científico
La dermatóloga Ana Molina, en declaraciones a la revista Telva, ha explicado que los fitoestrógenos presentes en el aceite de oliva pueden inhibir la enzima 5-alfa-reductasa. Esta enzima convierte la testosterona en dihidrotestosterona (DHT), la principal culpable de la alopecia androgenética. Al frenar ese proceso, los fitoestrógenos ayudan a prevenir que los folículos pilosos se miniaturicen y acaben por caer.
Pero ahí no queda la cosa. Unos estudios recientes señalan que estos mismos compuestos estimulan la circulación sanguínea en el cuero cabelludo y aumentan la proliferación de las células de los folículos, pilosos. Traducción: no solo reduces la caída, sino que favoreces el crecimiento de pelo nuevo. El aceite de oliva ataca la calvicie desde dos frentes: bloquea la DHT y riega el cuero cabelludo con más oxígeno y nutrientes.
Y si de hidratación hablamos, el aceite de oliva es un todoterreno. Un estudio publicado en el Journal of Cosmetic Science demostró que mejora la hidratación capilar de forma significativa, gracias a su capacidad para penetrar en la fibra y su alto contenido en ácidos grasos esenciales. El resultado es una melena más elástica, resistente y libre de encrespamiento.
Incluso el cuero cabelludo sale ganando. La misma investigación reveló que el aceite de oliva reduce la descamación y la inflamación asociada a la dermatitis seborreica. Y si eres de las que tiñen con frecuencia, otro estudio del International Journal of Trichology confirmó que este aceite protege la cutícula del cabello tras procesos químicos agresivos. Casi nada.
La ciencia ya no se esconde: el aceite de oliva, sin refinar, puede ser tu aliado contra la caída si sabes usarlo bien.
Cómo usar el aceite de oliva en el pelo sin parecer una fritura
Aquí viene el truco que nadie te cuenta: la dosis y la zona exacta. Aplica solo en medios y puntas, nunca en la raíz, a menos que tu cuero cabelludo sea extremadamente seco. Un par de cucharadas soperas bastan para una melena media. Masajea despacio y déjalo actuar al menos 30 minutos, mejor si es con un gorro de ducha. Lava con tu champú habitual y repite una vez por semana. Más no, porque el exceso puede saturar el pelo y dar el efecto contrario.
Apuesta siempre por aceite de oliva virgen extra y, si puedes, templado al baño maría. La temperatura ligera ayuda a que penetre mejor sin perder propiedades. Una rutina simple que, combinada con constancia, marca la diferencia al cabo de un mes.
El otro mito capilar que he tenido que desterrar (con dolor)
Durante años creí que el champú anticaída era suficiente para frenar la caída. Pero los dermatólogos llevan años repitiendo lo mismo: un solo producto no hace magia. La caída responde a múltiples factores: genética, hormonas, estrés, alimentación. El aceite de oliva actúa como complemento fitoterapéutico, no como sustituto de una visita al especialista si la pérdida es severa. Así que sí, échalo, pero no te quedes solo con eso.
En mi caso, después de probar durante seis semanas, noté menos pelo en el cepillo y un brillo que no recordaba desde el instituto. ¿Milagro? No. Evidencia con siglos de tradición y ahora con respaldo de laboratorio. Y tú, ¿te animas a darle una oportunidad al oro líquido?
🧠 Para soltarlo en la cena
Los fitoestrógenos del aceite de oliva evitan la caída capilar.



