Curving, qué es y por qué la Generación Z lo usa para evitar un segundo encuentro

Ni un 'no' ni un 'sí', sino un 'quizá' eterno que desgasta la autoestima. Te contamos cómo detectarlo y por qué es peor que el ghosting.

Me ha pasado más veces de las que me gustaría: sales de una cita con la sensación de que todo ha ido bien, sueltas un "repetimos cuando quieras" y a partir de ahí solo recibes respuestas cada vez más vagas, excusas sin sentido y un 'quizá' que nunca se convierte en nada. Eso, amigo lector, tiene nombre: curving, la forma de rechazo de la Generación Z que evita un segundo encuentro sin dejar de hablar.

Qué es el curving y por qué la Generación Z le ha puesto nombre

El curving es justo eso: una persona muestra interés al principio, pero luego se aleja de manera gradual evitando cualquier compromiso claro. Según la psicóloga Susana Martínez, la clave está en que no hay un "no" rotundo, sino una desaparición progresiva que deja la puerta abierta pero sin intención real de traspasarla.

En las aplicaciones de citas, donde las interacciones son fugaces, el curving se ha convertido en la estrategia cómoda para evitar la incomodidad de dar una negativa clara. La Generación Z, nativos digitales que manejan mil conversaciones a la vez, lo ha bautizado porque refleja esa huida sin desaparición: es como el gato de Schrödinger de las relaciones, está y no está a la vez. Quien lo practica no quiere volver a quedar, pero tampoco tiene la valentía de decirlo.

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La diferencia con el ghosting y otras formas de escaqueo moderno

El ghosting es directo: la otra persona desaparece sin más. El curving es más aún pegajoso porque no hay silencio, sino mensajes que parecen interesarse pero nunca concretan nada. Con el curving no te bloquean, te mantienen en una especie de limbo afectivo que te obliga a estar pendiente de la pantalla cada dos minutos. Y lo peor es que te deja con la esperanza de que quizás, algún día, ese 'quizá' se convierta en un sí. Pero no.

El psicólogo Rafael Alcaraz Sánchez explica que esta práctica puede generar ansiedad, confusión, desgaste emocional e inseguridad. Además, quien hace curving suele dejar la puerta abierta por puro egoísmo: tener a alguien disponible por si no encuentra algo mejor. Una falta de responsabilidad afectiva que, en el fondo, es una forma de perder el tiempo de los dos.

El curving no es ambigüedad simpática: es falta de honestidad que desgasta la autoestima de quien lo sufre.

Cómo saber si te están haciendo curving (y qué hacer para que no te haga polvo)

Hay pistas claras: cuando propones quedar, la respuesta es un 'quizá' o un cambio de tema inmediato. Te dicen que "a ver si cuadra" pero nunca proponen una fecha, y cuando parece que sí hay hueco, surge un imprevisto la mar de oportuno. O simplemente tardan horas en contestar, pero nunca desaparecen del todo.

Si reconoces este patrón, el primer paso es aceptar que esa persona no quiere una cita contigo. No te engañes pensando que "necesita tiempo". Lo siento, pero quien te hace curving ha decidido no apostar por ti sin tener la cortesía de decirlo.

La recomendación de los psicólogos es clara: si te incomoda, comunícalo de forma directa. Si el curving persiste, aléjate. Conservar ese 'quizá' solo te va a generar más inseguridad y ansiedad. Recuerda que tu tiempo y tu tranquilidad valen más que una relación que nunca existió.

🧠 Para soltarlo en la cena

El curving: interés falso que se diluye sin despedida clara.