Si en mayo tu hijo ha sudado en clase a 37 grados, no es una excepción: es el nuevo normal y la mayoría de colegios públicos no tiene plan contra el calor. Las escuelas del país fueron diseñadas para un clima que ya no existe, resume Ismael Palacín, director de Equitat.org, la entidad que ha puesto cifras a un problema que cada curso se agrava. En Morón de la Frontera o Córdoba el año pasado se superaron los 43 grados en junio; este viernes, en Madrid, los termómetros marcaban 30 a las 9.30 de la mañana en el CEIP Ermita del Santo, y en el IES La Morería de Mislata los alumnos hacían Educación Física a 40 en un patio sin sombra.
El calor escolar ya no es cosa de cuatro provincias del sur. La ola de mayo de 2026 ha forzado el cierre de dos colegios públicos en Asturias porque no podían garantizar condiciones mínimas y la consejería admite que climatizar todos los centros costaría el 20 % del presupuesto de obra. En Navarra el gobierno acaba de destinar un millón de euros a escuelas con alumnado vulnerable, pero reconoce que no hay un plan y que solo actuarán si se repite el episodio —algo que las predicciones climáticas dan por hecho—. Cantabria ha repartido una ficha de riesgos por temperaturas extremas entre los colegios, y en Euskadi se activaron recomendaciones después de que una niña de 4 años sufriera un golpe de calor en su centro.
Sindicatos docentes, AMPAS y familias están supliendo con parches lo que la administración no resuelve. Las familias del CEIP Ana Caicedo de Lorca han organizado una rifa de 10.000 papeletas a dos euros para reunir los 50.000 euros que cuesta instalar aire acondicionado. En el CEIP Borbolla de Sevilla fueron 20 ventiladores comprados por los padres. Y mientras, el Ayuntamiento de Madrid acaba de pedir a empresas privadas que colaboren con aportaciones a partir de 10.000 euros para 'renaturalizar' patios escolares.
La emergencia climática entra al aula cada mayo, pero la respuesta institucional sigue siendo un ventilador de 20 euros.
Por qué cada comunidad va a su ritmo (y quiénes acumulan más retraso)
Las competencias en educación y en infraestructuras escolares son autonómicas, pero la mayoría de gobiernos regionales no tiene ni un censo actualizado de cuántos centros están climatizados. El Ministerio de Educación sí ha lanzado dos programas de ayuda por más de mil millones, pero los ayuntamientos y autonomías deben pedirlos y ejecutarlos. El ritmo es dispar: Barcelona, con la tasa turística, climatiza 30 colegios al año; en la Comunitat Valenciana, el plan anunciado en enero aún está en fase de diagnóstico y no se espera que termine hasta finales de 2026. Los profesores valencianos llevan tres semanas de huelga indefinida pidiendo, entre otras cosas, aulas adaptadas al calor y al frío.
En Aragón, la CGT ha denunciado registros de hasta 37 grados en al menos 45 espacios educativos y ha acudido a la Inspección de Trabajo. La comunidad ha lanzado una consulta pública para un plan de mejora, pero solo después de recibir esas denuncias. En Madrid, Vox y PP frenaron en 2025 una Iniciativa Legislativa Popular respaldada por 72.000 firmas que pedía climatizar todos los centros públicos; ese mismo año, el gobierno de Ayuso anunció 13 millones para 300 actuaciones (hay 1.600 centros en la región).
Andalucía sí tiene un Plan de Bioclimatización, con 532 actuaciones ejecutadas y una segunda fase en marcha para otros 80 centros. El sistema elegido, sin embargo, es la refrigeración adiabática (que enfría mediante evaporación de agua) alimentada por placas solares, y las familias cuestionan que esté pensado para uso industrial, no para colegios. Mientras, el Defensor del Pueblo ha reabierto de oficio las actuaciones iniciadas en 2023 para comprobar si las comunidades han cumplido lo prometido.

Las tres patas que faltan: aislamiento, sombra y financiación estable
La investigadora del CSIC Carmen Alonso insiste: climatizar un colegio no es solo poner aire acondicionado. 'Lo primero son las medidas pasivas: toldos en ventanas, aislar cubiertas —algo fácil y barato en colegios de techo plano—, sombras y vegetación en los patios, y acabados de color claro para no acumular calor'. Una vez hecho esto, la demanda energética baja y los equipos de refrigeración pueden ser más pequeños y eficientes, preferiblemente alimentados con renovables. Pero sin financiación estructural y sin un calendario público, los parches se convierten en la única respuesta visible.
Las olas de calor ya no se limitan al verano: cada mayo y cada septiembre la vuelta al cole se convierte en un reto sanitario. Que un trabajador soportara 37 grados en su oficina sin climatización no se toleraría, pero para alumnos y profesores parece asumible. La diferencia es que en las oficinas hay normativa laboral que obliga a actuar, y en las aulas no.
La semana pasada, Asturias cerró dos colegios simplemente porque era más barato que climatizarlos. Ese es el dilema al que se enfrentan las comunidades: o invierten millones en adaptar un parque escolar diseñado para otro clima o siguen gestionando cierres de urgencia cuando el termómetro aprieta. Los datos de la AEMET indican que la frecuencia de olas de calor en junio se ha duplicado en la última década, así que el verano escolar no ha hecho más que empezar.
En resumen (para tu bolsillo y tu salud mental)
- 💸 ¿Qué ha cambiado? Las temperaturas en las aulas alcanzaron 37 °C en mayo y la mayoría de colegios públicos carecen de plan de climatización.
- 👥 ¿A quién afecta exactamente? A los 8 millones de alumnos y al personal docente de centros públicos, con situaciones extremas en Aragón, Madrid, Comunidad Valenciana, Andalucía y el norte peninsular.
- ✅ ¿Qué puedes hacer al respecto? Consulta si tu comunidad tiene un plan de climatización escolar; si no existe, apóyate en las AMPAS y los sindicatos para exigir medidas pasivas urgentes y un calendario público de adaptación.



