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Expertos piden en ‘The Lancet’ mejorar la actividad física a nivel mundial

Tres artículos publicados en la revista ‘The Lancet’ con motivo de los Juegos Olímpicos de Tokio (Japón) reclaman que se actúe «de forma inmediata y urgente» para dar prioridad a la investigación y a las medidas de salud pública para mejorar la actividad física en todo el mundo, así como garantizar que la actividad física se incorpore a la vida cotidiana.

«No se ha avanzado lo suficiente en la lucha contra la inactividad física en todo el mundo, y los adolescentes y las personas con discapacidad se encuentran entre los grupos de población con menos probabilidades de contar con el apoyo necesario para cumplir las directrices de actividad física de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los esfuerzos mundiales para mejorar la actividad física se han estancado, y el número total de muertes causadas por la actividad física sigue siendo de más de 5 millones de personas al año», señalan los autores del trabajo.

La inactividad física está vinculada a un mayor riesgo de enfermedades no transmisibles (ENT), como las cardiopatías, la diabetes y algunos tipos de cáncer, y supone un coste de al menos 54.000 millones de dólares al año en gastos sanitarios directos, de los cuales 31.000 millones los paga el sector público.

A pesar del creciente número de jóvenes a los que se les diagnostican enfermedades no transmisibles (ENT), incluidos los trastornos cardio-metabólicos y de salud mental, los autores señalan que la investigación sobre la actividad física de los adolescentes es limitada.

Un análisis global muestra que el 80 por ciento de los adolescentes escolarizados no cumple con las directrices recomendadas por la OMS de 60 minutos de actividad física al día, y que apenas se ha avanzado desde 2012. Además, el 40 por ciento de los adolescentes nunca va andando a la escuela y el 25 por ciento permanece sentado durante más de 3 horas al día, además de sentarse en la escuela y para hacer los deberes.

Los investigadores también examinaron el tiempo delante de pantallas en adolescentes de 38 países europeos y descubrieron que el 60 por ciento de los chicos y el 56 por ciento de las chicas pasaban dos horas o más al día viendo la televisión. Además, el 51 por ciento de los chicos y el 33 por ciento de las chicas pasaban dos horas o más al día jugando a los videojuegos. Sin embargo, se sabe poco sobre cómo afecta esto a su salud cardiovascular y mental.

«Necesitamos desesperadamente explorar las consecuencias a corto y largo plazo que tiene la inactividad física en los adolescentes, e identificar formas eficaces de promover el aumento de la actividad física, especialmente a la luz de la pandemia de COVID-19″. La escolarización virtual y el distanciamiento social han reducido drásticamente la actividad física y han aumentado el uso de las pantallas, y las consecuencias de estos cambios podrían durar toda la vida», explica la autora principal del trabajo, la doctor Esther van Sluijs, de la Universidad de Cambridge (Reino Unido).

La actividad física puede aportar una serie de beneficios para la salud física y mental de los 1.500 millones de personas de todo el mundo que viven con una discapacidad física, mental, sensorial o intelectual. Sin embargo, los investigadores descubrieron que las personas con discapacidad tienen entre un 16 y un 62 por ciento menos de probabilidades de cumplir las directrices de actividad física y corren un mayor riesgo de sufrir graves problemas de salud relacionados con la inactividad, como enfermedades cardiovasculares, diabetes y obesidad.

La proporción de adultos con discapacidades que viven en países de ingresos altos que cumplen las directrices de actividad física oscila entre el 21 por ciento y el 60 por ciento, en contraste con las estimaciones que van del 54 por ciento al 91 por ciento para los adultos sin discapacidades. La magnitud de las disparidades en la actividad física de las personas con discapacidad varía según el tipo de discapacidad y es mayor en el caso de las personas con múltiples deficiencias.

Además, los investigadores evidenciaron que cualquier cantidad de actividad física, aunque sea inferior a los 150 minutos semanales recomendados por la OMS, es beneficiosa para las personas con discapacidad. Entre los beneficios se encuentran la mejora de la salud cardiovascular, la fuerza muscular, las habilidades funcionales y la salud mental.

Los autores del estudio hacen un llamamiento para que los planes de acción de actividad física en todo el mundo «cuenten con los recursos adecuados, se supervisen y se pongan en práctica para promover realmente los derechos fundamentales de las personas con discapacidad a participar plenamente en la actividad física».

«El interés por el deporte para discapacitados sigue creciendo y podría ser un motor clave para promover una mayor capacitación, participación e inclusión de las personas con discapacidad. Pero también necesitamos más investigación centrada en las personas con discapacidad, así como políticas y directrices cohesivas y específicas para garantizar que se respeten sus derechos y permitir su participación plena y efectiva en la actividad física», afirma la doctora Kathleen Martin Ginis, de la Universidad de Columbia Británica (Canadá), y autora principal del artículo.

Los autores destacan que el 80 por ciento de las personas con discapacidad viven en países de ingresos bajos y medios. Sin embargo, en esta revisión, prácticamente todos los datos poblacionales disponibles sobre la actividad física en las personas que viven con una discapacidad proceden de países de renta alta de Norteamérica y el noroeste de Europa, lo que indica la necesidad urgente de investigar más sobre la actividad física de estas personas a escala mundial.

LA IMPORTANCIA DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS

Según los autores, los eventos deportivos masivos, incluidos los Juegos Olímpicos, ofrecen una oportunidad para promover la actividad física en las poblaciones mundiales, incluidos los adolescentes y las personas con discapacidad. Sin embargo, descubrieron que los Juegos Olímpicos tuvieron un impacto mínimo en la actividad física en las ciudades anfitrionas y son una oportunidad perdida para mejorar la salud a nivel de la población.

Los investigadores observaron que no se ha producido ningún cambio apreciable en la participación en los deportes ni inmediatamente antes ni después de los Juegos Olímpicos. Esto fue así incluso después de que los Juegos Olímpicos iniciaran el proyecto de impacto global en 2001, que sugería que las ciudades recopilaran datos de indicadores antes y después de los Juegos Olímpicos que incluyeran específicamente información de legado sobre la participación deportiva de base.

«Los Juegos Olímpicos y otros eventos deportivos masivos son una oportunidad perdida para cambiar la salud y la actividad física a nivel de la población, no sólo en la ciudad o país anfitrión, sino en todo el mundo. Los Juegos Olímpicos ofrecen un escenario mundial para que la gente se interese y se entusiasme con la actividad física. El reto es cómo traducir ese entusiasmo en programas sostenidos de salud pública que sean realizables y agradables para el público en general», afirma el autor principal del artículo, el profesor Adrian Bauman, de la Universidad de Sydney (Australia).

Los autores piden que se planifique antes y después del evento y que se establezcan asociaciones entre los gobiernos locales y nacionales y el Comité Olímpico Internacional (COI), así como un marco de evaluación exhaustivo de las ciudades y países anfitriones de la actividad física para construir un legado que conduzca a una mayor actividad física y mejore la salud pública.