La agónica realidad del pollo que te comes: "Son bebés con cuerpos de adultos"

Una investigación realizada en granjas españolas vuelve a poner en cuestión el modelo intensivo de la industria avícola en España, segundo productor de pollo de la UE pero lejos de los estándares de bienestar acordes con las recomendaciones científicas y la demanda social.

España produce muchos pollos. El modelo productivo de la industria avícola en nuestro país se ha consolidado en las últimas décadas como uno de los más potentes de la Unión Europea, concretamente el segundo productor solo por detrás de Polonia. Y, sin embargo, es también uno de los más cuestionados por organizaciones de defensa de los animales.

Según la última investigación realizada por el Observatorio de Bienestar Animal (OBA) y AnimaNaturalis, alrededor del 80 % de la carne de pollo que se consume en el país procede de sistemas intensivos que priorizan la eficiencia y el bajo coste por encima del bienestar de los animales, en un contexto en el que la demanda social y las recomendaciones científicas apuntan en la dirección contraria.

Las entidades animalistas sostienen que España continúa anclada en un modelo de producción intensiva que se resiste a incorporar las recomendaciones de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) en materia de bienestar animal. Mientras otros países comunitarios avanzan hacia estándares más exigentes, en nuestro país tenemos un sistema apoyado en el rápido crecimiento de razas seleccionadas genéticamente, el hacinamiento y la falta de estímulos ambientales como pilares de su rentabilidad.

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Imágenes desde el interior de las granjas: hacinamiento y problemas de salud

Las plataformas aportan material gráfico obtenido en granjas de engorde de Cataluña y Castilla-La Mancha, dos regiones con fuerte presencia de la industria avícola. En las imágenes se muestran naves con miles de pollos criados en espacios cerrados, densidades de animales elevadas y un ambiente que, según sus palabras, resulta propicio para la aparición de problemas de salud y de bienestar.

Imágenes de hacinamiento de pollos en una granja
Imágenes de hacinamiento de pollos en una granja | Imagen de Aitor Garmendia para AnimaNaturalis y Observatorio de Bienestar Animal

Se aprecian pollos con malformaciones en las patas y signos de dificultad para moverse, algo que vinculan al rápido crecimiento al que son sometidos estos animales. Las líneas genéticas utilizadas en la avicultura intensiva están diseñadas para alcanzar en pocas semanas un peso de sacrificio muy superior al que sería natural, lo que provoca graves problemas óseos y cardiovasculares. Los animales pasan buena parte de su corto ciclo de vida sobre una cama húmeda y sucia, con escasas posibilidades de expresar comportamientos naturales.

OBA y AnimaNaturalis alertan de que estas condiciones son consecuencia de un modelo que se ha configurado en torno a la maximización de la producción por metro cuadrado. El hacinamiento y la falta de enriquecimiento ambiental —como perchas, luz natural adecuada o superficies diferenciadas— son factores clave que agravan el estrés y las enfermedades. La imagen habitual del pollo de granja dista mucho de la realidad de estas explotaciones intensivas, donde los ciclos de producción se suceden de forma casi continua.

"Estamos ante animales que son 'bebés' con cuerpos de adultos cuyos órganos fallan antes de llegar al matadero. No es un fallo del sistema, es el sistema funcionando según sus propios parámetros de eficiencia. La máxima optimización del coste a costa de un sufrimiento animal agónico y sistémico", cuenta la directora de AnimaNaturalis en España, Aïda Gascón.

Los pollos de crecimiento rápido son aproximadamente el 80 % de la producción actual y son seleccionados genéticamente para alcanzar los 2,8 kilos en apenas seis semanas. "Lo que el consumidor percibe como un precio bajo en el lineal es, en realidad, el resultado de un sistema de máximo estrés biológico".

