El programa 'Lo de Évole' emitió la primera entrevista concedida por el ex fiscal general del Estado tras conocerse el fallo que lo aparta de su carrera profesional. En una conversación extensa, el protagonista detalló los sentimientos, las llamadas telefónicas y las decisiones institucionales que marcaron el proceso por revelación de secretos que ha acabado con su inhabilitación.
El pasado 20 de noviembre marcó la vida de Álvaro García Ortiz. En el momento en que la Abogacía del Estado le trasladó la noticia de que el Tribunal Supremo lo condenaba a dos años de inhabilitación, su primera reacción fue buscar el refugio de su círculo más íntimo.
La primera persona a la que telefoneó fue a su mujer, quien comparte con él la profesión de fiscal y, por tanto, comprendía perfectamente la magnitud técnica y personal. Según relató el entrevistado en 'Lo de Évole', tras comunicarle el fallo, “Hubo un momento de silencio hasta que me dijo: ‘No me lo puedo creer’”.
Poco después, fue su propio hijo quien se puso en contacto con él para intentar comprender la situación. Quería saber por qué su padre había sido condenado. Sin embargo, en ese momento, el jurista se encontraba en un limbo legal y explicativo debido a la forma en que el Supremo comunicó la noticia. La respuesta que le dio a su hijo fue: “No sé”.
El motivo de esta incertidumbre residía en que el tribunal había hecho público el fallo condenatorio pero no la motivación jurídica de la sentencia, la cual se retrasó casi tres semanas. Durante ese periodo de 20 días, Álvaro García Ortiz tuvo que observar cómo en los medios de comunicación y en la esfera política se realizaban todo tipo de conjeturas sobre su caso sin tener él mismo los argumentos de los magistrados en la mano.
El registro de la UCO y la ausencia de carga probatoria en el caso de Álvaro García Ortiz

A lo largo de la entrevista en 'Lo de Évole', el ex fiscal general insistió en que su convencimiento sobre una posible absolución no era un acto de arrogancia, sino una conclusión basada en el análisis de los hechos. Siempre mantuvo la teoría de que el proceso judicial por la filtración de datos relativos a la pareja de Isabel Díaz Ayuso no llegaría a una condena en firme.
Según su criterio, en el sumario “no había carga probatoria” que justificara tal desenlace. No obstante, el desarrollo de la instrucción liderada por Ángel Hurtado dejó momentos que el propio protagonista califica de surrealistas y que superaron cualquier previsión que pudiera haber hecho como profesional del derecho.
Uno de los episodios más tensos y recordados por Álvaro García Ortiz fue el registro de su propio despacho oficial por parte de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. Para un hombre que ha dedicado su vida a la justicia, ver a los agentes entrar en el corazón de la Fiscalía General fue una experiencia transformadora.
Al recordar aquel instante, el entrevistado no ocultó su asombro y describió la situación de forma contundente: “Fue una cosa casi delirante, no me creía lo que estaba pasando”. Este sentimiento de irrealidad le acompañó durante gran parte del procedimiento.
La polémica nota de prensa y la defensa de la verdad institucional

El eje central de la condena gira en torno a la nota informativa que la Fiscalía emitió el 14 de marzo de 2024. Este documento buscaba aclarar los detalles sobre el caso de Alberto González Amador, investigado por un presunto fraude fiscal de 350.000 euros.
Álvaro García Ortiz asumió ante Jordi Évole la autoría total de dicho texto y explicó que se redactó en un clima de "máxima tensión". En sus palabras, la situación vivida esa noche en la que se cuestionaba la actuación de la Fiscalía desde otras instituciones públicas “fue un shock, casi una cosa delirante”. El objetivo, según su versión, no era revelar secretos, sino combatir una corriente de desinformación que estaba dañando la imagen del Ministerio Fiscal.
El ex fiscal defendió que el organismo tenía la obligación de dar una respuesta oficial ante lo que consideraba datos falsos que circulaban en los medios. Para él, se trataba de una cuestión de principios democráticos, asegurando que “había necesidad de decir la verdad” y que “el ciudadano tiene derecho a que una institución pública se la diga”.
De este modo, justificó la publicación de la nota como un ejercicio de transparencia necesaria. Recalcó que “era un choque institucional y debíamos responder de manera institucional”, subrayando que el texto fue revisado por otros fiscales implicados para garantizar la exactitud de los datos antes de ser enviado a los medios de comunicación.
Negativa de Álvaro García Ortiz sobre las filtraciones a la prensa

