Bustinduy anuncia la puesta en marcha de una Estrategia Nacional contra la Soledad: «Es una cuestión de bienestar»

El Ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy, ha anunciado la puesta en marcha de una Estrategia Nacional contra la Soledad, porque se trata de «una cuestión de bienestar y salud» que se debe abordar «desde una perspectiva comunitaria y de responsabilidad institucional y políticas públicas».

Así lo ha expuesto en la presentación del informe SOLiEDAD, un estudio para la prevención de la soledad y el aislamiento de la población de mayor edad que ha sido elaborado por el Centro Internacional sobre el Envejecimiento (CENIE) y la Universidad de Salamanca.

El titular de Derechos Sociales ha enmarcado esta estrategia en lo que ha llamado «la revolución de los cuidados» y que supondrá, según sus palabras, hacerse cargo de la soledad promoviendo cuidados de mayor cercanía. «Tenemos que dejar atrás los tiempos del asistencialismo, los derechos sociales no son un instrumento paliativo sino un pilar sobre el que construir una sociedad más digna», ha declarado Pablo Bustinduy, mostrando un «compromiso férreo» con la atención a las necesidades de las personas mayores en situación de soledad.

Por otro lado, el ministro Bustinduy ha afirmado que este cambio del modelo de cuidados debe garantizarse con una cooperación activa con las comunidades autónomas en la atención a la dependencia. Esto requiere, ha dicho, que el Estado central siga aumentando la financiación de la dependencia, como ya hizo entre 2020 y 2023 con un incremento del 130%.

En este sentido, el ministro ha reafirmado su objetivo de conseguir que la financiación en dependencia aumente hasta que la aportación del Estado alcance el 50% del total en cada región.

Además de esto, Bustinduy ha hecho referencia a otra importante medida que se llevará a cabo desde su Ministerio como lo es la Estrategia Estatal de Desinstitucionalización, una «acción fundamental», ha señalado, para acompañar en la transición a las comunidades autónomas. Para concluir, el ministro ha querido destacar el decálogo de acciones que ofrece el informe presentado en el día de hoy, una serie de recomendaciones que hablan de reciprocidad, de proceso comunitario e infraestructura social, así como de prevención, de tiempo y de sensibilización.

«Si nos centramos en las personas mayores, los estudios sugieren que su sensación de soledad no tiene tanto que ver con el hecho de estar solos, sino por el alejamiento emocional que experimentan», ha subrayado el ministro, poniendo de relieve las demandas de las personas mayores: «Quieren respeto, proximidad, apoyo y espacios de intimidad».

MUJER, MAYOR Y VIUDA, EN MAYOR RIESGO DE SOLEDAD

Por su parte, la directora del estudio, Elisa Sala Mozos, investigadora de CENIE, ha expuesto las principales conclusiones del informe destacando que con estos resultados ahora hay que «seguir trabajando a partir de los activos y los aprendizajes generados». El objetivo de esta investigación empírica, como se indica en el informe ha sido «abordar la soledad de forma específica y directa con un enfoque de políticas públicas, atendiendo a la complejidad del fenómeno en el territorio, y abordando la vivencia de las personas de forma concreta, en el entorno social y comunitario en el que desarrollan sus vidas».

En concreto, mediante la metodología implementada, conocida como Investigación Acción Participativa (IAP), se buscó involucrar a la población en todas las fases del proyecto. Así, el primer paso fue establecer las bases sólidas para el desarrollo de un proceso comunitario, donde el ejercicio del liderazgo debe provenir de un agente conocido y reconocido por el propio territorio, con el fin de establecer una relación de confianza con las personas y agentes sociales implicados. Dicho liderazgo fue encabezado por la Escuela Universitaria de Enfermería del Campus Viriato de Zamora (EUEMIFER).

La implementación de la intervención comunitaria se llevó a cabo mediante el desarrollo de 7 fases y dos bloques complementarios. Según detalla el propio informe «el volumen de personas interesadas en el proyecto ha superado las previsiones» ya que, en un inicio, se esperaba llegar «a un número de 24 personas, pero se inscribieron un total de 60 personas y como consecuencia de la demanda, hubo que plantear un primer ciclo de intervención con 40 personas, y un segundo ciclo de intervención con 20 personas, que se llevaría cabo una vez finalizado el primer ciclo».

De esta manera, la intervención se llevó a cabo a un mayor número de personas, de las cuales, la mayoría fueron mujeres (67,86%). Como inciden los investigadores, esto coincide con que hoy en día, el hecho de ser mujer y mayor aumenta el riesgo de sentir soledad. Por su parte, la edad de las personas participantes se ubicó entre los 60 y los 93 años, siendo la media 76,85 años.

En cuanto al estado civil, la mayoría de las personas son viudas (57%), un 25% están en pareja, un 11% divorciadas y un 7% solteras. Estos datos, coinciden «con los datos de otras investigaciones, ya que indican, que la prevalencia del sentimiento aumenta con la viudedad y entre las personas solteras y aquellas divorciadas o separadas, la prevalencia tiende a ser más alta entre las divorciadas o separadas».

A su vez, la gran mayoría de las personas que participaron del proyecto viven solas (64%). Además, el 40% de los participantes solo tiene educación primaria y un 21% estudios universitarios. Según «la literatura empírica, los niveles socioeducativos más bajos, se correlacionan más frecuentemente con la soledad, no obstante, en este caso, un tercio de la población atendida dispone de estudios universitarios».

Durante el evento también se ha presentado el documento ‘Abordar la soledad desde la comunidad. Un decálogo para la acción’, donde se recogen los aprendizajes de la intervención que se desarrolló en la ciudad de Zamora y que pone el foco en la comunidad, la reciprocidad, el proceso en sí mismo, el proceso comunitario, la infraestructura social, el quién estratégico, la prevención, una mirada abierta a la soledad, sensibilizar sin estigmatizar y garantizar intervenciones duraderas y que posibiliten la diversidad de las interacciones.