Cuando hablamos de ordenadores, ya sean de sobremesa o portátiles, uno de los aspectos a tener en cuenta es su sistema operativo, donde Windows sigue siendo el rey entre aquellos equipos que no pertenecen al ecosistema de Apple, que en su caso cuentan con una plataforma propia, como es macOS.
Microsoft decidió terminar con el soporte de Windows 10, una de las versiones más extendidas, obligando de esta manera a que millones de usuarios tuviesen que dar el salto a Windows 11. Sin embargo, solo lo ha hecho un 37% de los usuarios en España, y esto supone un serio problema de seguridad.
LOS USUARIOS EN ESPAÑA SON REACIOS A MIGRAR A WINDOWS 11

El adiós a Windows 10 ha dejado millones de dispositivos expuestos, y es que, aunque somos conscientes de la importancia que tiene la seguridad informática hoy en día, los usuarios en muchos casos no están haciendo caso a las recomendaciones de Microsoft.
Cada vez nos encontramos con más ciberdelincuentes que tratan de aprovecharse de las vulnerabilidades del sistema operativo para poder llevar a cabo sus ataques maliciosos, provocando que nuestros datos personales y bancarios, y otra información sensible, estén en peligro.
Según el último informe publicado por los expertos en ciberseguridad Kaspersky, tan solo un 37% de los usuarios de Windows en España han dado el salto a Windows 11, un dato realmente preocupante por el riesgo que supone utilizar versiones antiguas del sistema operativo.
Estos datos dejan claro que España se ha quedado aferrada a la décima versión de Windows a pesar de que en octubre de 2025 Microsoft dejó de ofrecer soporte. Aunque aún se puede pedir una extensión hasta 2026, estos datos no son positivos.
De hecho, quienes no hayan solicitado la extensión dejarán de recibir los parches de seguridad que corrigen vulnerabilidades, haciendo posible que cualquier brecha de seguridad pueda ser aprovechada por los ciberdelincuentes.
WINDOWS 11 NO ACABA DE CONVENCER A LOS ESPAÑOLES

Los datos de Kaspersky dejan claro que los usuarios en España no están del todo convencidos de dar el salto a Windows 11, aunque en muchos casos lo hacen porque sus equipos no son compatibles con el nuevo sistema operativo, lo que implica que no se quiera hacer una inversión económica en un nuevo ordenador.
El 53,3% de los usuarios españoles, tanto empresas como particulares, siguen usando Windows 10, mientras que un 4,6% continúa con Windows 7, que dejó de tener soporte en 2020. Aunque pueda parecer que no es importante, la realidad es que es un gran peligro de seguridad.
De esta manera, se refleja que solo un 37,2% ha migrado a Windows 11, lo que no deja de dejar clara la resistencia que los usuarios en nuestro país tienen a abandonar las versiones antiguas, incluso cuando su ciclo de vida se ha agotado o está próximo a hacerlo. El resto del porcentaje se reparte entre ediciones obsoletas como Windows 8, Vista o XP.
EL USO DE WINDOWS A NIVEL EMPRESARIAL

Microsoft, que también ha puesto fecha límite a Office 2016/2019, no solo se encuentra preocupada porque los usuarios particulares no se deciden a hacer el paso definitivo a Windows 11 a pesar de sus recomendaciones, sino que también lo está por las empresas.
El informe de Kaspersky muestra que la situación a nivel empresarial es igual de preocupante, con un 53% de dispositivos corporativos que aún funcionan con la décima versión del sistema operativo de Microsoft. Además, en las Pequeñas y Medianas Empresas (PYMES), W7 sigue presente en casi un 4% de los equipos.
En los entornos empresariales, donde la continuidad del negocio es fundamental, resulta especialmente preocupante que parte de su infraestructura dependa de un software desactualizado. De hecho, se convierte en un peligro real para todos los negocios.
No solo tiene que ver con las posibles vulnerabilidades no corregidas, sino con las propias incompatibilidades que puede haber con herramientas de protección actuales, que pueden hacer que una empresa se quede sin protección frente a un ataque.
De esta manera, tanto los particulares como las empresas deberían dar el paso para actualizar sus respectivos equipos a Windows 11 si no lo han hecho. El principal problema es que en muchos de los casos esa actualización supone tener que invertir en un equipo nuevo.
PRINCIPALES OBSTÁCULOS PARA ACTUALIZAR A WINDOWS 11

Actualizar el sistema operativo a la undécima versión puede parecer un proceso sencillo, pero muchas personas particulares y empresas se encuentran con diversos obstáculos que dificultan esta transición. Estos impedimentos pueden ser técnicos o económicos, o estar directamente relacionados con la compatibilidad de software y hardware.
Uno de los principales obstáculos es la compatibilidad del hardware, especialmente por la necesidad de cumplir con el requisito del TPM 2.0 (Trusted Platform Module). Este es un chip de seguridad que exige W11 para funcionar, y muchos ordenadores fabricados antes de 2017 no lo incorporan. En otros casos, aunque sí está disponible, está desactivado en la BIOS.
A ello se suma la exigencia de Microsoft de contar con procesadores relativamente actuales, de manera que algunos modelos de AMD o Intel, aunque son potentes, se quedan fuera de la actualización por no encontrarse en la lista oficial de compatibilidad.
Otro problema tiene que ver con la obsolescencia de software y periféricos. Algunas aplicaciones empresariales, programas antiguos o controladores de dispositivos (impresoras profesionales, escáneres…) no están optimizados para Windows 11. Esto provoca errores, incompatibilidades o pérdida de funcionalidad, lo que dificulta la actualización.
Por si esto fuera poco, también existen obstáculos relacionados con el rendimiento y la capacidad del equipo, y es que, aunque W11 no es mucho más exigente que W10, algunos ordenadores con discos duros mecánicos o poca memoria RAM pueden experimentar un funcionamiento lento tras la actualización. Por ello, muchos usuarios deciden mantenerse en Windows 10 y disfrutar de un buen rendimiento.
A todo lo anterior hay que sumar el factor psicológico y económico. Algunos usuarios temen que la actualización pueda generar pérdida de datos u otros errores, mientras que otros simplemente no quieren invertir en un nuevo equipo. Además, en el caso de las empresas, la migración implica costes mucho más elevados.