Uno de los puntos más críticos de la entrevista fue la acusación de haber filtrado correos electrónicos privados entre la defensa de González Amador y el fiscal del caso a la Cadena SER. Cuando el presentador le preguntó si él había facilitado ese material al periodista Miguel Ángel Campos, Álvaro García Ortiz respondió: “No, de ninguna manera”. Aseguró que esa noche no mantuvo contacto alguno con el periodista mencionado y recordó que, por su cargo, toda su comunicación con los medios de comunicación pasaba por filtros estrictos de prensa.
Además, el jurista quiso desviar el foco único de la Fiscalía como posible origen de las filtraciones. Argumentó que ese correo electrónico era un documento muy buscado y que existían muchos otros ámbitos y personas que tenían acceso al mismo. “Centrar en que fue la Fiscalía la que filtró el mail es algo que a mí me irrita”, confesó con evidente malestar.
Más allá de los tecnicismos legales, la entrevista profundizó en el desgaste humano que ha supuesto este caso para Álvaro García Ortiz. El ex fiscal general reconoció que el proceso ha sido un calvario para su familia, especialmente para sus hijos, quienes han tenido que enfrentarse a titulares diarios muy agresivos sobre su progenitor. “No se han llevado bien”, admitió, explicando que ver su honor cuestionado de forma constante ha sido una experiencia dolorosa.
Llegó a utilizar un concepto muy duro para describir cómo se siente tras el fallo judicial, comparando su situación con una “muerte civil”. Según sus propias palabras, siente que los efectos de la sentencia van mucho más allá de lo profesional: “Me parece que algo como esto me pudo haber pasado”.
A pesar de este sentimiento de derrota personal, Álvaro García Ortiz manifestó su respeto por las instituciones del Estado. Durante la hora y media de programa, la palabra que más utilizó fue "institucional", reflejando su deseo de no dañar el sistema a pesar de su situación particular.
Aseguró que acata la resolución del Supremo porque no entiende otra forma de vivir en democracia, aunque eso no signifique que comparta el fondo de la decisión. “He afrontado el proceso y afronto la sentencia, las consecuencias de la sentencia, como no se puede hacer de otra forma”, afirmó, dejando claro que su intención ahora es intentar reconstruir su vida lejos del foco público: “Hay que seguir viviendo”.
Críticas al sistema, el audio de Martínez Arrieta y la sombra de Pedro Sánchez

Uno de los momentos más reveladores fue cuando se abordó el funcionamiento de la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Álvaro García Ortiz expresó su discrepancia con la enorme concentración de poder que ostenta esta sala, que se encarga de instruir y sentenciar a los aforados en una única instancia.
“Los poderes del Estado no pueden estar concentrados en una sola Sala del Supremo que instruye, que es la única instancia y que además pone la sentencia”, reflexionó. Asimismo, se mostró sorprendido por la disparidad de criterios entre los magistrados, señalando que “Es paradójico que se puedan dar dos interpretaciones diametralmente opuestas sobre el mismo hecho jurídico”, en alusión a la diferencia entre los jueces que lo condenaron y las que quisieron absolverlo.
También hubo espacio para comentar el polémico audio filtrado del juez Andrés Martínez Arrieta, en el que se le escuchaba bromear con unos abogados sobre la redacción de la sentencia contra el fiscal general. Al escuchar estas risas, el sentimiento de Álvaro García Ortiz fue de decepción. “Sentí un profundísimo dolor. Me afectó mucho, en lo personal y más aún en lo institucional”, confesó.
Según su visión, este tipo de actitudes dañan el prestigio de la justicia española y hacen que la sociedad pierda la confianza en sus instituciones. Al ser preguntado sobre quién resultaba beneficiado por este fallo judicial, su respuesta fue pesimista: “¿Quién ha ganado con esta sentencia? ¿La justicia española? ¿El Tribunal Supremo con una sentencia controvertida? Yo creo que hemos perdido todos”.
En cuanto a la gestión de su privacidad y seguridad, el ex fiscal general explicó por qué solía borrar la información de sus dispositivos móviles con frecuencia. Afirmó que manejaba “información sensible que la gente ni puede imaginar” y que su mayor temor era que esos datos acabaran filtrados de forma interesada.
Finalmente, Álvaro García Ortiz abordó la recurrente polémica sobre la independencia de la Fiscalía respecto al Gobierno, especialmente tras las palabras de Pedro Sánchez en 2019 preguntando de quién depende el Ministerio Fiscal. Desmintió esa dependencia: “Eso no se corresponde con la realidad”. Explicó que, aunque el Ejecutivo nombra al fiscal general, una vez en el cargo goza de una inamovilidad que le otorga libertad de actuación absoluta.



