Agárrate, que lo de Francia es de traca. Vincent Bolloré, uno de esos multimillonarios que heredó un imperio del papel (sí, el de las OCB) y se ha montado un mastodonte mediático, está imponiendo a base de chequera una batalla cultural de libro. Más de 3.400 firmas de artistas, cineastas y escritores han dicho basta con una tribuna que ha reventado Cannes. Y la respuesta de Canal+, su gallina de los huevos de oro, ha sido amenazar con una lista negra. Vamos por partes.
El 'método Bolloré': comprar, purgar y alinear
El manual es sencillo y lo ha aplicado desde que se metió en Vivendi, la matriz de Canal+, hace más de una década: tomar el control de una empresa en crisis, colocar a directivos afines y pasar la apisonadora editorial. Así convirtió el canal de noticias i>Télé en Cnews, la Fox News a la francesa, donde la inseguridad y la inmigración son el menú diario. Después vinieron la radio Europe 1, el semanario Le Journal du Dimanche y luego, gracias a la compra de Lagardère, la joya de la corona: Hachette, la mayor editorial gala.
El historiador Alexis Lévrier lo resume sin paños calientes: el proyecto de Bolloré es conquistar el poder ideológico y cultural apoyándose en políticos que luego le deban favores. No quiere gobernar él, quiere que otros gobiernen con su altavoz. El politólogo Jean-Yves Camus añade otra capa: “Sus actividades en la prensa y la edición se deben a que está convencido de que para gobernar hay que derrocar la hegemonía cultural de la izquierda. La Nouvelle Droite ya lo intentó; él tiene medios prácticamente ilimitados”.
Oficialmente retirado desde 2022, Bolloré sigue moviendo los hilos a través de sus hijos y de fieles como Maxime Saada, presidente de Canal+. La jugada que le ha salido redonda es controlar la distribución: Relay, los quioscos de estaciones y aeropuertos, y ahora el 34% de UGC, la tercera cadena de cines francesa. Crea, edita, emite y vende: el círculo se cierra.
La revuelta cultural que ha incendiado Cannes
La mecha saltó en pleno festival. 600 profesionales del cine –luego la cifra se disparó a 3.400– firmaron en Libération un manifiesto contra el “control fascista sobre el imaginario colectivo”. No es una hipérbole: los firmantes denunciaban que dejar el cine en manos de un empresario de extrema derecha uniformiza contenidos y silencia voces. Al día siguiente, Saada anunció que los firmantes serían vetados en todas las producciones del grupo, el más importante del cine francés.
La misma secuencia se repitió en la edición con la destitución fulminante de Olivier Nora al frente de Grasset & Fasquelle, una editorial mítica. 250 autores, entre ellos Virginie Despentes o Bernard-Henri Lévy, hicieron las maletas. Despentes lo definió en la tele pública con una frase que ya es historia: “No es una guerra, es una forma de depredación. Si usamos la misma palabra que para la depredación sexual es porque comparten el mismo mecanismo: abusar del poder para despojar al otro de su humanidad”.
El problema no es solo la concentración de medios: es que toda esa maquinaria opera con un único mando ideológico.
La polémica ha supuesto una llamada de atención para para el mundo de la cultura en Francia. En mayo, un colectivo de autoras y autores convocó unos 'Estados generales' en el Théâtre de la Concorde de París para buscar soluciones y preservar la independencia creativa. Mientras, la lista de firmantes de la tribuna seguía engordando y con ella la sensación de que la bollorización ya no es solo un temor de redacciones.
2027: la batalla que se juega en las urnas y en la cultura
Ante este terremoto, Macron se ha limitado a desear “pluralismo” sin mover ficha. Había prometido una ley que diera a las redacciones derecho de veto sobre sus directores tras la huelga de 40 días del JDD, pero nunca se debatió. Tampoco vio la luz la gran reforma mediática que debía salir de los Estados Generales de la Información. Lévrier lo sentencia: “Macron no ha hecho nada y ya es tarde; las próximas presidenciales serán una prueba de fuego para la democracia”.
En la redacción lo tenemos claro: si en 2027 la extrema derecha gana, Bolloré habrá conseguido su santísima trinidad mediática, editorial y cinematográfica. Si no, legislar para frenar este imperio será la prioridad número uno de cualquiera que se siente en el Elíseo.
El chisme en 3 claves (TL;DR)
- 👀 ¿De qué va exactamente? Vincent Bolloré, dueño de Vivendi, controla Canal+, Cnews, Hachette y los cines UGC, imponiendo una línea ultraconservadora.
- 🔥 ¿Por qué importa? Más de 3.400 creadores denuncian un 'control fascista' y Canal+ responde con vetos y listas negras.
- 📲 ¿Por qué está en todos los móviles? Porque se ha caído la careta del 'pluralismo': el macronismo ha mirado hacia otro lado y las elecciones de 2027 ya asoman.



