Aunque muchas veces pase desapercibida en las góndolas del supermercado o en el fondo del cajón de las verduras, la acelga es uno de los alimentos más antiguos y completos que podemos incorporar a nuestra dieta diaria. Con más de seis mil años de historia a sus espaldas, ha sido protagonista en la alimentación de civilizaciones como la griega, la romana y la árabe. Hoy, la ciencia moderna confirma lo que la tradición ya sabía: es un aliado para combatir el cansancio y cuidar el sistema cardiovascular.
Gracias a su alto contenido en minerales esenciales como el magnesio y el potasio, y a su riqueza en fibra y vitaminas, la acelga sigue ocupando un lugar privilegiado en la cocina saludable. Según la Fundación Española de la Nutrición (FEN), no solo es un alimento nutritivo, sino también funcional, con beneficios concretos para la salud general del organismo.
5Acelga: baja en calorías, alta en beneficios
Si hay algo que caracteriza a la acelga es su capacidad de nutrir sin aportar demasiadas calorías. Cada 100 gramos de este vegetal aporta apenas 20 kcal, lo que la convierte en una de las opciones más recomendadas en planes alimentarios para perder peso o mantenerlo bajo control.
Su riqueza en agua (más del 90 % de su composición), junto a la fibra que contiene, la transforman en un alimento ideal para saciar el apetito sin comprometer el balance calórico del día. Por eso, muchas dietas depurativas o planes de alimentación equilibrada incluyen la acelga como base de sopas, ensaladas tibias o acompañamientos.
Además, al ser versátil y de sabor suave, la acelga puede adaptarse fácilmente a distintas preparaciones sin perder sus propiedades. Se puede hervir, blanquear, saltear o usar cruda en licuados verdes, siempre respetando los tiempos de cocción para evitar perder parte de sus vitaminas sensibles al calor, como la vitamina C.
