Te contamos cómo una serpiente invasora en Ibiza está llevando a la extinción a la lagartija de las Pitiusas

La desaparición de este reptil endémico no solo sería una tragedia para el ecosistema ibicenco, donde actúa como polinizador y controlador de plagas. También borraría un emblema cultural de las islas, y la culpa la tiene una voraz serpiente foránea que llegó para quedarse.

Reconócelo, cuando piensas en Ibiza te vienen a la cabeza playas, atardeceres y alguna que otra noche loca. Lo que probablemente no imaginas es que bajo ese paraíso se está librando una batalla silenciosa y bastante dramática. Y no, no es una metáfora: una serpiente invasora está a punto de cargarse a uno de los símbolos vivos de la isla, la lagartija de las Pitiusas. Lo hemos sabido gracias a los datos de la Agencia SINC, y la cosa pinta fea.

Por qué perder a este bicho es un desastre (y no hablo por hablar)

Lo primero que tienes que saber es que esta lagartija no es un reptil cualquiera. Es endémica, lo que en cristiano significa que solo existe en las Pitiusas y en ningún otro rincón del planeta. ¿Y qué hace exactamente? Pues mucho más de lo que parece. Mientras tú pones la toalla en la playa, este pequeño animal está trabajando a destajo polinizando plantas, dispersando semillas y controlando plagas de insectos. Es, sin exagerar, la jardinera jefa del ecosistema ibicenco. Si desaparece, todo ese engranaje natural se va al garete. Piénsalo.

Hablamos de una pérdida directa para la agricultura local y para el paisaje que conoces. La polinización que hace la lagartija permite que muchas plantas den fruto, y su dieta insectívora mantiene a raya las plagas. Sin ella, la isla sería un lugar muy distinto, y no precisamente más bonito. De hecho, los científicos alertan de que su desaparición supondría un auténtico desastre ecológico. Así de claro.

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No es solo una cuestión de bichos: es un emblema cultural

Pero la cosa va más allá de la biología. Perder a este reptil sería también borrar un pedazo de la identidad de las islas. La lagartija de las Pitiusas es un emblema cultural, un símbolo que ha estado ahí siempre, como las playas de aguas turquesas o los hippies del mercadillo. Que un animal así se extinga es como si a Barcelona le quitaran el pantalán o a Madrid el oso y el madroño. De repente, algo esencial deja de estar y ya nada es igual. Y aquí no hay turismo que lo arregle.

La amenaza viene de fuera, como suele pasar en estos casos. Una serpiente foránea ha llegado a la isla —seguramente escondida en algún cargamento o como mascota que alguien soltó— y se ha puesto las botas. Su menú favorito, lo has adivinado, es nuestra protagonista. Y como la lagartija no ha evolucionado para defenderse de este depredador, la está devorando sin piedad. El resultado es una extinción a cámara rápida que los expertos intentan frenar a contrarreloj.

La invasión que ya puede ser imparable

Este no es el primer caso de una especie invasora que arrasa con la fauna local. Ya hemos visto lo que pasó con el mejillón cebra o el camalote en otros puntos de España. Lo grave aquí es la velocidad a la que ocurre y la fragilidad de un ecosistema insular. Una vez que la serpiente se ha asentado, erradicarla es una tarea titánica. Los controles y las campañas de captura ayudan, pero cuando un invasor encuentra un bufet libre, la inercia es bestial.

¿Se puede hacer algo? Los biólogos están en ello, pero nos toca ser realistas. La lucha contra las especies invasoras es una carrera de fondo donde casi siempre se llega tarde. Por eso, lo más valioso ahora es no perder de vista lo que está en juego. No hablamos solo de un lagarto, sino de un ecosistema entero y de la memoria viva de un lugar único. Te dejo con eso en la cabeza.

🧠 Para soltarlo en la cena

Un lagarto único poliniza las plantas de Ibiza y desaparece.