Hubo un tiempo, breve y catastrófico, en que el cine español decidió que podía hacer Encuentros en la tercera fase con castillos y Miguel Bosé disfrazado de extraterrestre. Y no, no es el argumento de una comedia de Muchachada Nui, es 'El caballero del dragón', la superproducción de 1985 con la que Fernando Colomo se arruinó, Klaus Kinski aterrorizó a todo un set y Harvey Keitel ofreció su propio dinero para que la locura no descarrilase aún más. Quentin Tarantino se la sabe de memoria.
300 millones de pesetas y un alienígena mudo: el contexto
El director venía de retratar la Movida madrileña en 'La línea del cielo', pero en lugar de otra comedia con patillas y Ducados, Colomo se lanzó al vacío. Su idea era mezclar la leyenda de Sant Jordi con ciencia ficción romántica, naves espaciales que parecían dragones y un visitante silencioso que se enamora de una princesa. Para el papel de marciano se eligió a Miguel Bosé porque Imanol Arias, textualmente, "no tenía cara de alienígena".
El presupuesto oficial se fue por encima de los 300 millones de pesetas, una cifra completamente disparatada para el cine español de la época. Se construyeron decorados enormes, se encargaron maquetas y se experimentó con los primeros efectos digitales del país. El problema es que la industria española de mediados de los 80 simplemente no estaba preparada para levantar semejante ingenio sin que todo empezara a arder por las esquinas.
El día que en el set se abrió champán al marcharse Kinski
Explicar el ambiente de rodaje es casi más entretenido que la propia película. Klaus Kinski llegó, vio el panorama y se soltó: gritaba “¡vaya mierda de película!” durante las jornadas, insultaba al equipo, desaparecía cuando le venía en gana y exigía más dinero a cada descuido. Harvey Keitel, en uno de los puntos más bajos de su carrera, se ofreció a pagar de su bolsillo una de las rabietas contractuales del actor alemán para que el proyecto siguiera a flote. Colomo intentaba rodar todas las escenas de Kinski antes del mediodía para poder almorzar tranquilo. El día que terminó su parte, el equipo celebró la marcha con botellas de champán.
Las anécdotas de producción parecen sacadas de un documental de Herzog pero multiplicadas por la incompetencia logística. Un figurante casi se ahoga en un lago porque la armadura le impedía salir a flote y lo salvó un electricista; el castillo estaba tan mal comunicado que el equipo tenía que subir el material a diario en jornadas extenuantes. Miguel Bosé apenas podía respirar dentro del traje espacial y la escafandra se le empañaba cada cinco minutos. El proyecto fue una expedición suicida en toda regla, solo que con menos jungla y más pedrería falsa. Cosas que pasan en 1985.
Del batacazo en taquilla a que Tarantino te recuerde en un festival
'El caballero del dragón' fue la séptima producción española más taquillera del año, un dato que engaña porque ni de lejos recuperó lo invertido. La crítica la destrozó, la distribuidora estadounidense rompió acuerdos y Colomo perdió un juicio en Hollywood que le dejó sin los derechos internacionales. Terminó en números rojos con 50 millones de pesetas y solo conservó, según sus propias palabras, “un Renault 5”. Para pagar las deudas escribió de emergencia 'La vida alegre', que fue un éxito, pero el trauma de su caballero medieval ya estaba tatuado.
Sin embargo, el tiempo ha jugado de forma extraña. La mezcla imposible de géneros, el tono ingenuo y la ambición desproporcionada han transformado la película en un objeto de culto gamberro. Festivales como CutreCon la reivindicaron y hace relativamente poco, en 2025, se restauró en 4K para que las nuevas generaciones puedan alucinar con un marciano mudo en la Castilla profunda. El momento de gloria definitivo llegó cuando el propio Colomo recordó una charla con Quentin Tarantino en el festival de Sitges. El director estadounidense reconoció el título internacional —Star Knight— antes de que Colomo recordase cómo se llamaba en inglés. Tenemos a Tarantino, cinéfago donde los haya, reverenciando un disparate ibérico que casi arruina a medio equipo.
¿Es 'El caballero del dragón' una buena película? Probablemente no en los términos que maneja la industria. Pero es un artefacto cultural tan genuino, tan excesivo y tan involuntariamente divertido que su supervivencia como reliquia era inevitable. Dejémoslo en un "ya veremos" histórico que, 40 años después, ha encontrado su sitio. No en los Oscars, sino en las sesiones golfas de quienes adoran el cine cuando se la pega a lo grande.
El resumen para vagos (TL;DR)
- 🎯 ¿Qué ha pasado? España gastó 300 millones de pesetas en 1985 en una película de ciencia ficción medieval con marcianos, Miguel Bosé y Klaus Kinski.
- 🔥 ¿Por qué importa? El rodaje fue tan caótico como la propia trama y hoy es una obra de culto que Quentin Tarantino conoce perfectamente.
- 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? Es un recordatorio de que los desastres creativos también merecen un hueco en la memoria, sobre todo cuando hay dinero de por medio.