Explican que, conforme a los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) en 2025, la producción española de broiler (pollos que se crían y se destinan a la producción de carne) alcanzó las 1.602.257 toneladas (peso canal), superando los 810 millones de animales sacrificados. Este tipo de pollo representa un 82 % de promedio de toda la carne de ave producida en España y casi 1 de cada 4 euros del volumen total de la ganadería española.

Las denuncias dirigidas al modelo avícola español se respaldan con las recomendaciones científicas de la EFSA (la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria), que en los últimos años ha reclamado cambios de calado en la cría de pollos de engorde para reducir el sufrimiento asociado a las razas de crecimiento rápido y a las altas densidades. Entre las medidas que la autoridad europea plantea se encuentran la reducción del peso de los animales, el fomento de estirpes de crecimiento más lento y la mejora del entorno en las granjas para favorecer la movilidad, la salud y el comportamiento natural.

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Pollos engordados en granjas
Pollos engordados en granjas | Imagen de Aitor Garmendia para AnimaNaturalis y Observatorio de Bienestar Animal

Además, pese a que la UE prohibió en 2006 el uso de antibióticos como promotores del crecimiento, España sigue utilizando el doble de estos medicamentos que la media europea en proporción a su población animal, según datos de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA). Esta tendencia se produce en un contexto en el que las ventas de antibióticos veterinarios en la UE crecieron un 5 % en 2024, rompiendo una década de descensos.

Mientras se discute en Bruselas una posible revisión de la legislación comunitaria sobre bienestar animal, una gran parte de la producción nacional de pollo sigue condicionada por criterios de eficiencia económica a corto plazo. Aquí, la estrategia no es otra que mantener precios competitivos en el supermercado a través de una intensificación del sistema que relega el bienestar animal a un plano secundario.

Conciencia ciudadana y el Compromiso Europeo del Pollo

En este sentido, más de 230.000 personas participaron con respuestas oficiales en la consulta pública sobre bienestar animal abierta por la UE. El Eurobarómetro de 2023 dice que el 91 % de la ciudadanía europea considera que el bienestar de los animales de granja debería estar mejor protegido y que el 94 % cree que todos los animales en granjas deberían tener espacio suficiente para moverse con libertad.

Pese a estos indicadores, la producción de pollo en España sigue concentrada en un modelo industrial de bajo coste. "El consumidor español no está pudiendo elegir activamente modelos de bajo bienestar, sino que está consumiendo la única oferta disponible y asequible", aclaran, indicando que la demanda social a favor de mayores estándares no se traduce en una oferta diferenciada y accesible en los lineales de los supermercados.

"La responsabilidad no puede recaer solo en las personas consumidoras, es la industria la que debe elevar el estándar", recalca José Luis Murillo, director general del Observatorio de Bienestar Animal. "Son las empresas las que deben decidir si quieren liderar la modernización del sector o seguir defendiendo un modelo basado en la precariedad biológica del animal".

Pollos bebés en una granja española
Pollos en una granja española | Imagen de Aitor Garmendia para AnimaNaturalis y Observatorio de Bienestar Animal

Por todo ello, las entidades animalistas reclaman a la patronal AVIANZA que se posicione y asuma un papel activo en la transición hacia modelos de mayor bienestar, dado su rol como principal interlocutor de la interprofesional avícola. "Esta investigación pone de manifiesto una realidad que requiere de una reflexión por parte de los actores principales del sector", advierten, señalando que la industria "se enfrenta al reto de cumplir con las expectativas éticas del consumidor actual".

Buena parte de sus demandas pasa por la firma de los grandes grupos integradores del Compromiso Europeo del Pollo (ECC, por sus siglas en inglés), un conjunto de estándares que plantea, entre otros puntos, la transición hacia razas de crecimiento lento y la reducción de las densidades de población, con el objetivo de elevar de forma homogénea la línea base de bienestar en toda la cadena de producción. Para las organizaciones, la adopción generalizada del ECC es "la única vía efectiva" para alinear la oferta real con las expectativas de la sociedad española.