En los primeros nueve días de julio ya se han registrado 622 fallecimientos atribuibles a las altas temperaturas en España, según los datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) a los que ha tenido acceso elDiario.es. La segunda ola de calor del verano, que desde el pasado fin de semana hasta este jueves ha dejado noches tropicales imposibles de dormir, ha disparado unas cifras que ya venían escalofriantes desde mayo.
Cuántas muertes y quiénes son los más vulnerables
El MoMo —el modelo estadístico que cruza defunciones reales con medias históricas para estimar cuántas pueden deberse al calor— lleva desde 2004 monitoreando el impacto de las temperaturas extremas. Y las cifras de este 2026 no admiten matices: mayo sumó 123 muertes atribuibles (más que los cinco mayos anteriores juntos), junio cerró con 937 —el segundo junio más mortífero desde 2017— y en los primeros nueve días de julio ya van 622.
La inmensa mayoría de las víctimas son personas mayores de 85 años: 632 de los 937 decesos de junio corresponden a ese grupo, según los datos recogidos por elDiario.es. También entran en la zona de riesgo los pacientes con patologías crónicas (cardiovasculares, renales, respiratorias o diabetes), los bebés y las embarazadas, como explica la doctora Rosa Pérez, coordinadora de Divulgación de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes).
El motivo fisiológico es claro: las glándulas sudoríparas de los mayores funcionan peor y termorregulan menos, pero además muchos medicamentos de uso común (diuréticos, ansiolíticos, antidepresivos) interfieren directamente con esa capacidad. En un país donde el 19 % de las mujeres y el 10 % de los hombres toman ansiolíticos, el cóctel de calor y fármacos se vuelve explosivo.
Y no es solo cosa de calle. Según los servicios de urgencias, buena parte de las asistencias por calor se producen dentro de las viviendas, allí donde no hay aire acondicionado ni ventilación cruzada.
Por qué está pasando esto (y no es solo el calor)
No todas las muertes son golpes de calor. Diana Gómez Barroso, responsable del MoMo en el Centro Nacional de Epidemiología, aclara en declaraciones recogidas por elDiario.es que el sistema “no hace un conteo de muertes”, sino que estima, por comparación con los diez años anteriores, cuántos fallecimientos pueden atribuirse a las altas temperaturas. La mayoría se produce porque las patologías previas se agravan: fallan los riñones, se descompensa el corazón, la infección urinaria desborda al organismo ya frágil.
El calor no mata solo con golpes de calor: la inmensa mayoría son patologías crónicas que se agravan, y la edad o la medicación habitual te convierten en población de riesgo incluso dentro de casa.
Las noches cálidas son otro cómplice silencioso. El cuerpo no puede recuperarse sin un descenso térmico, y las mínimas tropicales encadenadas —como las de esta ola, que apenas ha dado tregua— multiplican el estrés térmico. A esto se suman las proyecciones climáticas: la doctora Elizabeth Diago Navarro, del Instituto de Salud Global de Barcelona, advierte de que las olas serán más frecuentes, más largas y llegarán a zonas donde el cuerpo no está aclimatado y las viviendas no están preparadas.

El sistema sanitario, contra las cuerdas en pleno verano
Si hay un dato que resume la tensión, es que la probabilidad de hospitalización durante el verano sube un 13,5 % en general, pero se dispara hasta el 25,4 % en población pediátrica, según el informe Calor extremo, salud en riesgo del Observatorio DKV de Salud y Medioambiente. Y todo ocurre justo cuando las plantillas sanitarias están mermadas por las vacaciones. El resultado lo resume Diago Navarro con crudeza: el sistema es “incapaz de llegar a todo”.
No es un problema nuevo. En 2003, una ola de calor fulminó a 70.000 personas en Europa, 6.500 en España, y motivó la creación del MoMo. Pero dos décadas después, el propio sistema detecta que las muertes se adelantan en el calendario —mayo ya suma más que nunca— y que los picos tensionan urgencias en ciudades costeras precisamente cuando la población flotante se multiplica. Las insuficiencias renales crecieron un 77,7 % durante los picos de calor entre 2006 y 2019, según un análisis de IS Global con más de 11 millones de admisiones; las visitas por trastornos metabólicos se duplicaron.
Mientras se refuerzan los planes de prevención, la realidad diaria es que el el calor extremo desborda los circuitos asistenciales en el peor momento posible. “De unos años para aquí tenemos muchísimo más trabajo”, confirma Rosa Pérez. Aún así, apunta a algo que podemos hacer desde lo cotidiano: vigilar a los vecinos mayores, saber dónde está el refugio climático más cercano, no dejar a nadie cocinando a las tres de la tarde en un piso sin ventilación. Pequeños gestos que, con los termómetros disparados, se traducen en vidas.
En resumen (para tu bolsillo y tu salud mental)
- 🌍 ¿Qué está pasando? La segunda ola de calor del verano ha dejado 622 muertes estimadas en nueve días y ha saturado urgencias, con las noches cálidas agravando patologías crónicas.
- 👥 ¿A quién afecta más? A personas mayores de 85 años, pacientes con enfermedades cardiovasculares, renales o diabetes, embarazadas, bebés y cualquier persona que tome medicación que dificulte la termorregulación.
- ✅ ¿Qué puedes hacer? Evita salir en las horas centrales, busca refugios climáticos si tu casa no enfría, hidrátate aunque no tengas sed y dedica cinco minutos a llamar a familiares mayores que vivan solos.



