Los eventos de la Casa Real española funcionan como una maquinaria perfecta donde rara vez hay espacio para salirse del guion. Todo está medido. Desde quién saluda primero al rey Felipe VI y Letizia, hasta dónde se sienta cada comensal. Por eso resulta tan llamativo cuando uno de los protagonistas decide romper el hielo de una forma tan inesperada.
El pasado 22 de abril se celebraba el clásico almuerzo que homenajea al Premio Cervantes, que este 2025 ha recaído en el mexicano Gonzalo Celorio. Entre los invitados figuraban nombres pesados de la cultura, políticos y figuras mediáticas.
Allí estaba Juan del Val, invitado por derecho propio tras ganar el Premio Planeta 2025. El escritor acudió al evento institucional y lo que pintaba como una comida formal más terminó regalándole la anécdota del año. Pocos días después, el colaborador se sentó en su silla habitual del programa 'El Hormiguero' y decidió tirar de la manta.
Ante la curiosidad de Pablo Motos y del resto de sus compañeros, desveló una charla privada con el monarca que nadie vio venir. No hablaron de literatura, ni de la situación del país. El tema de conversación fue mucho más mundano y personal.
Felipe VI y su curiosidad por la tensión de los platós de televisión
La recepción marchaba según lo previsto cuando el jefe del Estado decidió acortar distancias físicas y saltarse el protocolo no escrito de las charlas de ascensor. Fue el propio rey quien buscó el contacto visual y se acercó al escritor. Del Val esperaba la típica felicitación de cortesía por su reciente éxito editorial con el Planeta. Lejos de eso, el marido de doña Letizia planteó un asunto que dejó al tertuliano completamente descolocado en medio del salón de palacio.
El colaborador de Antena 3 relató la escena con todo lujo de detalles. Todavía arrastraba la sorpresa mientras se lo contaba a los espectadores de su programa. “Se acercó y me llamó la atención porque me preguntó por la presión de salir en televisión”, relató en directo. La frase provocó murmullos en la mesa de 'El Hormiguero'. Que una de las figuras institucionales más blindadas del país tenga curiosidad por el estrés que maneja un trabajador del medio audiovisual resulta, como mínimo, un giro de guion fascinante.
Esta confidencia demuestra que tras los muros de Zarzuela se sigue muy de cerca el pulso de los medios. Los reyes consumen televisión y son perfectamente conscientes del escrutinio al que se someten los rostros conocidos. El hecho de que el monarca quisiera conocer de primera mano cómo gestiona esa ansiedad un rostro tan habitual de la pequeña pantalla humaniza su figura. Lo baja del estrado para convertirlo en un espectador más que se hace preguntas sobre el otro lado de las cámaras.
La inmensa ironía de vivir con todas las miradas encima
A Juan del Val no le pasó inadvertido el tremendo contraste de la situación. Él es un autor de éxito, creador de la novela Bocabesada y esposo de la presentadora Nuria Roca. Lleva años lidiando con la popularidad y las críticas en redes sociales. Pero, al fin y al cabo, su exposición es elegida y acotada. Tener delante al rey de España pidiéndole impresiones sobre la fama le pareció una paradoja brutal.
La familia real española copa portadas en todo el mundo a diario. Cada paso de la princesa Leonor, cada estilismo de la reina Letizia y cada discurso del propio rey son diseccionados por miles de periodistas. Su vida entera es un escaparate permanente. Por eso, el escritor quiso subrayar lo irónico del momento ante las cámaras de televisión. “Qué raro que me lo diga él, de cómo se llevaba tener tantas miradas pendientes”, reflexionó en voz alta.
El colaborador reconoció que esta pregunta le hizo pensar mucho sobre el peso real de la Corona. Mientras que los rostros televisivos pueden apagar el foco y marcharse a casa, la jefatura del Estado no tiene botón de apagado. El interés del monarca por la presión mediática ajena suena casi a una búsqueda de empatía. Un cruce de experiencias entre dos mundos que, aunque parezcan radicalmente distintos, comparten el peso asfixiante de la opinión pública.
Una charla de cine que esconde un mensaje político contundente
La conversación entre ambos no se quedó atascada en el terreno de la fama. El monarca quiso aprovechar el encuentro para compartir inquietudes culturales, dejando claro que está muy al tanto de las novedades que ofrecen las plataformas de streaming. Lejos de recomendar un clásico literario o una obra de teatro tradicional, el padre de la infanta Sofía sorprendió al escritor con una sugerencia audiovisual de máxima actualidad y crudeza.
Durante la charla, abordaron el catálogo de Amazon Prime. “Me acabó recomendando ese documental”, desveló el autor en televisión. Se refería a la cinta Mrs. Nobody contra Putin, una obra que ha marcado un hito este 2026 al alzarse con el premio Óscar a Mejor Documental. Dirigido por David Borenstein y Pavel Talankin, el largometraje no es precisamente una opción de entretenimiento ligero para pasar la tarde del domingo.
La elección del monarca dice mucho de sus preocupaciones actuales. La cinta es un bofetón de realidad que “expone el programa de adoctrinamiento estudiantil durante la guerra, narrado a través de los ojos y la perspectiva de un maestro de primaria”. Que el rey recomiende abiertamente un trabajo tan crítico y político a un invitado refleja una profunda conexión con los conflictos geopolíticos actuales. Demuestra que su consumo cultural está orientado a comprender las dinámicas sociales más duras de nuestro tiempo.
El escaparate de palacio a través de las redes sociales
Más allá del intercambio de palabras con el rey, la visita del autor sirvió para abrir una ventana poco habitual a los preparativos de la Casa Real. Acostumbrado a narrar su día a día, el escritor ejerció de cronista improvisado a través de su cuenta de Instagram. Sus seguidores pudieron colarse virtualmente en el comedor de gala y observar de cerca esos detalles que las cámaras de las agencias de noticias suelen pasar por alto por centrarse en las autoridades.
El nivel de detalle del servicio palaciego quedó al descubierto. Cada uno de los asistentes tenía asignado su lugar en la enorme mesa mediante un marcasitios exclusivo. El nombre del invitado aparecía impreso respetando la tipografía oficial que caracteriza a la institución, acompañado de un elegante logo en relieve dorado. Todo respiraba una precisión milimétrica, pensada para agasajar a la élite literaria del momento.
La disposición de los elementos en la mesa tampoco era casual. Junto a la deslumbrante cubertería de gala, los organizadores habían dispuesto cuatro copas de distinto tamaño por cada comensal para acompañar el maridaje. Para abrir el apetito antes del plato principal, el servicio incluía un pan de elaboración especial y una cuidada ración de mantequilla aderezada. Un despliegue que mezclaba la sobriedad histórica del edificio con la alta gastronomía contemporánea.
El recetario tradicional que triunfó en el menú oficial
Para rematar una cita de semejante envergadura, la elección del menú debía estar a la altura de las circunstancias. La responsabilidad recayó en los fogones de Taberna Verdejo. La reputada chef Marian Reguera fue la encargada de trasladar su visión de la cocina directamente a las cocinas del Palacio Real. Su propuesta huyó de las excentricidades vanguardistas para apostar fuerte por la memoria gustativa y los sabores reconocibles de toda la vida.
La filosofía del restaurante madrileño encajó a la perfección con la solemnidad del encuentro literario. En lugar de ofrecer platos indescifrables, apostaron por la contundencia del producto nacional y la técnica de siempre. “Cocinamos sin perder la esencia de nuestras madres y abuelas”, es el lema que defiende a capa y espada el establecimiento de Reguera.



