El Grand Prix y Ramón García también despiertan el odio de las redes sociales

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En un pasado nostálgico, el programa ‘Grand Prix’ floreció como un exitoso vínculo entre generaciones, elogiado por su capacidad para unir a abuelos y niños en un sinfín de momentos emocionantes. Sin embargo, en su reencarnación actual como la gran revolución televisiva del 2023, el programa se encuentra en una encrucijada inesperada.

A medida que se sumerge en la era digital, enfrenta la implacable mirada del «juicio paralelo» orquestado por las omnipresentes redes sociales, un elemento ajeno a su primera encarnación. Este resurgimiento no solo busca capturar la esencia del pasado, sino también adaptarse a un nuevo ecosistema mediático, donde el odio en línea puede amenazar incluso la nostalgia más arraigada.

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El Grand Prix conoció a los haters

El Grand Prix y Ramón García también despiertan el odio de las redes sociales
El Grand Prix Y Ramón García También Despiertan El Odio De Las Redes Sociales

Entre 1995 y 2005, el Grand Prix forjaba vínculos estrechos con su audiencia, una época en la que las redes sociales apenas asomaban o, al menos, no adoptaban la forma que los conocemos hoy en día. Durante ese período televisivo, el programa desafiaba los límites de los audímetros, logrando medias que oscilaban entre el 20% y, en ocasiones, incluso superaban el 30%. Resulta un tanto desalentador constatar que TVE perdió la confianza en el programa después de su undécima edición en 2005, cuando las cifras descendieron a un promedio del 19.2%.

Ahora, en contraste, las redes sociales son una realidad palpable. Los programas siguen siendo evaluados por los audímetros, pero también se someten al escrutinio instantáneo de plataformas como Twitter, Instagram, Tik Tok o Facebook, entre otras. En esta nueva etapa, el Grand Prix se ha enfrentado a la presencia de los «haters». El formato se ha topado con una realidad que los protagonistas contemporáneos conocen bien y a la que están acostumbrados, pero que en su etapa inicial ni siquiera existía.