Tabarca, la isla habitada más pequeña de España, quiere independizarse: 50 residentes hartos del turismo

Sus 50 vecinos, hartos de que hasta 5.000 turistas diarios colapsen la isla cada verano, reclaman convertirse en Entidad Local Menor. Quieren tomar las riendas del transporte, la limpieza y la burocracia que los aísla.

Reconócelo, alguna vez has compartido en redes esas calas de agua turquesa que parecen el Caribe sin preguntarte si la gente que vive allí está hasta el moño. Pues en Tabarca lo están. Y mucho.

Esta isla alicantina, la habitada más pequeña de España, apenas suma 50 vecinos censados, pero cada verano tiene que soportar hasta 5.000 visitantes diarios paseando entre sus casitas encaladas. El turismo les da de comer, sí, pero también los está ahogando en un embudo burocrático que nadie parece capaz de desatrancar.

Por eso los isleños han decidido plantar cara. La Asociación de vecinos Tabarca Isla Plana lleva más de una década reclamando soluciones y ahora apuestan por un plan concreto: convertirse en una Entidad Local Menor, una especie de independencia administrativa que les permita gestionar por fin sus propios servicios sin tener que esperar a que el Ayuntamiento de Alicante, la Generalitat o el Estado se pongan de acuerdo.

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¿Independencia? No es lo que piensas, aunque molaría

Que no cunda el pánico: Tabarca no quiere izar una bandera pirata ni pedir su ingreso en la ONU. Lo que reclaman es mucho más terrenal y sensato: tener un alcalde pedáneo y una junta vecinal propios para gestionar de forma directa el transporte marítimo, la limpieza, la sanidad o el mantenimiento del patrimonio. Cosas que ahora dependen de un laberinto de administraciones que convierte cualquier arreglo en un suplicio de meses o años.

La isla es un decorado precioso, pero detrás de las fachadas blancas hay una dependencia absoluta del barco. Si hay temporal o mala mar, los vecinos se quedan literalmente aislados: no pueden ir al médico a Alicante ni comprar suministros básicos. Y eso en pleno siglo XXI cansa a cualquiera.

El turismo, ese amienemigo que todos los pueblos con encanto conocen bien

Tabarca vive del viajero que llega en ferri, se da un chapuzón, se come un arroz y se va. El problema es que la isla no está acondicionada para recibir a miles de personas cada día. No hay baños públicos, no hay transporte interno (aunque se aprobó en 2018, ahí sigue durmiendo el expediente), ni descuentos por insularidad, ni una gestión de residuos que aguante semejante avalancha.

Los vecinos no quieren echar al turismo —sería cavar su propia fosa—, pero sí poder decidir cómo se reparten los recursos, cómo se protege su patrimonio y cómo se evita que sus calles se conviertan en un parque temático donde ellos son los figurantes incómodos.

La burocracia que asfixia a 50 vecinos y cómo piensan romperla

Ahora mismo, cualquier mejora en Tabarca necesita el visto bueno del Ayuntamiento de Alicante, la Generalitat Valenciana y, en según qué casos, del Gobierno central. Tres ventanillas, tres ritmos y un papeleo que convierte una baldosa rota en un problema de Estado. Con la figura de Entidad Local Menor, los tabarquinos podrían acceder a fondos europeos sin pasar por el aro municipal y, sobre todo, decidir con agilidad qué necesita su isla de manera urgente.

Además, la isla está declarada conjunto histórico y sus fortificaciones de la época de Carlos III requieren un mantenimiento constante —el salitre devora la piedra— que ahora mismo no llega o llega tarde. Con autonomía administrativa, podrían embellecer sus rincones y ofrecer al visitante algo más que sol y cala: una experiencia cultural de verdad.

🧠 Para soltarlo en la cena

Tabarca, isla de 50 habitantes, quiere autonomía para gestionar turismo.

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