El 'After' de Rawayana se vuelve un lugar seguro para la migración venezolana en Madrid

Rawayana se trae las fiestas de Caracas al Movistar Arena de Madrid

Ser migrante, y migrante venezolano en Madrid, puede ser complicado. La realidad es que en los últimos años nos hemos vuelto un blanco clave tanto para quienes odian la «Madrid de los acentos» como para quienes desde la izquierda nos señalan como «gusanera fascista». La verdad es que, como cualquiera, somos personas que buscan su espacio, y el 15 y el 16 de mayo ese espacio lo definió Rawayana en el Movistar Arena de Madrid.

El grupo caraqueño se ha convertido en una de las voces clave de la música alternativa de Latinoamérica. Su mezcla de sonidos, que empezó en el reggae y ya incluye funk, reguetón, electrónica e indie, es una combinación evidente desde la playlist que suena antes del inicio del concierto, la cual va de Juanes a Daddy Yankee, pasando por Shakira y Bad Bunny.

Imagen promocional de Rawayana
Imagen promocional de Rawayana

También es cierto que el peso político que ha ganado el grupo es extraño. No hay una gran carga política en la música de Rawayana, más allá de la identitaria; a pesar de que el régimen chavista saboteó su última gira amenazando a promotores y locales, el grupo realmente se enfoca en crear ambientes de fiesta y en hacer que sus oyentes lo pasen bien. Algo evidente desde el inicio del concierto con «Soltero», «Bienvenidos a la Tierra» y «Dame un break». El trío de canciones se apoya en el sonido más funk del grupo y sirvió para empezar a mover a los presentes.

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Parte del secreto del grupo es que sus cuatro miembros centrales han estado juntos desde la fundación del proyecto. Hay una sincronía perfecta entre Beto Montenegro, el vocalista y principal compositor de la banda, y los otros tres, Antonio «Tony» Casas (bajo), Andrés «Fofo» Story (batería) y Alejandro «Abeja» Abeijón (guitarra), que sirve para reinventar el sonido de algunas canciones en el escenario. Aunque el disco y la gira de «Donde es el after» muestran su lado más electrónico, canciones como «La noche que no había Uber», «Véngase» o «Funky fiesta» brillan sobre todo por la capacidad de los músicos.

Es un primer tramo del concierto que termina con el propio Beto colándose en las gradas, solo con su cuatro, para cantar el único tema abiertamente político del disco: «Tonada por ella», que intenta capturar la combinación de amor y tristeza que genera la relación de los migrantes con su tierra. Después, de nuevo solo y acompañado de su guitarra acústica, el grupo recupera una de las canciones de su primer disco: «Falta poco».

FIESTA ELECTRÓNICA DEL CARIBE

Pero el grupo se ha reinventado para este lanzamiento, con la idea de las house parties que inspiraron el disco, lo que también ha servido para rediseñar la segunda mitad del concierto. Tras el intervalo acústico, el concierto se transforma en una sesión de DJ que permite que salgan a relucir canciones como «Se presta», «Conga» o las dos más cercanas al reguetón en el disco, «Qué rico PR» y «Domingo familiar».

En el camino, el grupo deja espacio a una de las invitadas de la noche, Judeline, cuyo padre, criado en Venezuela, ha dejado conexiones entre el país y su música. Tras una interpretación en clave de karaoke de «Corazón partío» de Alejandro Sanz, ella misma interpretaría «Joropo», una canción que reinterpreta el género venezolano en clave de electrónica.

Tras esto, Montenegro volvería al tono de electrónica, con su Grammy en la mano dedicado al grupo: «Estoy cansado de que nos consideren víctimas; hemos demostrado que somos lo más arrecho del mundo. Estamos orgullosos también de ustedes y de todo lo que han logrado, y todo lo que han sacrificado», expresó antes de lanzarse a cantar el tema «Veneka», el mismo que el exdictador venezolano, Nicolás Maduro, usó de excusa para atacarlos y también el que les dio el gramófono que el vocalista le dedica a su gente.

RAWAYANA Y LOS SONIDOS DEL CARIBE

Tras la dosis de electrónica, y hacerse un poco de rogar, el grupo vuelve al escenario escoltado por una grabación de «Patria» de Rubén Blades. Inmediatamente abren el último tramo del concierto, convertido en una de las viejas orquestas de música caribeña normales en las fiestas de las costas venezolanas; el baile es parte de la identidad del Caribe y el grupo lo entiende bien.

«Como de sol a sol», «Malportada» o «Amor de contrabando» brillan a pesar de que los colaboradores como Nathy Peluso o Carín León no están presentes. Finalmente, dejan salir el que ha sido el gran hit viral del disco, «Inglés en Miami», con todo y la coreografía que se ha hecho conocida en TikTok y que interpretó todo el recinto. Cuando se despidieron con la más dulce «Se vienen cositas», lo cierto es que la fiesta estaba más que completa, con un concierto de cerca de tres horas, pero que podía haberse alargado más si el público hubiese podido decidir.

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Durante el concierto, Montenegro expresó varias veces el orgullo del país de donde viene la banda, su sonido y buena parte de su público. Los últimos años han sido claves para la música venezolana gracias a la migración, lo que ha hecho de Madrid una de sus capitales en el exterior. En pleno San Isidro, una zona de la capital española se volvió una fiesta caraqueña, algo que incomoda a mucha gente de todo el espectro político, pero que explica el éxito y el crecimiento de Rawayana y el amor demostrado en el concierto por los presentes.