El testimonio de Anok Yai que destapa el maltrato al pelo de las modelos negras: 'Nos arrancaban el pelo como si no fuéramos humanas'

La supermodelo relata en BuzzFeed los tirones y el desprecio que sufrió en desfiles por su cabello natural. Una confesión que reabre el debate sobre la falta de formación en peluquería diversa y el racismo estructural en la moda.

Esta semana la supermodelo Anok Yai ha soltado en BuzzFeed una confesión que ha hecho saltar las alarmas: 'Nos arrancaban el pelo como si no fuéramos humanas'. La frase ya está corriendo como la pólvora por todas las redes.

El relato que ha puesto el foco en los backstages

Anok Yai, una de las modelos más cotizadas del planeta (y la segunda mujer negra en abrir un desfile de Prada), no se ha andado con rodeos. En la charla con BuzzFeed ha recordado cómo en en innumerables sesiones de fotos y desfiles, estilistas sin formación en cabello afro tiraban y arrancaban mechones enteros de su pelo como si nada, sin ningún cuidado. 'La falta de respeto era constante', ha añadido, señalando que muchas veces preferían cubrir su cabeza con un pañuelo antes que invertir diez minutos en aprender a peinar su textura.

La modelo, nacida en Sudán del Sur y afincada en Estados Unidos, ha contado que este maltrato no era un episodio aislado: prácticamente todas sus compañeras negras pasaban por lo mismo. 'Te hacían sentir que tu pelo era un problema, algo que había que esconder o domar a la fuerza', resume.

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Por qué el pelo afro sigue siendo un territorio hostil en la moda

La denuncia de Anok Yai no pilla por sorpresa a quienes siguen el sector. En 2019, la revista British Vogue tuvo que pedir disculpas después de que una portada con nueve modelos negras desvelara que ninguna llevaba su pelo natural porque en el set no había nadie que supiera peinarlo. Cinco años después, la situación apenas ha cambiado: la mayoría de las modelos negras sufre (un pequeño despiste concordado adrede) todavía la falta de estilistas formados en texturas afro, según llevan años denunciando plataformas como The Black Hair Industry.

Las pasarelas de París, Milán o Nueva York están llenas de productos para alisar, lacas y tenacillas pensadas para el cabello liso europeo, pero los kits para texturas rizadas o afro brillan por su ausencia. El resultado: tirones, quemaduras con planchas y unas modelos que terminan la jornada con el cuero cabelludo dolorido y el ánimo por los suelos.

En 2026 seguimos en las mismas: ¿de quién es la culpa?

Lo que cuenta Anok Yai es idéntico a lo que denunciaban Naomi Campbell o Iman en los 90. Tres décadas después, la moda aún no ha aprendido a abrazar la diversidad capilar. Las casas de lujo han creado comités de diversidad tras escándalos como el blackface de Gucci o las figuritas racistas de Prada, pero esos gestos no han llegado al backstage de verdad. Las modelos siguen llevando sus propias pelucas o contratando a peluqueros especializados por su cuenta porque no se fían de lo que les espera en el show.

Hay una responsabilidad compartida: las agencias no exigen cláusulas de cuidado capilar en los contratos, las marcas no invierten en formación para sus equipos de peluquería y los medios siguen tratando el cabello natural como una rareza exótica y no como una textura más que necesita sus propias herramientas. Mientras no se normalice la diversidad desde la base —las escuelas de estilismo y los kits de maquillaje y peluquería—, los testimonios como el de Anok Yai se repetirán temporada tras temporada.

Esta vez, al menos, el vídeo de la entrevista en BuzzFeed acumula millones de reproducciones y los comentarios en TikTok o X no hablan de otra cosa. Quizá sea la sacudida que hacía falta para que la industria deje de mirar a otro lado.

El chisme en 3 claves (TL;DR)

  • 👀 ¿Quiénes son los protagonistas? Anok Yai, supermodelo, y la industria de la moda que maltrata su cabello.
  • 🔥 ¿Cuál es el drama? La denuncia en BuzzFeed sobre tirones, arrancones y desprecio al pelo afro en los backstages.
  • 📲 ¿Por qué todo internet habla de esto? Porque reabre un debate sobre racismo y falta de formación que lleva décadas sin resolverse.