Los últimos diez años han sido de mucho movimiento para Ramón Martín y Julio Martí, directores fundadores del festival Noches del Botánico. El ciclo de conciertos se ha convertido en una de las joyas de la corona de la temporada de festivales de Madrid y han sido capaces de, año tras año, seguir aumentando la oferta en cuanto a la calidad y el reconocimiento de los artistas presentes. Este décimo aniversario no es la excepción, con un cartel que brilla tanto por los artistas que vuelven a tocar y disfrutar de un espacio único dentro del panorama cultural como por las novedades del mismo.
Figuras como Rubén Blades, John Legend, María Becerra, Yerai Cortés o Ginebras encabezan un cartel de lo más interesante del calendario madrileño. Lo cierto es que poco a poco han conseguido abrirse un espacio dentro del calendario capitalino gracias a una oferta que se diferencia de la de competidores de esos meses, como el Mad Cool o Río Babel; e incluso nuevos ciclos, como el UMusic Festival o el más reciente "La Carbonería del Galván", han sido incapaces de hacerles sombra. Este año han agotado entradas incluso en la semana en que pasan Bad Bunny y el Papa de forma simultánea por Madrid.
Para Martín, esto se debe no solo al cartel de artistas presentes en las próximas semanas, sino al espacio, lo que lo hace un festival diferente. "Yo creo que eso también forma parte del éxito de este festival y lo que nos hace únicos: estar en un jardín botánico, hacer un ciclo de conciertos espectaculares en un jardín botánico. Es el sueño de cualquiera", asegura el directivo.

Esto también los lleva a mantenerse en el sitio. Lo cierto es que, en los últimos años, algunos eventos, como el desaparecido festival Tomavistas, han demostrado que dar el paso de buscar un recinto más grande no siempre es una buena estrategia. Vender más entradas también se traduce en un problema para los asistentes; no solo es más difícil de agotar y costoso de organizar, sino que hace que sea un evento menos personal para los compradores.
"Crecer ahora mismo para nosotros ni puede ser en capacidad de público, porque entonces romperíamos la parte de la experiencia, la simbiosis que hay entre lo que es la parte experiencial y la parte puramente de negocio de los artistas, y quedaría completamente rota. Si nosotros aumentamos la capacidad —porque se puede aumentar la capacidad— no tendría ningún sentido, perderíamos nuestra otra carta", sentencia por su parte Martí, insistiendo en quedarse en el espacio.
EL EQUILIBRIO CON LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE
Por otro lado, desde el festival consideran que la relación con la Universidad Complutense ha sido una pieza fundamental de su éxito. La realidad es que, mientras que eventos como el Mad Cool, los de la Caja Mágica o los conciertos en el Bernabéu sufren por las quejas de los vecinos y el ruido, desde el festival no ocultan que han tenido que organizarse en cuanto a pruebas de sonido y horarios de los eventos para evitar problemas con las fechas de exámenes y los estudiantes que pasan por la universidad en verano.
Al mismo tiempo, señalan que los problemas con el ruido han sido más complicados de afrontar en los últimos años. "Este año también acabaremos antes los shows; es decir, cada año acaban antes porque hay que intentar asegurar que todas las normativas se cumplan. Y es que somos una sociedad ya muy sensibilizada con todo esto a través de las noticias. Después de lo del Bernabéu ha sido la leche", sentencia Martín. La gente abre la ventana y dice: “Eso es el Botánico” cuando no se oye nada, y de pronto pasa una moto que revienta la medición. Pero no lo puedes evitar porque esa psicosis existe", concluye.
A pesar de todo, dejan claro que uno de los principales esfuerzos de estos diez años es crear una buena relación con los vecinos y la universidad, pues es parte de la identidad del evento. "Siempre hemos hecho lo posible para que fuera un festival sostenible que pudiera estar situado en este contexto el mayor tiempo posible. Por lo tanto, gozamos de todas las cosas que nos ofrece la universidad, que es un sitio extraordinario, afortunadamente en el centro, pero alejado un poquito de las viviendas; donde tenemos corriente eléctrica para no tener generadores, donde tenemos un acceso a las vías sanitarias para que tengamos un flujo maravilloso en el tema de los servicios y hemos conseguido tener una estructura de escenario, de gradas, de espacio que funciona. Es decir, todo a favor para que el festival en diez años parezca otro mundo dentro de todo".
NOCHES DEL BOTÁNICO MANTIENE UN BUEN DATO EN LA VENTA DE ENTRADAS
En cualquier caso, el evento ha mantenido un buen dato de venta de entradas, a pesar de todo lo que lo rodea en un año como este. El público ha seguido confiando en la propuesta y la oferta de artistas, así como en la estructura de precios, lo que lo sigue haciendo una opción atractiva para quienes huyen de los macrofestivales o no están especialmente interesados en ver a uno de estos artistas en un pabellón o en un estadio.
"Vamos a ver, yo creo que nosotros somos y, perdóname, con toda la humildad, un festival diferente. Yo creo que somos un festival único. Yo creo que lo que también nos pone aquí y lo que ahora mismo nos diferencia de otras propuestas o del resto de las propuestas es un poco la filosofía. Esta consiste en, por una parte, cuidar a los artistas, por supuesto, al máximo, pero también cuidar al público, cuidar la naturaleza donde estamos, que la gente viva una experiencia, que vea a su artista favorito después de haber estado paseando por aquí, por el paseo de los jardines. Yo creo que eso es un poco lo que hace la propuesta más imbatible", sentencian los directivos.




